¿Vuelve la socialdemocracia?

¿Vuelve la socialdemocracia?

En esta década, todos los presidentes suramericanos que fueron elegidos en una segunda vuelta previamente ganaron la primera. Esa ha sido la experiencia de Perú (2000 y 2001), Chile (2000 y 2005), Brasil (2002) y Ecuador (2002). Sin embargo, la vuelta final peruana puede terminar ganada por quien inicialmente quedó de segundo.

04 de junio 2006 , 12:00 a. m.

Alan García, por apenas unas décimas, clasificó. El 20,4 por ciento de los votos que obtuvo en las elecciones del 9 de abril es el peor porcentaje que haya sacado en los cuatro comicios en los que compitió. Sin embargo, hoy amenaza con sacar la mayor votación de la historia de su partido aprista y hasta llegar a la Presidencia. ¿Cómo esto ha sido posible? En 1985, García fue elegido como el único mandatario socialdemócrata que ha tenido el Perú. Su partido, la Alianza Popular Revolucionaria Americana (Apra), había esperado 61 años desde su fundación en 1924 para llegar al poder.

Sin embargo, su quinquenio acabó con gran impopularidad. El Perú atravesaba su peor ola de violencia e hiperinflación. El Apra nacionalizó la banca y se lo acusaba de masacrar extrajudicialmente unos 300 presos subversivos y organizar los escuadrones de la muerte del Comando Rodrigo Franco.

Después de 1990, sus candidatos no llegaban al 5 por ciento de los votos.

García estaba exiliado y sentenciado por corrupción. No obstante, cuando la dictadura de Fujimori fue cayendo, el Apra se fue reactivando.

En una polarización entre Flores y Humala, el Apra podía quedar triturado como sándwich. La habilidad de García consistió en lograr que sus dos rivales se desgastaran mutuamente y que él apareciera como un ‘moderado’ entre ambos.

Ollanta Humala por primera vez ha creado un heterogéneo e improvisado partido cuyas ideas no son muy claras y que no se ha curtido en ninguna movilización de masas. Corre el riesgo de repetir a Vargas Llosa y producir que el electorado del resto de partidos termine prefiriendo a su rival como ‘mal menor’ contra un candidato que aparece muy radical.

Alan García se ha dado cuenta de que cometería un haraquiri si hiciese un frente antihumalista. En algunos puntos ha tratado de aparecer más ‘zurdo’ que su competidor. Humala adoptó un discurso pro sindicatos y radical a lo Evo Morales buscando calar en el 15 por ciento de quienes votaron blanco y nulo y en electores populares que votaron antes por la derecha. Con ello podría no ganar esta elección, pero sí crear una base militante para el futuro.

El Apra buscará atacar a Humala como un oportunista que se asocia a Chávez, aunque está rodeado de personal que sirvió a Montesinos. Humala responderá mostrando las inconsistencias apristas, su ‘alianza con la derecha’ contra el gobierno nacionalista militar de Velasco (1968-75) y el caos económico de su único gobierno.

Humala tiene a su favor el desprestigio que arrastra el Apra por su único gobierno y porque muchas capas populares, especialmente en el sur y la Sierra, lo miran con desconfianza.

Sin embargo, la ventaja que tiene el Apra es que es un partido estructurado y con tradiciones, que puede mostrar que no se dividirá como el resto apenas llegue al nuevo Congreso, que tiene un programa más definido y navega con el viento internacional a su favor, tras recientes triunfos de la socialdemocracia en Chile y Costa Rica y, eventualmente, en Brasil.

Si el Apra ganara se daría el lujo de haber llegado a la Presidencia con el voto de sus enemigos derechistas que tanto lo atacaron en los 90. Además, estaría en mejores condiciones de poder ubicarse en medio de las distintas bancadas, con lo cual su gobierno podría ser más estable.

Si Humala diese la sorpresa y ganase, él debería buscar al Apra como su posible mejor socio para gobernar. De lo contrario, debería escoger el camino de Lucio Gutiérrez e intentar aliarse con la centroderecha o tratar de gobernar con mano dura y apoyo de las Fuerzas Armadas, algo que, por el momento, no ayuda la actual coyuntura internacional.

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