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Nadadores ciegos ya no se estrellarán en la piscina

Nadadores ciegos ya no se estrellarán en la piscina

Los moretones y las raspaduras que durante 15 años sufrió Blanca Cecilia Herrera, reconocida nadadora ciega, dejaron de aparecer desde hace tres meses, cuando empezó a usar un dispositivo electrónico que le avisa si está cerca del borde de la piscina.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
31 de mayo 2006 , 12:00 a. m.

Herrera, que ha ganado más de 60 medallas, ya no tiene que contar las 25 brazadas que necesita para atravesar los 22 metros de ancho de la Piscina Olímpica de Bucaramanga: una tarjeta electrónica instalada en su gorro –a la altura de la oreja– emite un sonido cuando se encuentra a un metro (dos brazadas) de la orilla.

“Estoy más tranquila en la piscina porque sé que no me voy a golpear. El entrenador evita pararse en la orilla para tratar de tocarme en la espalda con un tubo como señal de que estoy cerca del final”, dijo la deportista, una de los seis discapacitados visuales que prueban el mecanismo.

La cucuteña Andrea Bibiana Albarracín y el bumangués Hernán Darío Roya, ambos de 24 años y estudiantes de Diseño Industrial de la Universidad Industrial de Santander (UIS), trabajan en el novedoso artefacto.

“Aunque el aparato se encuentra aún en su periodo de prueba, está muy avanzado. Nuestro deseo es crear una herramienta funcional, mas no enriquecernos”, dicen sus creadores.

Desde que el aparato se emplea en la piscina, los entrenamientos han cambiado. William Javier Gómez, entrenador de los discapacitados y de selecciones Colombia que han participado en Olimpiadas y mundiales, está convencido de que el aparato es fundamental para evitarles accidentes a los deportistas.

“Me gusta porque la tarjeta receptora, que va en el gorro, está oculta y ellos no se ven como robots que necesitan ayudas extras”, dice Gómez.

Andrea y Hernán esperan que su invento sea avalado como trabajo de grado el próximo semestre. Y Herrera y sus compañeros ya no quieren usar la vara de PVC de su entrenador como guía. Prefieren el dispositivo de los estudiantes de la UIS.

Así se usa el sensor.

El transmisor de 5 por 4 centímetros, que se protege del agua con un polímero (plástico), tiene un sensor que detecta al nadador a través de una luz infrarroja.

Después de que el dispositivo se activa, la información (ondas electrónicas como las de la telefonía celular) es enviada al receptor del gorro, que la transforma en una señal similar al ruido de una bocina. El receptor y el transmisor funcionan con baterías similares a las utilizadas por los relojes de pulso.

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