Los once invencibles

Los once invencibles

“Ningún equipo es invencible”, asegura una sentencia futbolera. Y es verdad sacrosanta: en caso contrario, antes de empezar el Mundial se le entregaría el título a Brasil y se economizarían desilusiones.

04 de junio 2006 , 12:00 a. m.

Un grupo de buenos jugadores, preparados física, táctica y anímicamente, pueden vencer a cualquier formación, por poderosa que esta fuere o superior que parezca. La motivación es un tópico esencial en este juego y varía de un partido al otro. De allí la irregularidad o las sorpresas que se ven cotidianamente, los resultados inexplicables.

Si no, ¿cómo razonar el triunfo de Estados Unidos sobre Inglaterra en el Mundial del 50 o el de Corea del Norte sobre Italia en 1966? Ahora bien, si pudiésemos reunir a los mejores once de la historia de los mundiales, ¿también podrían vencerlo? Eso sería diferente. Si fuera posible derribar la barrera del tiempo y las nacionalidades y armar un equipo virtual con los once ideales de todas las épocas nos animaríamos a apostar nuestro patrimonio sin miedo a perderlo.

¿Cómo se conformaría ese equipo? Para nuestro gusto, con 4 brasileños, 2 alemanes, 2 argentinos, un holandés, un italiano y un uruguayo. A ver...

Ubaldo Fillol (Argentina) en el arco; los brasileños Carlos Alberto y Roberto Carlos marcando los laterales derecho e izquierdo; el italiano Franco Baresi de líbero en dupla defensiva con Franz Beckenbauer.

El legendario Obdulio Varela (Uruguay) en mitad de cancha, imponiendo respeto, cortando y distribuyendo balones; más adelantado, por derecha, el máximo organizador de juego de que se tenga noticia: Johan Cruyff, y a su izquierda el pincel zurdo de Maradona pintando inolvidables cuadros futboleros.

Adelante, una mortífera trinidad: Garrincha, Gerd Müller y Pelé. Cientos de fintas, efectividad brutal.

Si volcáramos el mapa genético de cada uno (futbolístico, claro) en un computador tendríamos un resultado seguro: ningún otro equipo, juegue quien juegue, podría vencer jamás a esta maquinaria.

Primero se introducirían las características salientes de cada uno, luego se las mediría bajo los ocho parámetros más exigentes: 1) personalidad; 2) inteligencia; 3) técnica; 4) talento; 5) mentalidad ganadora; 6) títulos mundiales; 7) incidencia personal en las conquistas de su selección.

La gran excepción a la regla es Cruyff, magistral director de la Naranja Mecánica de Holanda 74. Disputó apenas un mundial y no llegó a ser campeón.

Sin embargo, fue tan revolucionario su estilo que se impone como uno de los cinco unánimes: Pelé, Maradona, Cruyff, Garrincha y Beckenbauer. Ellos no necesitan argumentación. Sobre los otros se aceptan discusiones.

Fillol aventaja a Lev Yashin (Rusia) por carácter y condiciones; también por haber sido campeón; ambos jugaron tres mundiales. Carlos Alberto supera apenas en espectacularidad a José Leandro Andrade, la ‘Maravilla negra’ del borroso Uruguay del 30. Andrade parece un crack muy lejano, pero cuando se habla de un coloso, el tiempo no cuenta. La última película hallada de 1930 lo muestra salvando un gol imposible en la final. De zaguero derecho, Baresi no tiene oposición: firmeza, coraje, solvencia. Roberto Carlos corre parejo con el alemán Paul Breitner, feroz, implacable. Le gana por tratarse del atleta mejor dotado físicamente de la historia del fútbol. Y por mayor incidencia ofensiva.

Obdulio Varela es el símbolo del ‘maracanazo’, la hazaña cumbre en los anales del fútbol. El centrocampista impasable, líder amado y temido.

También de lucida labor en Suiza 1954.

Gerd Müller posee una impresionante tarjeta de visita. Dice: “Máximo artillero mundialista: 14 goles en 13 partidos, 1,08 por juego”.

El equipo B: Yashin; Andrade, Gaetano Scirea (Italia 1982) o José Nasazzi (Uruguay 1930), Daniel Passarella (Argentina 78) y Breitner; Didí, Gerson y Schiaffino o Bobby Charlton; Jairzinho o Lato (Polonia), Eusebio o Teófilo Cubillas y Mario Kempes o Ferenc Puskas.

Ni siquiera esta locomotora podría derrotar a aquella máquina. Es una de las escasas certidumbres que el fútbol puede darnos. Afortunadamente.

jbarraza@uolsinectis.com.ar

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