'Nuevo gabinete ha sido más difícil'

'Nuevo gabinete ha sido más difícil'

Hacía rato que el presidente Álvaro Uribe no nos daba una entrevista extensa. Casi tres años. La última fue por allá en septiembre del 2003, cuando empezaba a destapar su intención de hacerse reelegir por cuatro años más. Ha pasado tanta agua debajo del puente, que hoy volvemos al mismo despacho pero esta vez para entrevistar al primer presidente en ejercicio que se reelige por voto popular en la historia de Colombia.

04 de junio 2006 , 12:00 a. m.

El Presidente sostiene que no era por desdén sino por prudencia que había resuelto no conceder muchas entrevistas por escrito, y menos aun durante la campaña electoral. “Todos los días de la campaña –cuenta Uribe– lo último que yo escuchaba al salir del cuarto piso de esta Casa era la voz de Lina que me decía: ‘Prudencia, Uribe, prudencia’. Y cuando llegaba al segundo piso me encontraba siempre a Alicia Arango, mi secretaria privada, quien me recomendaba: ‘Como un obispo, Presidente’”.

Pues todo parece indicar que resolvió acoger los consejos de ambas. En lugar del hombre suelto y desparpajado que uno podría esperar después de una victoria electoral del tamaño de la suya, lo que encontramos fue a un Álvaro Uribe cauto, contenido, haciendo esfuerzos visibles por medir cada una de sus palabras, eludiendo nuestras emboscadas periodísticas, sacándole el cuerpo a posibles confrontaciones políticas, y sentado muy derecho, con una mano sobre la otra, como hacen los obispos. Así fue la charla: Señor Presidente, una pregunta un poquito absurda para un político que siempre quiere tener más votos: ¿No le da miedo haber tenido tantos? Es decir, ¿que la mayoría sobre los demás haya sido tan extensa? En materia de sentimientos tuve cinco minuticos de alegría y a partir de ahí muchas horas de preocupaciones. Cinco minutos de alegría cuando los medios de comunicación y los compañeros que estaban conmigo dijeron que las cuentas electorales daban que habíamos ganado. A las horas, comencé a sentir mucha, mucha preocupación y a pedirle en todo momento a Dios que nos ayude a no fallarles a los colombianos.

¿Pero la ventaja política en términos de forma de gobernar no lo puede impulsar a usted a tener menos en cuenta a otras fuerzas? Esta patria hay que entenderla con mucha delicadeza y por eso hay que buscar construir mayores niveles de consenso en cada momento. En lugar de polarizar hay que fraternizar.

¿Esa fraternización se puede traducir en que en su gabinete va a haber representación política como una forma de fraternizar con el Congreso o un acercamiento como el que vimos con el ex presidente Gaviria? Yo creo que se está creando una cultura política, donde lo que importa más es el acuerdo sobre las tesis y las acciones de gobierno, que la participación burocrática.

¿Es decir, que en términos de gabinete no va a haber ninguna diferencia conceptual desde el punto de vista político? No, yo creo que, primero, tengo hoy más dificultades para confeccionar el gabinete que hace cuatro años, porque hoy tengo que considerar los compañeros de gobierno, que tanto han ayudado. Si no fuera por un gran equipo no habría podido. Tengo que considerar sus expectativas. Tengo que considerar la Ley de Bancadas. Tengo que considerar las regiones. Mientras aquí había un Gobierno trabajando, había una gran cantidad de compañeros haciendo la campaña. Debo considerarlos. Entonces, tengo muchas más restricciones que hace cuatro años y esa ventaja electoral a la que se refería usted me obliga a ser muy cuidadoso para buscar consensos de tesis, no solo alrededor de la bancada, sino con las otras fuerzas. Esa tarea esforzada de construcción de consensos tenemos que desarrollarla a lo largo de los cuatro años que vienen.

¿Con el ex presidente Gaviria hay ya un puente tendido según me pareció ver por las expresiones de ambos en una fotografía? Yo le dije a él, y el país lo sabe, que traté con inmenso respeto al presidente Gaviria, al señor ex presidente López Michelsen, al doctor Horacio Serpa. Procuré tener una postura de total respeto por ellos y vamos a tener una actitud de permanente consulta sobre los temas del Gobierno y del Congreso.

