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Riesgo en las carreteras nacionales

Riesgo en las carreteras nacionales

"La vida no vale nada, si yo me quedo sentado", dice una canción de Pablo Milanés; y sentados se están quedando las autoridades y los responsables del transporte intermunicipal, dejando pasar los buses que llevan a la gente de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, montada en las más siniestras máquinas de muerte.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
27 de mayo 2006 , 12:00 a. m.

Parece que el pasajero terrestre no fuera importante.

Se sabe que un avión debe cumplir un completo protocolo de inspección para llevar a los pasajeros a su destino, e incluso el mismo piloto hace una revisión visual antes de salir del aeropuerto.

Alguien podría decir que no es comparable, pues un accidente aéreo es casi una muerte segura, pero me da pena contradecir esa tesis pues en un país donde la accidentalidad terrestre es una de las más altas del mundo, montarse en un bus es un riesgo infinito.

Hemos escuchado de los graves accidentes con un montón de muertos en las vías nacionales.

Las medidas han sido tomadas por la Policía de Carreteras, que hace un excelente trabajo, y que si bien debe mejorar en algunos aspectos, no tiene nada que ver con la labor que vienen desarrollando los mismos terminales de transporte, en los cuales el control se limita a los viajeros (también realizado por parte de la policia).

El enfoque de los terminales es meramente comercial, pues dejan de lado la seguridad vial que podría ejercerse en el momento mismo de albergar a los buses es sus instalaciones.

Los transportadores han empezado a entender que la seguridad es directamente proporcional a la productividad.

Existen compañías que se preocupan por revisar sus buses, por crear departamentos de mantenimiento y seguridad, y es increíble la cantidad de aspectos técnico-mecánicos que se pueden mejorar.

De hecho, hemos inspeccionado (en el taller) una flota de aproximadamente 60 buses para detectar aspectos críticos de seguridad y es desconcertante que el 20 por ciento de los extintores está en mal estado, su fecha ya caducó, o no tienen la capacidad necesaria.

La situación se agrava si se tiene en cuenta que el 75 por ciento tiene problemas con las conexiones eléctricas y, aún peor, cuando le sumamos el 30 por ciento que tiene problemas de llantas.

Así, es fácil concluir que son máquinas de muerte. No obstante, en este caso particular la transportadora ya inició sus revisiones por cuenta propia, lo que esperamos que imiten de manera juiciosa el Ministerio y los terminales, pues al parecer para ellos la vida no vale nada.

*Gerente de Colserauto, centro especializado en peritajes.

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