El oculto mundo del gan bang

El oculto mundo del gan bang

No es fácil llegar. Con la dirección en la mano, damos vueltas por varias calles de difícil acceso hasta que descubrimos, por fin, una casa sin luces, silenciosa, igual a otras tantas del barrio Normandía de Bogotá, en un barrio familiar desolado a las 9 de la noche. El aspecto externo de la casa aleja a cualquiera, pero algo delata el lugar. Decenas de carros lujosos atiborran el parqueadero contiguo.

04 de junio 2006 , 12:00 a. m.

Son los asistentes al único evento del mes de gang bang, el nombre de la actividad que se realiza en secreto, como en las más estrictas sociedades ocultas, y que consiste en una sesión de sexo grupal con mayor número de hombres al estilo del cine porno. La invitación se hace por Internet, el lugar se cambia en cada ocasión, la fecha se anuncia con pocos días de antelación y la entrada está restringida a hombres con curiosidad en este tipo de eventos o mujeres con fantasías grupales de altísimo voltaje.

Somos dos hombres y una mujer. Rodrigo Sepúlveda, el fotógrafo, timbra. A la entrada, nos recibe una joven, recostada sobre una mesa de madera, con una hoja blanca entre sus manos. Anota las personas que han llegado y que en ese momento alcanzan las treinta. Solo escribe los primeros nombres de los clientes, para ubicar sus pertenencias. Ningún apellido. Hay algunas cifras sueltas al lado de los nombres y una palabra grande, reteñida durante horas, decorada con arabescos y florecitas de tinta: Sexo.

“En qué más puede pensar uno aquí sino en sexo”, dice.

Nos invita a desnudarnos. No hay posibilidad de tomar fotos. Dejamos las prendas en un guardarropa ubicado en una segunda planta. En toalla y pantuflas, accedemos al primer piso, donde suena música tropical. Al abrir la puerta, dos cosas nos golpean: el fuerte olor de las hierbas del sauna y lo que vemos.

En un lugar amplio con baños turcos, saunas y piscina, hay una treintena de hombres desnudos. También hay seis mujeres.

Dos con una. Tres con una. Varios haciendo fila esperando por otra mujer. A nuestro lado. A izquierda y derecha. Casi todos en silencio, mientras la música tropical continúa. Algunos hombres descansan y observan, aturdidos por el exceso, y otros más beben whisky en vasos de plástico. Un hombre acaricia una mujer ajena, la esposa de la única pareja que asiste esa noche.

Ella, mientras su marido observa, acaricia al hombre.

Los anfitriones de la velada invitan a dos mujeres a sentarse a nuestro lado. Son prostitutas. La primera mantiene un silencio cerrado y se va a los pocos minutos, cuando un cliente le pide compañía sin la menor sensualidad.

Se levanta sin decir una palabra y lo acompaña a la piscina, donde tienen un encuentro sin gemido alguno.

La segunda se queda, desnuda, sentada en una silla de plástico blanca, con las piernas encogidas y una naturalidad feliz. Se siente orgullosa de su cuerpo “y libre”. Es ella la que nos orienta.

“Yo hago un show lesbi para calentar la noche y luego animo a los tipos”, comienza. Tiene 25 años y viene del Eje Cafetero. Esa noche, confiesa, no ha contado el número de hombres con los que ha estado. “No cuento, trabajo”, pero vaticina que al menos con veinte de ellos. Añade que contratan cinco mujeres para satisfacer el morbo de los asistentes, y que repite en los eventos siempre y cuando los clientes la soliciten de nuevo.

Los organizadores se sientan con la mujer de nuestro grupo. Desnudos, intentan convencerla de participar. Uno de ellos le explica que entre los asistentes al gang bang compiten por el mayor número de relaciones con las mujeres. “La idea nos vino del porno. No queríamos solo verlo, sino realizarlo”. Nadie la obliga, pero la rodean con la avidez de un buitre.

Ella nos confiesa que siente asco. Y tiene motivos: en el piso abundan los preservativos usados.

Una mujer, al final de la jornada, llega al evento por cuenta propia. “Tengo novio, pero él no sabe de esto”, explica. Se confunde con las que ofrecen sus servicios en el lugar.

El evento dura cuatro horas. Las escenas se repiten. “No son sensuales, son mecánicas”, dice la mujer de nuestro grupo. Es más, son silenciosas, casi una competencia salvaje. Sin alma. Solitaria. Cuando salimos, la ciudad fría se nos revela acogedora.

LA MODALIDAD DEL GANG BANG, UNA HIJA DEL CINE PORNO El término gang bang, de origen estadounidense, se popularizó gracias al auge de las cintas pornográficas, que lo consolidaron como un género aparte, a partir de los años 80. Se trata de una modalidad en la que se dan grupos de hombres con una sola mujer. También se aplica en la situación opuesta, y se le conoce como gang bang a la reversa.

En el cine porno normal, los grupos no superan los seis participantes, pero en una cinta, ‘El gangbang más grande del mundo’, la actriz porno Annabel Chong participó con 300 hombres. Fue filmada en 1995. De ahí en adelante se han hecho eventos en los que una sola mujer realiza hasta 700 actos, pero estos tienen la característica de querer romper récords y de ser eventos masivos.

Dentro de las características de esta actividad se exige que la participación de todos sus integrantes sea consensuada y aprobada previamente. No puede haber forzamientos, y también es una modalidad extrema del llamado intercambio de parejas.

En el evento que se realiza en Colombia, la única forma de llegar a este es a través de Internet. El precio de admisión por hombre es de 170 mil pesos, que se pueden consignar previamente para obtener un descuento. Las mujeres no pagan nada. Se inicia con un espectáculo y se hacen rifas para animar a los hombres asistentes.

170.000 pesos es el precio que se cobra a la entrada del lugar por cuatro horas de permanencia. Incluye el acceso a todas las áreas del lugar, por lo general sauna y piscina, considerando que la locación siempre cambia.

UNA CONFESIÓN "La verdad, nunca cuento con cuántos hombres termino. Simplemente cumplo con lo que me piden. Lo hago, y ya, sin pensar en nada más”.

Una participante en el evento.

AQUÍ, TODO ES OCULTO El gang bang, que nació al parecer de las tropas estadounidenses en Vietnam, que andaban en pandillas (gang bang) para sorprender al enemigo, tiene reglas claras en Colombia: se prohíbe estrictamente el uso de cámaras o de videocámaras; solo se aceptan personas mayores de 21 años, las mujeres se pueden inscribir previamente para entrar gratis, es heterosexual y se reserva el derecho de ingreso. “A partir de 20 hombres podemos garantizar evento. Además, mínimo, siempre hay cinco mujeres”, aclara el organizador.

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