Con restaurante de 'corrientazos' hizo profesionales a 10 hijos

Con restaurante de 'corrientazos' hizo profesionales a 10 hijos

El día del reportaje se vistió como si fuera un domingo para ir a misa: joven y hermosa a sus 65 años de edad. Por su origen campesino, es inocultable su corazón sencillo; auténtica y piadosa, tiene una sonrisa y una serenidad casi de santa. Hizo seguir a los reporteros de EL TIEMPO, al segundo piso del restaurante donde vive. Hay una sala y las alcobas que cuidaron durante muchos años a sus hijos.

04 de junio 2006 , 12:00 a.m.

– “Hoy ya tengo un cuarto para mi sola”– dice.

Sobre un mueble, hay un retrato del Corazón de Jesús y una veladora encendida.

– Es para pedirle que proteja a mis hijos de todo mal y peligro.

Especialmente a él– dijo y señaló a su hijo, el vicefiscal general de la Nación, Jorge Armando Otálora, presente en la entrevista.

Doña Carmen Gómez de Otálora, es una adorable mujer de nuestro campo, que enviudó tempranamente y se fue haciendo mayor, trabajando en un granero, noche y día, para poder formar, alimentar y educar a sus 10 hijos. Hoy es propietaria de un modesto restaurante en el noroccidente de Bogotá.

–¿Modesto? Es el mejor del barrio– dijo como un reproche, con brillo de orgullo. Y mostró un recorte de periódico, que tiene enmarcado: –El periódico HOY publicó hace años éste artículo que cita al restaurante como uno de los diez mejores corrientazos de Bogotá. Tiene toda la razón Con las utilidades del restaurante educó a todos sus hijos.

–Los eduqué y los formé. Vigilante de sol a sol, y vendiendo cuchuco.

Es una manera de decirlo. Su restaurante es bello, colmado de intimidad afectiva: Por todos los rincones se ve el trabajo, la fe y el amor.

– Sí, gracias a Dios. Mi esposo murió muy joven. Tenía 37 años. Yo me casé cuando tenía 19 años. Casi, un hijo, por año. Hoy tengo 65 años. Mis hijos son 5 hombres y 5 mujeres. Y a todos logré educarlos con los desayunos, almuerzos y comidas del Restaurante.

¿Lo tiene desde cuando murió su esposo? No. Desde mucho antes. Con mi esposo lo fundamos primero en Chocontá, donde nacimos todos. Hace 17 años vivimos allá una época muy mala y decidimos trasladarnos aquí, al barrio Prado Veraniego donde vivían unos compadres. Y con mis hijos hicimos el restaurante. “Donde Carmen” se llama. Después de la muerte de mi marido, yo actué como mamá y papá.

¿Y cuántos años hace que trabaja en el restaurante? En restaurantes trabajo desde 1954... ¡Qué barbaridad! Ahora me doy cuenta: hace 52 años.

¿Sus padres tenían el mismo negocio? No, eran del campo; yo, desde pequeñita, deliraba con tener un restaurante.

¿Todos sus hijos trabajaban con usted en el restaurante? Sí. Unos atendían a la gente; otros lavaban ollas y platos; otros, se ocupaban de la limpieza. Después de un tiempo, cuando ya estaban grandecidos, y yo un poco enferma, uno de ellos asumía cada año la administración del restaurante y me pagaba un arriendo.

¿Cómo es eso? No podía sola con la administración, estaba muy cansada y no sabía llevar bien las cuentas. Entonces resolví que cada año mis hijos se turnaran en la administración. Al que le tocaba administrarlo, me pagaba un arriendo. Yo vivía de eso y las utilidades eran para el estudio de todos.

¿El actual vicefiscal tuvo alguna vez la administración del restaurante? Claro, pero a veces la daba a una de sus hermanas, para poder estudiar.

¿Y qué hacen ahora sus hijos? La mayor, Flor Marina, tiene una cigarrería. María Olga acaba de abrir un restaurante; Jairo trabajó en Palacio con Telecom, ahora me ayuda. Carmen Alicia tiene una lavandería; Elizabeth y Alirio tienen restaurante; enseguida está Jorge Armando, el vicefiscal; Rafael es ingeniero de sistemas, trabajó mucho tiempo con la BP; Martha Milena es odontóloga; hizo una especialización en administración hospitalaria; trabaja en medicina legal; David Alejandro es ingeniero eléctrico, trabaja en la embajada de Estados Unidos. Y ahí terminamos.

En resumen… Un ingeniero de sistemas, un abogado, una odontóloga y un ingeniero electrónico; los demás dueños de pequeñas empresitas; todos educados y formados vendiendo ‘corrientazos’: fríjol, arroz, papa, carne y ensalada.

Todos los días se cambia la sopa. Hoy es de plátano. Pero también tengo un menú con torta de queso y verduras.

¿Cómo surgió la idea de que a usted le pagaran arriendo? Porque yo necesitaba vivir de algo y descansar. Entregándoles el negocio bajo la condición de estudiar, se fueron formando.

Sí, ¿pero cómo se le ocurrió? Dios hace esas cosas.

¿Hasta qué año estudió? Hasta quinto primaria. Por eso quise que mis hijos tuvieran la educación que yo no alcancé.

Pero mucho aprendieron de usted: el sacrificio, la honradez...

Ah, eso sí. Y el trabajo.

¿Cómo logró, sola, la disciplina de sus hijos para el estudio? Le pedí a Dios ayudarlos para que fueran alguien en la vida.

¿Y aún sigue cansada? Ahorita ya no tanto; es que yo trabajé 20 años desde las 5 de la mañana hasta las 11 o 12 de la noche. No supe a qué horas se me pasaron los años.

