Mototaxismo pone en jaque a las ciudades

Mototaxismo pone en jaque a las ciudades

A los conductores de taxis de La Dorada, en pleno Magdalena Medio, el impulso para ‘pescar’ mototaxistas y entregárselos a la Policía les duró hasta febrero.

04 de junio 2006 , 12:00 a. m.

Fue por la época de la desmovilización de los ‘paras’ de Ramón Isaza y la multiplicación de los mototaxis, que pasaron de cinco a 50 en ese puerto caldense.

Aunque desmovilizados y sin armas a la vista, los ex paramilitares siguen inspirando temor. Y ante la posibilidad de toparse con uno que maneje mototaxi, los conductores ya se resignaron a la desigual competencia.

Es una pelea que ya muchos dan por perdida en varios pueblos de la Costa Atlántica, donde el mototaxismo se disparó después de los desarmes. Incluso, en varias reuniones con desmovilizados, el director del Programa de Reinserción, Juan David Ángel, ha tenido que insistir en que esa actividad es ilegal y que los que la ejerzan se exponen a terminar de nuevo perseguidos por el Estado.

“Si se miran las cifras globales, es un problema manejable: de 30 mil desmovilizados menos de 1.000 están en el mototaxismo. Pero si se va a lugares puntuales, como Sincelejo o Maríalabaja, casi todos los reinsertados están en eso”, reconoce Ángel.

La presencia de los ‘paras’, de todos modos, no es extraña en el negocio.

Desde que los primeros mototaxis empezaron a moverse por la vereda La Cotorra, en Montería, a finales de los 80, las autodefensas los usaron para sus planes. Eran mototaxistas los que primero daban el reporte de los extraños que llegaban a las regiones y los encargados de avisar de movimientos inusuales de la Fuerza Pública.

Precisamente, los antecedentes de algunos y la responsabilidad de otros más en delitos como atracos y asesinatos podrían estar detrás del alto número de muertes que se relacionan con la actividad.

En lo que va corrido del año han matado a seis en Barranquilla. En solo uno de los casos el móvil sería el robo. En Sincelejo el reporte es similar. Y a uno de ellos lo asesinaron a garrote.

Mueven 16 mil millones diarios Lo cierto es que el mototaxismo dejó de ser un problema local para convertirse en una amenaza para las empresas de transporte legal en la Costa y para las autoridades, que han sido impotentes para controlarlo.

En Sincelejo, en abril, circularon panfletos contra el alcalde, el secretario de Tránsito y el coronel de la Policía. Los firmaban ‘Los encapuchados’, que se anunciaban como gente llegada de Cali para defender a los mototaxistas.

En Supía (Caldas), el alcalde tuvo que enfrentarse a una protesta popular cuando intentó impedir que trabajaran en el casco urbano. Y en Valledupar las empresas tuvieron que bajar el pasaje en bus a 600 pesos (estaba entre 700 y 900, según el modelo), pero las autoridades de Tránsito dicen que esa decisión es ilegal.

Hasta el Transcaribe se ha visto afectado. La presión de los mototaxistas, que este año han bloqueado tres veces la Avenida Pedro de Heredia, hizo que el alcalde de Cartagena, Nicolás Curi, echara atrás la restricción de motos que iba a a implantar para facilitar las obras.

El negocio ha crecido a la sombra de la informalidad, pero también porque hay ‘empresarios’ que se han dado cuenta de su rentabilidad.

El Ministerio de Transporte calcula en 400 mil el número de mototaxis. Si cada día hacen 40 viajes a mil pesos, alrededor del negocio pueden estarse moviendo unos 16 mil millones diarios.

Buena parte de esa plata se estaría yendo al bolsillo de personas que no viven de conducir una moto sino de manejar a varios conductores que les trabajan a destajo.

“Hay gente que se ha hecho a la propiedad de 10, 15 ó 20 motos y que se está aprovechando de los desempleados. Reciben entre 15 y 20 mil pesos por conductor y son los grandes responsables de que se haya agudizado el problema”, dice el director nacional de Tránsito y Transporte, Jorge Enrique Pedraza.

En contravía El imperio de los mototaxis que se vive en algunos municipios del país es, precisamente, el peor de los mundos que podría imaginar cualquier experto en transporte.