¿En qué se piensa gastar usted ese inmenso capital político? ¿En aquellas cosas que quedaron pendientes de tramitar en el anterior Gobierno y que usted calificó de inaplazables? Hacen falta muchas cosas. No hay duda que el país conoce casi todo lo que es la agenda de reforma, los ajustes tributarios que aún faltan. En este período hay que hacer la reforma de las transferencias, los ajustes al sistema financiero, el TLC, etcétera. O sea que es una agenda legislativa muy importante y el esquema de bancadas que se ha creado, crea una similitud con el régimen parlamentario. ¿Por qué? Porque el Ejecutivo no solamente tendrá que relacionarse con el Congreso para efecto de la aprobación de las leyes o para atender los debates políticos, sino que tendrá que estar consultando con sus bancadas del Congreso y con las otras bancadas, muchas de las decisiones del Ejecutivo. Entonces, no podemos pensar ni en un Congreso comprado por auxilios parlamentarios o clientelas, que es cosa del pasado y que se superó en el Gobierno que termina, ni en un Congreso al que solamente se acuda para legislar o para atender el control político, sino que tenemos que pensar, adicionalmente, en un Congreso al que habrá que consultar mucho sobre las propias decisiones del Ejecutivo, sobre lo que yo llamo el conjunto de competencias del Ejecutivo.

¿A eso se refería usted cuando decía que la relación no iba a ser al menudeo con el Congreso? ¿Ese es un reconocimiento al nuevo sistema o una especie de autocrítica de cómo se manejó el Gobierno en meses pasados? Creo que en el Gobierno que termina avanzamos mucho en el concepto de gobernabilidad, porque la gobernabilidad no la buscamos con clientelas políticas ni la buscamos con auxilios parlamentarios. La gobernabilidad la buscamos con respaldo popular y con voluntad de colegislar con el Congreso.

Yo pasé muchas horas de este Gobierno que concluye, sentado colegislando con el Congreso. Y ahora lo que requiere esa gobernabilidad es que el esfuerzo en relación con el Congreso no sea con cada parlamentario individualmente, sino con la bancada. Pasamos de una relación con todas las dificultades que se derivan cuando es al menudeo a una relación con las bancadas.

¿Salvo que el boquete de las excepciones de esa ley sea demasiado grande y no se comporten como bancadas? La tarea de construcción de consensos en las bancadas también es muy exigente y yo creo que a eso no puede ser indiferente el Ejecutivo.

Seguramente tendremos que trabajar muchas veces para construir consensos al interior de una bancada sobre un determinado tema.

La reforma a la Justicia y el tema tan debatido y espinoso de la tutela.

¿Qué tanto el Gobierno le quiere meter la mano a ese tema? Siempre he elogiado la tutela. Creo que logró el efecto de que las mayorías colombianas dejaran de ver la Constitución como algo abstracto y empezaran a sentirla como algo que está para protegerlos en la vida cotidiana. Además he dicho que, por ejemplo, en el caso de la salud lo que tenemos que hacer es mejorar los servicios si no queremos que nos lo exijan por tutela. Ha habido una dificultad que es una discrepancia entre las dos cortes sobre la competencia en relación con sentencias de la Corte Suprema de Justicia si son tutelables. Entonces, el problema es ese. Ahora, ¿cómo queremos ayudarlo a resolver? Como lo anuncie en la campaña y como se lo diré esta semana a las cortes. Me propongo en la semana que empieza visitar cada una de las cortes y visitar cada uno de los organismos de control y los voy a invitar de la manera más constructiva a buscar un consenso.

¿Usted dará una posición específica sobre cómo se debe resolver o da por descontado un acuerdo entre las cortes? Uno tiene que aprender. Una lección que me dejaron estos cuatro años es que cualquier reforma a la Justicia necesita un alto nivel de consenso. Uno tiene que ser ahí más impulsador del consenso que pretender imponer puntos de vista. Pero no es un consenso fácil. Por eso, esta invitación, que les anticipo hoy desde las páginas de EL TIEMPO, se las voy a reiterar en las reuniones que voy a sostener con ellos en los próximos días.

Otro tema caliente: el de la Justicia Penal Militar, ¿cree que estos episodios de Jamundí demuestran que hay que reformarla sustancialmente? Creo que, por lo menos, se empezó a construir una doctrina. Pienso que hay una doctrina que debemos aplicar para que el Gobierno diga en este caso que no intervenga la Justicia Penal Militar. Esperemos que en su sabiduría y autonomía la justicia ordinaria defina y pueda haber casos en los que diga: hemos encontrado que aquí hay una falla que tiene que ver solamente con el servicio, por lo tanto la competencia se regresa a la Justicia Penal Militar. Hay que fortalecer y mejorar la Justicia Penal Militar para aquellos casos en los que su competencia sea indiscutible.

