JORGE ARTEL, EL POETA DE ÉBANO

JORGE ARTEL, EL POETA DE ÉBANO

El viernes en la mañana, Jorge Artel se volvió a morir. Su primera muerte, en 1948, lo llevó a prisión durante tres meses y después lo sacó del país por defender las ideas gaitanistas. La segunda, nació de un rumor en 1982, cuando la noticia de su muerte apareció en las páginas del periódico antioqueño El colombiano, y luego fue reproducida por otros diarios del país. Un rumor ante el cual el quedaron vivas las sutiles palabras del poeta cartagenero: todos mis amigos han muerto, incluso yo . El viernes pasado, sin embargo, Jorge Artel dejó una ausencia definitiva en la poesía colombiana.

21 de agosto 1994 , 12:00 a.m.

A los 85 años, Artel falleció a causa de un paro cardíaco, precedido de un derrame cerebral, en la clínica del Instituto de los Seguros Sociales de Barranquilla, en donde se recuperaba después de una intervención quirúrgica.

Artel, conocido con apelativos como el poeta negro de América , el poeta de las negritudes o, simplemente, el negro Artel , era uno de los poetas más creativos en la historia de la literatura colombiana de este siglo.

Contemporáneo de los poetas de la generación Piedra y cielo , su obra se forjó paralela a la de escritores como Aurelio Arturo, Eduardo Carranza y Arturo Camacho Ramírez, hoy fallecidos, y de Jorge Rojas y Fernando Charry Lara.

Su carrera en la poesía fue extensa. No cumplía los diez y ya sabía que su vocación era escribir. A los nueve años me aislaba, me encerraba a soñar las cosas que veía de día; el mar que me llenaba de olas; veía una especie de claridad que percibía en el clima de La Popa cuando era noche de luna llena , contaba el poeta en una entrevista.

Junto al momposino Candelario Obeso, Jorge Artel fue uno de los más grandes exponentes de la poesía de las negritudes en Colombia. Su verdadero nombre era Agapito De Arco Coneo y, pese a sus años, seguía laborando como decano de la facultad de derecho y directivo de la Universidad Simón Bolívar.

Artel publicó varios libros de poesía, caracterizada por sus cantos a valores civiles como la libertad, la fraternidad, la paz y el amor, pero también a su ciudad, al mar y a su cultura negra. Estos sentimientos afloraron en una obra poética que le mereció el Premio Nacional de Poesía Universidad de Antioquia, en 1985, y reconocimientos en Cartagena, su ciudad natal.

Sobre su obra, alguien escribió: El mar se oye como perpetua música de fondo en la poesía de Artel. El viene a ser realmente el gran poeta marino de Colombia. (...) Artel canta también a la fiesta y la pena de los negros. En su tórrido mundo danzan la onda, la palmera y la mulata. mientras suenan en la sombra tambores y acordeones y se desliza el manso dolor resignado de la raza sombría .

Con su libro Tambores en la noche, en la década del 50, se extendió el reconocimiento a su sensibilidad como poeta. Escribió otros libros como Poemas de botas y banderas, Sinú, riberas de Asombro jubiloso, Cantos y poemas; la novela No es la muerte, es el morir, y los ensayos Modalidad artística de la raza negra, Defensa preventiva del Estado y Santander y su influencia en la fisonomía de Colombia. Sus poemas más recordados e, incluso, traducidos a otros idiomas son Lenis y Fuego.

Artel era hijo de Miguel de Arco y Aurora Coneo, y se graduó de abogado en la Universidad de Cartagena en 1945. Desde allí se vinculó a la política en las filas del partido Liberal. En 1946 ocupó la Secretaría de Gobierno de Bolívar y en 1948, tras la muerte de Jorge Eliécer Gaitán, cuyos episodios subsiguientes inspiraron su poesía, salió del país por razones de seguridad.

Jorge Artel partió de Colombia en un exilio voluntario que lo vio peregrinar por México, Cuba, Puerto Rico, Estados Unidos (en donde, por diez años fue traductor de la Organización de Naciones Unidas) y Panamá. Y mientras en Colombia, la obra del poeta entró en un silencio prolongado, afuera se dieron a conocer sus creaciones.

Tras una larga y significativa trayectoria en el mundo de la cultura, pasó los últimos años de su vida junto a su esposa, la poeta panameña María Ligia Alcázar, y sus dos hijos, Jorge y Miguel, en su finca en el municipio de Malambo (Atlántico). Por años Jorge Artel hizo gala de su humor en la columna Señales de humo que publicó en El Colombiano.

A Colombia no regresó sino hasta 1970, invitado por el escritor José Consuegra Higgins; se convirtió en rector de la Universidad del Atlántico, y posteriormente se radicó en Malambo con su familia.

Artel participó en la fundación de la Universidad Simón Bolívar, de la cual fue, profesor, rector y posteriormente decano de la facultad de derecho. Allí en la Casa de la Cultura de esta universidad, su cuerpo fue velado. El sepelio se cumplió ayer a las cuatro de la tarde en Jardines de la Eternidad de Barranquilla.

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