A las 4 p.m., el paro estaba muerto

A las 4 p.m., el paro estaba muerto

La madrugada de ayer, con pocos buses y miles de bogotanos sin tener cómo llegar al sitio de trabajo, especialmente en el sur de la ciudad, hacía temer que se repetiría la historia de hace tres semanas, cuando Bogotá se paralizó durante casi 48 horas por un paro de transportadores.

26 de mayo 2006 , 12:00 a.m.

Pero a medida que transcurría el día, buses, busetas y colectivos salieron a las calles. Y a las 4 p.m., con excepción de Bosa y Usme, el servicio era prácticamente normal en toda la ciudad.

Por eso poco antes de las 7 p.m., Apetrans, el gremio de pequeños propietarios que había organizado el paro con carácter indefinido, no tuvo otra que tirar la toalla.

El anuncio del fin del paro fue presentado por Apretrans como una demostración de “compromiso con la ciudad” y fue acompañado de un llamado a la Alcaldía para que no eche en saco roto sus reivindicaciones en tres temas fundamentales: la democratización de TransMilenio, el precio de sus buses en el proceso de chatarrización y la reducción de la sobreoferta.

Pero no cabe duda que lo de ayer fue una clara derrota para Apetrans y una victoria para el Alcalde Mayor, Luis Eduardo Garzón.

El problema de fondo Sin embargo, el triunfo de Garzón es temporal, porque lo que se viene en las mesas de negociaciones instaladas hace 15 días para dialogar con empresarios del transporte –que la vez son operadores de TransMilenio– y dueños de buses, puede ser muy tenso.

Y la razón es sencilla. Allí cada uno de los actores está protegiendo su chequera y, a la vez, evitando que otros le metan la mano al bolsillo.

El problema es por plata y no solo por la discusión de cuánto vale un bus viejo: si los 15 ó 25 millones de pesos que ofrece el Distrito por carro, o los 50 ó 90 millones de pesos que piden los dueños.

El tema de fondo es la democratización de la propiedad en el sistema TransMilenio con miras a la fase III que empezará a operar en tres o cuatro años por la avenida Eldorado y las carreras 7a. y 10a.: un atractivo mercado de 600 mil pasajeros día.

Los pequeños propietarios insisten en que los dejen participar en el negocio para que no se repita lo de las fase I y II, donde el 21 por ciento de los socios tienen el 88 por ciento de la propiedad, según un estudio de TransMilenio (TM).

El problema es cómo pueden asociarse los pequeños propietarios a los empresarios más poderosos si la capacidad financiera es desigual.

Víctor Raúl Martínez, accionista mayoritario de operadores de TM, ha dicho con razón que los ‘músculos financieros’ no son los mismos y que así tengan la intención de asociarse, los pequeños propietarios no tienen cómo invertir capital y luego esperar cinco años para recibir utilidades.

Hay que cambiar la estructura Germán Guerrero Chaparro, investigador de la facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional, dice que el primer paso es cambiar la estructura del transporte en Bogotá: caracterizada por empresas que ganan entre más buses afilien, sin importar si hay sobreoferta, y propietarios que viven de un producido diario.

El investigador y experto en transporte urbano de la Universidad de los Andes, Arturo Ardila, dice que la reforma a ese esquema se puede hacer con base en un sistema único de recaudo y con tarjetas electrónicas.

Ardila explica: “Se les debe quitar el manejo del efectivo a conductores y propietarios de buses para lo administre un sistema de recaudo único. Así las empresas dueñas de las rutas pasarán a ganar por pasajero y no por bus afiliado (al que cobran el cupo y una cuota mensual de rodamiento). Ahí se verán obligadas a reducir el parque automotor (porque al ganar por pasajero, no será negocio que rueden buses casi desocupados)”.

Para Guerrero, “la discusión debe salir de cuánto vale el carro. Porque les pueden llegar a dar más plata, pero, ¿qué hacen con ese dinero si no están organizados?”.

Efectivamente, el pago por cada carro no es la salvación. La medida debe ir acompañada con créditos a bajos intereses y con períodos de gracia, sugiere Arturo Ardila.

De hecho, en Ciudad de México, con la entrada en funcionamiento el año pasado del sistema masivo Metrobus, el Distrito entregó 10 mil dólares (cerca de 24 millones de pesos) por vehículo.

“Fueron 1,8 millones de dólares. También se les ayudó a conformar una empresa y a obtener un crédito de 16 millones de dólares con lo cual se completó para comprar articulados. El respaldo de ese crédito fueron los mismos autobuses”, dijo ayer a EL TIEMPO desde la capital mexicana el ingeniero Guillermo Calderón, gerente de Metrobús.

Otra opción es integrar buses de transporte público tradicional como alimentadores de TransMilenio, ya que este es uno de los puntos más débiles del sistema.

Esas pueden ser algunas salidas al dilema de cómo convertir en empresarios a los propietarios de buses si no tienen dinero. Algo paradójico en un negocio que mueve al día 5.000 millones de pesos.

TAXIS INTENTARON HACER ‘OPERACIÓN TORTUGA’.

A las 9:30 de la mañana, un grupo de taxistas adelantó una ‘operación tortuga’, en la carrera 7a., para protestar por la clonación, que ha disparado el número de taxis ilegales a 20.000, y la posibilidad de que haya ‘zonas amarillas’.

A la altura de la Universidad Javeriana, efectivos de la Policía intervinieron y disolvieron a los manifestantes.

TRANSMILENIO ‘DIO LA TALLA’.

TransMilenio (TM) movilizó ayer un 10 por ciento más de pasajeros que en un día tradicional. A las 3 de la tarde, 815 mil bogotanos habían usado el sistema. Al final de la jornada, la empresa reportó 1’300.000 pasajeros movilizados. TransMilenio operó con toda su flota, compuesta por 864 buses articulados y 244 alimentadores.

EL SUR DE BOGOTÁ, LA ZONA MÁS AFECTADA.

San Cristóbal, Usme, Corabastos y la Autopista Sur fueron los sectores donde se sintió con más fuerza el paro.

A las 8 a.m., la presencia de buses era nula. Los habitantes de estos sectores se transportaron en volquetas, carros particulares y hasta en motos que cobraban 2.000 pesos por el viaje hasta una estación de TransMilenio.

26 RETENIDOS POR ACTOS DE VANDALISMO.

Durante el paro, la Policía retuvo a 26 personas por promover bloqueos en las calles y algunos por romper los vidrios de 28 buses del sistema TransMilenio (38 alimentadores y cinco articulados).

Entre el grupo hay siete taxistas que, con tachuelas, intentaron obstruir el tránsito de buses y colectivos en el barrio Diana Turbay.

LA FRASE DE LA JORNADA.

"La representatividad de Apetrans quedó en entredicho, después del paro de ayer, pues no tuvo mayores resultados".

Juan Manuel Ospina, secretario de Gobierno.

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