Presidente, el tema de las autodefensas en esta segunda etapa. ¿Usted está contento con el proceso tal y como está hoy? ¿Qué diferencia hay entre lo que está viendo hoy y lo que se imaginó cuando empezó a impulsar el proceso con los ‘paras’? Miremos lo que fue el proceso electoral que acaba de transcurrir. Un proceso de garantías efectivas, no de garantías retóricas. Yo creo que a eso contribuyó muchísimo la Seguridad Democrática y sus logros, a pesar de todo lo que falta. Cuánto mejor que haya habido elecciones con 30 mil paramilitares desmovilizados, que haber acudido a elecciones con el mismo número disparando. Cuánto mejor haber acudido a la elecciones con más de 7 mil guerrilleros desmovilizados, que lo que habría sido si esos 7 mil guerrilleros hubieran estado disparando. Ahora, ¿qué sigue? Sigue la aplicación de etapas procesales muy importantes de la ley. Hoy se está en plena integración de las dos salas de tribunales, una en Bogotá otra en Barranquilla, seguramente se van a necesitar más. La lista de esos magistrados la elabora el Consejo de la Judicatura. La selección final la hace la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia. Se está, también, por parte del Ministerio del Interior y de Justicia en la definición del tema carcelario. Viene la entrega por parte del Gobierno de las listas de elegibles a los magistrados. Vienen los juicios, vienen las sentencias. Eso en cuanto a la ley. Aquellos que persistan en delinquir la acción del Gobierno tiene que ser clara, con toda la determinación para enfrentarlos.

Cayeron muy mal en la Corte unas declaraciones de 'Báez' contra los magistrados por el fallo de la ley de Justicia y Paz. ¿No se les está yendo un poquito la mano a los desmovilizados? No me haga caer en ciertas interlocuciones. Simplemente permítame decir que la ley hay que cumplirla rigurosamente, que a las instituciones hay que respetarlas totalmente y que el deber del Gobierno es garantizar la autonomía de la justicia, garantizar la libertad de todos los magistrados de las cortes para que sin coacción, sin presiones puedan ejercer sus fueros y cumplir con sus competencias y el propósito es uno: una Colombia sin terrorismo, sin guerrillas y sin paramilitares.

¿Qué nuevos elementos hay, si es que los hay, que permitan pensar que un proceso de paz con las Farc es posible? Hay toda la decisión. Yo dije mucho en la campaña que la política de Seguridad Democrática es un camino contra el terrorismo y un camino hacia la reconciliación, por eso es democrática. Creo que esta misma semana ya emprendimos el camino con toda la decisión, pero con toda la prudencia, para buscar procesos con las Farc. Ahora, si usted me pregunta cuál es la propuesta, déjeme quedar en toda la intención y en la voluntad política, porque si me doy a la tarea de lanzar propuestas lo que puedo hacer es cerrar el camino.

¿Están garantizados los recursos para la sostenibilidad de todos los proyectos de seguridad, como el Plan Patriota? Les vamos a pedir un esfuerzo adicional a los sectores más pudientes del país, porque tenemos que hacer unas inversiones en equipos, tenemos que hacer unas inversiones en transporte, en tecnología, en aviación, porque hay que dar unos pasos que faltan en bienestar de los soldados y policías. ¿Qué tan satisfecho lo tiene el proceso con el Eln? Pues en la campaña repetí mucho que soy el presidente más odiado por la guerrilla. El que más la ha combatido, pero que también no hemos dudado en el momento de tomar decisiones que faciliten ese proceso. Vamos a hacer todo lo posible para que ese proceso de paz salga adelante. Mire, cuando yo hablo e insisto con tanto entusiasmo de la Seguridad Democrática, el interés no es dar de baja guerrilleros y paramilitares. El interés no es meterlos a la cárcel. El interés es la paz de los colombianos, que las nuevas generaciones puedan vivir felices en Colombia.

Hay una sensación de mejoramiento del tono suyo con Fidel Castro, ¿Hay algún acercamiento especial? Ha sido muy bueno en todas las horas. Le tengo gratitud en nombre de todo el pueblo colombiano. Nos ha ayudado mucho en todos los temas de Suramérica, de Latinoamérica en general y en el tema de la paz y mi deber es manejar las relaciones internacionales del país con toda prudencia y con toda lealtad.

