Alianza entre bares y papás

Alianza entre bares y papás

Diez de la noche. Un grupo de muchachos busca ingresar a un bar de la zona rosa. El guardia les pide las cédulas y después de verificar los documentos los deja pasar. Más adelante otro hombre de seguridad les vuelve a solicitar la identificación. Al comprobar que una de las contraseñas es falsa, exige salir al menor. Sus acompañantes entablan una pelea y destrozan todo.

02 de junio 2006 , 12:00 a. m.

Casos como este se han vuelto constantes en aquellos bares en los que menores de edad logran entrar portando contraseñas de cédula falsas.

“Ellos no son buenos clientes para nosotros. No tienen la misma capacidad de pago de un adulto, son peleones y espantan a otros clientes”, cuenta Camilo Ospina, presidente de Asobares, para explicar la razón por la cual dueños de 60 bares de Chapinero, la zona rosa y el parque de la 93 decidieron unirse con Redpapaz (integra a padres 27 colegios) para buscar una salida a esta situación.

Tanto padres como dueños de los establecimientos aseguran que se ha incrementado el uso de contraseñas falsas y con ello los peligros a los que se ven envueltos los menores.

“No es solo el hecho de que consuman licor y cigarrillos, es todo lo que hay en estos lugares, a los que pueden entrar adultos buscando otra cosa”, asegura una madre que descubrió hace 15 días a su hija de 14 años con una contraseña falsa (ver recuadro).

Los padres llaman la atención de que estos documentos, además de no tener el nombre verdadero de los muchachos, indican otro tipo de sangre. “Eso los pone en peligro en caso de cualquier accidente o pelea, que son tan usuales bajo efectos del alcohol”, señala Carolina Piñeros, directora ejecutiva de Redpapaz.

Mientras que para los dueños de los bares, el temor es exponerse a un sellamiento por permitir la entrada de menores de edad.

Para evitar que se sigan usurpando identidades, los representantes de Asobares y Redpapaz están trabajando en una propuesta que le presentarán a la Registraduría en los próximos días.

“Queremos proponerle que los jóvenes puedan solicitar su contraseña antes de cumplir 18 años, de tal manera que una vez los cumplan tengan la cédula original”, explica Piñeros. Así ningún joven mostraría una contraseña porque ya tendría la cédula.

Según Rodrigo Pérez, director de Novedades de la Registraduría, esto es imposible porque el sistema rechazaría la solicitud, ya que fue configurado para tramitar el documento cuando la persona cumplió los 18 años.

Pero según Juan Yepes, vicepresidente de Asobares, los dueños de los establecimientos y los padres están abiertos a cualquier solución, incluso a una que incluya a la Policía y a las alcaldías locales.

13 años es la edad promedio en la comienzan a beber los jóvenes colombianos, según encuesta (2005) de los ministerios de la Protección Social y Educación, y Redpapaz. Alumnos de séptimo y octavo, en alto riesgo.

MADRE E HIJA NARRAN SU EXPERIENCIA La mamá: “Antonia (14 años) pidió que la dejáramos quedarse a comer con unos amigos hasta las 10:30 de la noche. La encontramos en la puerta del restaurante en un estado deprimente, borracha. Le revisé la cartera y le encontré una contraseña con apellidos falsos y tipo de sangre falso. A los 20 minutos ya no respondía. Volvió en sí al otro día.

“La saqué del colegio por-que un amigo fue el que le dio la contraseña, y varios alum-nos del salón tenían una. Yo le dije a la directora pero no hizo nada. También les repartí volantes a los papás de los otros niños contándoles lo que sucedió. Ahora vivo paranoica de pensar lo que habría podido pasar si yo hubiera llegado 20 minutos tarde”.

La menor: “Cuando llegué a este cole-gio en el que era nueva un amigo me dijo que si quería tener una contraseña, todos la tenían, y me pidió 20 mil pe-sos por conseguírmela.

“Yo pensé que era buena idea porque así podía conocer los lugares a los que van los adultos. Pero que decepción. No descubrí nada nuevo. El ambiente era el mismo al de las minitecas a las que voy. Lo único es que había mucho trago. No sé cuántos rones con Coca Cola me tomé. Ahora veo que fue una embarrada”.

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