Hoy estoy muy contenta; tengo muchas amistades y quiero mucho el negocio ¿Y qué es lo que hace? Yo dirijo y ordeno. Les digo que preparan para el desayuno, si no quieren caldito de papa; tal otra cosa para el almuerzo y esto para la comida.

Reviso la preparación. Yo me levanto a las 5 de la mañana, cuando llega la señora de la cocina. Le entrego todas las llaves del restaurante y luego me acuesto otro ratico. A las 6 y media ya estoy lista para servir los primeros desayunos.

¿Cómo hace para elegir el menú del día? Echando cabeza.

Si sus hijos le pidieran que ya no trabajara más, ¿aceptaría? No acepto; Jorge Armando ya me lo pidió. Inclusive me dijo que me fuera de aquí, de esta casita.

¿Y por qué no acepta? Porque quiero mucho mi restaurante y siento que debo seguir trabajando. Hay días en que me quedo quieta y amanezco más cansada.

¿Los hijos suyos que también tienen restaurantes le hacen competencia? No. Somos una familia muy unida, nos ayudamos todos.

¿Y por qué no unen sus negocios y construyen un gran restaurante? Lo van a hacer varios de mis hijos. Lo construirán en Chía.

¿Cuántos de sus hijos están casados? Siete. Jorge Armando es uno de los tres solteros.

¿Nietos? 18.

¿Por qué su hijo Jorge Armando decidió estudiar derecho? Un día llegó a la casa y me dijo: “Listo, mamá, voy a estudiar”. Le pregunte: “¿Qué va a estudiar al fin? Entonces me dijo que hotelería y turismo. Le dije: “¿Y es que no hay otra cosa? ¿Tiene que ser lo mismo que sabe hacer uno? En esto se cansa uno mucho; mire a ver si estudia otra carrera”. Se fue para donde unos amigos, que eran abogados, y ya por la tarde llegó con unos libros y me dijo: “Mamá voy a mirar a ver que estudio”.A los poquitos días me dijo que iba a estudiar para abogado.

¿En dónde estudio? En la Católica. Y luego se especializó en el Externado. Creo que es liberal.

¿Qué pensaría si no lo fuera? Dios nos ampare.

¿Cómo era el vicefiscal cuando era muchacho? Estudiaba todo el tiempo. Siempre estaba en la casa y nos ayudaba de mesero, a secar cubiertos. Él se encargaba del aseo.

¿Usted era brava? No sé; bueno, tal vez la vida lo enseña a uno, porque tener 10 hijos no es tan fácil, menos cuando se quedan sin el papá.

¿Alguna vez lo castigó? Casi ninguno se salvaba por ahí de sus coscorrones. A Alirio y Jairo me tocó un día pegarles con un palo de la escoba, porque no ayudaban en los oficios del restaurante, lavar, servir...

¿Y hoy cómo es el Vicefiscal? Buen hijo, juicioso, me visita, está pendiente...

¿Usted les sigue dando dinero? No, yo ya no le doy a ninguno.

Y, entonces, ¿qué hace con la plata del arriendo? Pagar lo que debo.

¿Usted, doña Carmen, tiene un concepto claro de lo qué significa ser Vicefiscal General de la Nación? No mucho; creo que es un cargo muy importante, con mucho trabajo, mucha responsabilidad. A Dios le pido a tarde y a mañana que me ampare y favorezca mis hijos de todo mal y peligro, me los lleve y me los traiga bien.

‘Es nuestra adoración’ A la entrevista con doña Carmen Gómez de Otálora, asistieron casi todos sus 10 hijos, entre ellos, el vice fiscal general, Jorge Armando Otálora.

¿Usted qué siente hoy ante esa devoción con que su madre los educó? Como lo dije en la tesis de mi grado, cuando se la dedique, es el alma y nervio de mi profesión y de mi ser. Ha sido ejemplo constante y permanente desde que tenemos uso de razón. A pesar de su corto estudio, es una mujer sabia. Inteligente y emprendedora. Todos la adoramos y damos gracias a Dios por haberla hecho nuestra madre.

Revelo su madre que usted iba a estudiar hotelería… Sí, alcance a hacer algunas vueltas en el Sena para estudiar cocina y mesa .

¿Y qué lo condujo a estudiar derecho? En alguna oportunidad, buscando unos archivos, aquí en la casa, encontré una maleta de mi papá, y hallé un código de régimen político y municipal, me entretuve toda una mañana leyéndolo y me llamó muchísimo la atención. Ahí comenzó todo…...

¿Por qué cree que su padre tenía el código? A él le gustaba mucho soñar con ser político. Y se estaba preparando para serlo.

¿Quién pagó sus estudios? Mi mamá, al comienzo. Ya después ingrese a la rama judicial como mensajero, notificador de un juzgado penal municipal en Suba. Ahí, ya nos ayudábamos mutuamente...

¿Dónde conoció al fiscal Mario Iguarán? En el Externado donde yo hice mi especialización y mi maestría. Luego fuí vinculado como docente; él era profesor de derecho público...

¿Le va a pedir a su madre que abandone el restaurante? Esa es la pelea desde hace años, pero tenemos una experiencia triste y es que en alguna oportunidad nos reunimos todos y a la fuerza la hicimos retirar del restaurante; mi madre se enfermó y el médico nos hizo ver que estábamos acabando con la vida de ella por retirarla a la fuerza del negocio. Nos pidió que debíamos permitirle que continuara, así fuera para supervisar, pero que estuviese ahí al frente...

¿Y se alivió? Carmen: Completamente. Ahora estoy feliz trabajando...

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