Latinoamérica en general y Venezuela en particular ¿No? (Risas) En todo ha ayudado mucho y nosotros mantenemos una alianza con los Estados Unidos con toda lealtad y una hermandad latinoamericana con toda solidaridad. Eso no es incompatible y creo que esta relación transparente, clara, amistosa, con Cuba hay que manejarla con toda franqueza. Los Estados Unidos saben de nuestra relación con Cuba y Cuba sabe de nuestra relación con Estados Unidos. Eso que puede parecer extraño, al fin de cuentas, debe ayudarle al continente a abrir caminitos de más solidaridad dentro de la diversidad.

¿Estados Unidos le ha contado a usted si le gusta esa relación con Cuba? Pues yo la cuento con toda honradez, pero no alcanzo a recibir conceptos.

La relación con el presidente Hugo Chávez ha sido de altibajos pero ya se le ha notado al presidente venezolano un poquito más encariñado con este Gobierno ¿o será que se está resignando? Si usted mira, verá que de nuestra parte nunca ha habido bajos. Siempre hemos tenido una actitud de respeto, de prudencia en relación con el presidente Chávez y su Gobierno en la hermana República Bolivariana de Venezuela. Me parece que una doctrina colombiana de unas relaciones internacionales de construcción de la unidad, de tener la capacidad de construir unidad dentro de la diversidad, de ser una política con pragmatismos en busca de resultados convenientes para todos nuestros pueblos creo que ayudó mucho en una época difícil del continente. Es buena para Colombia y, finalmente, va a ser buena para el continente e igualmente buena para los Estados Unidos. Creo que los Estados Unidos tienen que sentir que nosotros ayudamos en la medida en que creamos fraternidades y no polarizaciones.

De aquí al 7 de agosto, cuando empieza formalmente el Gobierno, ¿va a seguir todo igual o va a haber cambios de gabinete antes? Yo aspiro que para el 20 de julio no solamente esté estructurado el nuevo gobierno, sino que hayamos avanzado mucho en los proyectos de ley. No para el 7 de agosto, sino para el 20 de julio. Además, una interpretación que nosotros hacemos del nuevo esquema de bancadas es que el Gobierno tiene que cumplir la obligación de consultar sus proyectos de ley con las bancadas y esto nos obliga a madrugar en esta tarea.

¿No me va a dar ni un solo nuevo nombre del gabinete? Si me hubiera hecho esta entrevista tres o cuatro días después, seguramente.

Hoy todavía no puedo. Presidente, hay una foto que publicamos en EL TIEMPO el día de su victoria. Una foto que es impresionante por algunas expresiones. Una, la de su señora, que se puede interpretar como que está en una triste resignación.

¿Usted vio esa fotografía? A mí, al contrario, esa foto de Jerónimo con su mamá abrazada, me consternó, me conmovió mucho, muchísimo. Claro, Lina ha tenido mucha preocupación por la reelección. Recuerdo que los últimos días de la campaña cuando salía yo tempranito, iba a dar una entrevista, me decía: ‘Uribe, con toda la prudencia, con toda la prudencia’. En estos días ha estado también con monosílabos diciendo: ‘tienes que tener todo el cuidado. Cualquier decisión con toda la delicadeza’. Este es un compromiso muy grande. Es que el compromiso abruma, no es para menos. ¿Es cierto que Ciro Ramírez casi acaba con su matrimonio con la propuesta de otra reelección? Había podido acabar con la posibilidad del segundo periodo…(risas), pero para que les quede muy claro les digo lo que le contesté a Juan Gossaín,: rechazo in-límine. Lo que enseñan en las facultades de derecho es que el rechazo in-límine, es el rechazo cuando la propuesta no ha entrado del todo.

Cuando está en el umbral. Esta oportunidad que generosamente me dan los colombianos, vamos a trabajar por todo el amor por Colombia, estoy obligado a hacer lo mejor, porque la experiencia no puede pasar en vano. A trabajar, ojalá, con mejor pulso y mejor buena letra intensamente, y que sean unos años de reflexión para que el país encuentre esos nuevos liderazgos que todos necesitamos, que todos estamos esperando.

¿Para los lectores que no sepan latín, lo pueden interpretar como un no? Rechazo total. Rechazo antes de que llegue la propuesta.

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