Los retos después de la reelección

Los retos después de la reelección

Los resultados de la reelección inmediata y por voto popular, por primera vez en la historia, de un Presidente de la República, invitan a algunas reflexiones concisas:

01 de junio 2006 , 12:00 a. m.

El Presidente tiene un capital político como ningún mandatario ha tenido y, por lo mismo, una inmensa responsabilidad. Es la ocasión de las modificaciones estructurales. Las reformas integrales al sistema tributario, las transferencias a los entes territoriales, la contratación pública y la administración de justicia no admiten más demora. Sumen la aprobación del TLC.

Con dos millones de votos más que los partidos de su coalición, el Presidente tiene un margen de maniobra enorme en la conformación de su gabinete y en el impulso de su agenda legislativa. Sin embargo, las nuevas reglas, ley de bancadas incluida, suponen que la gobernabilidad en el Congreso pase por la representación de la coalición en los ministerios. Es previsible que el nuevo gabinete tenga una presencia partidista más clara.

Varios de quienes aspiran siguen siendo senadores en ejercicio. Por lo mismo, la reestructuración ministerial sólo tendrá lugar después de que termine la presente legislatura.

La continuidad de la política de seguridad permite pensar que las Farc podrían estar tan débiles hacia el final del cuatrienio que estén dispuestas a iniciar una negociación de paz seria. Los éxitos electorales de la izquierda en el Continente y los 2,6 millones de Gaviria son un aliciente y prueban que es más fácil llegar al poder por la vía de las urnas que por las armas. A estas alturas, las Farc deberían tener claro que hay más ventajas de la paz negociada que en una lucha armada sin futuro. Y que no encontrarán mejor contraparte que Uribe, con un poder y una representación que ningún otro jefe de Estado ha tenido. Si el Eln no quiere quedar a la sombra, debería acelerar su proceso. El papel de quien sea Alto Comisionado será clave en ambos casos.

Tres desafíos adicionales tiene el Presidente en este campo: asegurar que más allá de la desmovilización y el desarme haya reinserción efectiva de los paramilitares; consolidar el control estatal en las áreas de desmovilización; y conseguir que los éxitos militares y policiales vayan inmediatamente acompañados de presencia institucional y políticas socioeconómicas en las zonas recuperadas. Son los pilares que aseguran la sostenibilidad de los logros obtenidos. Y no sobrará mirar las necesidades de la defensa nacional, siempre aplazadas en razón del conflicto armado.

Del otro lado, hay más gavirismo que Polo. El Noel criollo puso 1,5 millones de votos más que su partido en las parlamentarias. Más allá del discurso triunfalista del ex magistrado, que recordó el “perder es ganar un poco” de Maturana, el Polo se equivoca si cree que esos votos son propios. Muchos fueron sólo por la figura misma de Gaviria. Otros buscaban contrapeso al Presidente o eran abiertamente contra él. El reto es traducirlos en fidelidad hacia el partido y su ideario. Por eso, no entiendo por qué en el discurso, al que le faltó nobleza para reconocer el triunfo de Uribe, se desaprovechó la oportunidad para plantear una visión del país y hacer un guiño a los liberales desatendidos. La unidad es el otro desafío del Polo.

Navarro ya insinúa su deseo de competir con Samuel Moreno por la Alcaldía de Bogotá. Y a Lucho, que reúne las calidades para ser un formidable candidato en el 2010, le siguen haciendo la vida imposible. Romper con los radicales que siguen apostándole a la combinación de todas las formas de lucha es todavía tarea inconclusa.

Lo del Partido Liberal fue un desastre. Pero hay más partido que Serpa.

Recular del error de situar al liberalismo en la izquierda y ponerlo a competir, sin éxito, con el Polo, debería ser la estrategia básica. El centro es su lugar histórico y donde tiene credibilidad. De otra manera, terminará desmembrado del todo. Sólo César Gaviria tiene las condiciones para retomar el cauce.

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