La tendencia moderna es reducir el número de vehículos públicos que ruedan por las calles, como en el sistema TansMilenio, de Bogotá. Permitir una moto por cada pasajero es todo lo contrario y el presidente Álvaro Uribe ya dijo que jamás va a legalizar ese transporte, a pesar de que los mototaxistas tienen amigos poderosos. De hecho, no se descarta que un proyecto para legalizarlos, que se hundió el año pasado en el Congreso, reviva en cualquier momento. Sus autoras eran las polémicas representantes Eleonora Pineda y Rocío Arias.

Los mototaxis desencadenan una reacción negativa que incide en toda la estructura del transporte formal: empiezan por afectar los ingresos de los taxistas, que reaccionan haciendo carreras simultáneas para tres o más clientes. Y el efecto se traslada a los colectivos y las busetas.

Los conductores de bus que han sido despedidos en Montería son víctimas directas del mototaxismo. En un día sin motos decretado recientemente por la Alcaldía, la demanda del transporte se incrementó en un 100 por ciento.

Gabriel Jiménez, un empresario de buses, dice que cada día los mototaxistas mueven en esa ciudad a 150 mil pasajeros. Es decir, 150 millones de pesos.

Soluciones a la vista no hay. La receta del Gobierno es que las autoridades locales apliquen a rajatabla el Código de Tránsito –inmovilización de las motos por 5, 20 ó 40 días– y buscar una salida para los que sí se ganan la vida con el mototaxismo. Pero no sería una solución en dos ruedas sino en tres (bicitaxis o motocarros), que en todo caso no podría competir con el transporte formal.

EN LAS REGIONES NO HAN PODIDO CONTROLAR LA MULTIPLICACIÓN DE LOS ‘MOTORRATONES’.

400.000 mototaxistas circulan en el país. Es como si toda la población de Pereira se dedicara a ese negocio. La cifra equivale casi a una tercera parte del total de motos que hay en Colombia. Y de esas 400 mil, al menos la mitad pertenecen a ‘empresarios’ ilegales y a personas que aunque tienen empleo usan su tiempo libre para ganar dinero extra después del trabajo.

En Sincelejo, las autoridades atribuyen al mototaxismo el aumento de la accidentalidad y de delitos como atracos, raponazos y homicidios. Las medidas de control han sido respondidas con marchas.

230 choferes de la empresa Metrosinú, la más grande de buses de Montería, perdieron su puesto a comienzos de este mes. En los días más críticos, la empresa pasó de despachar 70 buses a 30. En la ciudad se instalaron seis mesas de trabajo sobre el mototaxismo. La Policía no da abasto para cumplir el decreto que impide la entrada de motos con parrillero al centro.

En Neiva, ante el creciente problema, la Alcaldía propuso carnetizar a los dueños de motos y a los mensajeros. En el carné se registran hasta cinco nombres de usuarios habituales de la moto.

1.000 desmovilizados, de un total de 30.0000, estarían trabajando como mototaxistas. En algunos pueblos de la Costa Atlántica, Antioquia y el Magdalena Medio esa actividad se ha convertido en una opción para la mayoría de antiguos paramilitares. La Oficina para la Reinserción les ha advertido que esa actividad no es legal y que no la pueden ejercer.

‘zares’no dan la cara Identificar a los ‘empresarios’ del mototaxis-mo no es una tarea fácil.

Ponen las motos a nombre de terceros y la cadena de propiedad se diluye en una maraña de testaferros.

De todos los nombres que suenan por la Costa –se mencionó incluso a un ex alcalde de Cartagena– el único que admitió que tuvo que ver con el negocio fue el ganadero cordobés Luis Miguel Berrocal.

Con uno de sus socios, José Rodríguez, llegó a tener 51 mototaxis: “Ya las vendí casi todas porque no es tan buen negocio como se cree. Ahora sólo tengo seis trabajando y 10 en el taller”, le dijo a EL TIEMPO en abril.

Sin dar nombres, los mototaxistas hablan de políticos y hasta de pensionados de Ecopetrol que decidieron invertir en motos.

También se dice que algunos jefes de bloques ‘paras’ compraron motos como negocio y para ayudar a sus antiguos subalternos en la Costa y el Magdalena Medio.

‘Déjelo quieto, mijo’, le dicen en el parque de Belén de Umbría al que llegue buscando información sobre el mototaxismo en esa localidad de Risaralda. Esa es antigua zona de influencia de ‘Macaco’, ex jefe del ‘Bloque Central Bolívar’.

Un funcionario de la Alcaldía dice que detrás de esa actividad ha estado un grupo armado y que es un tema muy delicado.

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