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QUIÉN ALIMENTARÁ A CHINA

QUIÉN ALIMENTARÁ A CHINA

China está perdiendo la capacidad para alimentarse a sí misma. Cuando esto ocurra, la provisión alimentaria de todo el mundo se verá afectada, proyectando la sombra de la escasez global por primera vez en la historia humana. La población de China aumenta en 14 millones de personas cada año. Sus ingresos también están aumentando a una tasa récord, lo cual significa que el consumo de carne crece todavía más rápido que la población. Al mejorar su condición económica, una de las primeras cosas que la gente de bajos ingresos quiere hacer con su dinero extra es ampliar su dieta para incluir más carne, leche y huevos.

Más carne significa más grano -cuatro kilogramos de grano adicional por cada kilogramo de ave, cuatro para el puerco y siete por cada kilogramo de res que se suma la alimentación. Si no se amplía la provisión de grano al ritmo de los apetitos, los precios de los alimentos se dispararán.

Aunque se está dando este aumento en la demanda del grano, la capacidad de China para producir alimentos se está encogiendo debido a una masiva conversión de las tierras agrícolas a otros usos no tradicionales. La mayor parte de la China es árida e improductiva y la capacidad para cultivar alimentos se concentra en una área relativamente pequeña -un conjunto de valles de ríos que constituye cerca de la tercera parte del país. Esta también es el área en donde se concentra el grueso de la población. Por ello compiten las demandas sobre la tierra- para la construcción de viviendas y caminos y para el cultivo de alimentos.

Parece ahora probable que la producción de granos en China disminuirá por lo menos en un 20 por ciento entre 1990 y el año 2030.

Dependencia externa En el vecino Japón, la creciente demanda de granos, impulsada por la prosperidad y por la fuerte pérdida de tierras arables ante el desarrollo industrial que ha vivido desde mediados del siglo, se han combinado para presionar una dependencia del grano importado que alcanza el 77 por ciento del consumo total. Incluso el emperador come ahora arroz de California.

Es una cosa el que una nación de 120 millones de habitantes dependa del mercado mundial para sus suministros de grano. Pero cuando una nación de 1.500 millones avanza en esta dirección, podría avasallar rápidamente la capacidad de exportación que tienen Estados Unidos y otros países exportadores. Los precios de los alimentos subirán en todas partes.

El déficit de granos en China será enorme, muchas veces el de Japón. En 1990, China produjo 329 millones de toneladas de granos y consumió 335 millones de toneladas y cubrió la diferencia con importaciones. Considerando únicamente los aumentos proyectados en la población sin aumentar el consumo por persona, la demanda china de granos crecerá de 335 millones de toneladas en 1990 a 479 millones de toneladas en el año 2030. Este déficit potencial del grano está amplificando una de las cuestiones más difíciles que han tenido que enfrentar los líderes mundiales: Quién dará de comer a China? El profesor Zhou Guangzhao, director de la Academia China de Ciencias, calcula que al paso que va, China tendrá que importar 400 millones de toneladas de granos del mercado mundial. .

Demanda imposible de saciar Quién podría proveer granos en esta escala? La respuesta: nadie. Desde 1980, las exportaciones mundiales de grano han promediado más o menos 200 millones de toneladas cada año, de las cuales cerca de la mitad vienen de Estados Unidos. Pero Estados Unidos también enfrenta pérdidas de tierra arables y agua para la irrigación ante usos no agrícolas. Y, dado el aumento proyectado de 95 millones de estadounidenses en las próximas cuatro décadas, la mayor parte del cultivo futuro de granos en Estados Unidos se necesitará en casa.

Entre los pocos países que exportan grano, Argentina podría aumentar sustancialmente su producción y quizás duplicar sus exportaciones a ocho millones de toneladas, si adoptara políticas apropiadas de precios agrícolas. Pero esto lograría poco por ayudar a China. Europa, con una demanda y oferta de granos sorprendentemente estable, probablemente pueda mantener las exportaciones cerca de su nivel actual, incluso al aplicar las reducciones que requiere el GATT a los subsidios agrícolas.

China no es la única Al mismo tiempo, se proyectan enormes déficits en otras partes del mundo. Notablemente se calcula que Africa necesitará 250 millones de toneladas de granos para el año 2030 -diez veces las importaciones actuales-. El subcontinente de la India tendrá un déficit varias veces más grande que el actual. Cientos de países que tienen un rápido crecimiento de su población - entre ellos Irán, Egipto, Etiopía, México y Nigeria- se encontrarán frente a enormes déficits alimentarios en el futuro.

Si se desarrolla el caos que se proyecta, el aumento en los precios de los alimentos detendrá por la fuerza la demanda en todo el mundo, reduciendo el consumo entre pobres y ricos por igual. Para estos últimos, significará menos productos ganaderos ricos en grasa y menos enfermedades cardiovasculares, como ocurrió a principios de los 40 cuando se redujeron los embarques de grano al Reino Unido. Pero para los cientos de millones de personas que ocupan las más bajas capas de la escala económica mundial, el consumo de alimentos podría caer por debajo del nivel de supervivencia.

En suma, cuando China se vuelva consistentemente a los mercados mundiales, su escasez de alimentos se volverá la escasez del mundo; su crisis de tierras arables y de agua para irrigarlas se volverán las crisis del mundo. Estemos o no dispuestos a aceptarlo, el futuro económico del resto del mundo está inextricablemente ligado al de los 1.200 millones de habitantes de China.

(*) Lester Brown es presidente del Instituto Worldwatch, el prominente grupo de monitoreo ambiental basado en Washington.

(C). 1994. The Worldwatch Institute. Distribuido por Los Angeles Times Syndicate. Traducción de Sergio E. Avilés.

Costo del consenso en la Conferencia de Población Los sucesivos cambios que se han introducido, en aras del consenso, en el Programa de Acción de la Conferencia sobre Población y Desarrollo (CIPD) han llevado a una sensación generalizada de que el texto final no es satisfactorio casi para nadie.

Cuando todavía se negocia intensamente sobre los últimos párrafos conflictivos, para que el programa pueda ser presentado al plenario antes del fin de la Conferencia, mañana martes, una cierta insatisfacción se ha apoderado de varios bloques de delegaciones.

La Unión Europea, otros países occidentales, la mayoría de los países africanos y algunos caribeños consideran, por ejemplo, muy insuficiente el resultado de los capítulos referentes a salud sexual y reproductiva, planificación familiar y, en general, todo lo que tiene que ver con el control de la mujer sobre su propio cuerpo.

Esta Conferencia sólo tendrá valor si hay un consenso, lo más amplio posible, por eso es imprescindible no ahorrar ningún esfuerzo para ir reduciendo, palabra a palabra, coma a coma, el número de los discrepantes para que quede reducido a una cifra mínima , dijo Joaquín Arango, el jefe de la delegación española.

La impresión de que se han hecho muchas concesiones en aras de ese necesario consenso que permita hablar del éxito de la Conferencia queda de manifiesto por el hecho de que ya el primer día, el 5 de septiembre, el texto alternativo al de la ONU presentado por la UE obtuvo una abrumadora mayoría de apoyos entre las delegaciones.

Sólo 18 países, del bloque católico encabezado por el Vaticano y algunos islámicos, expresaron sus reservas a un texto que todos los observadores consideraron como muy prudente y una base de discusión más conveniente que el documento original.

La férrea oposición de la Santa Sede, que en un momento dado quedó prácticamente sola frente al resto, fundamentalmente en todo lo referido a la sexualidad así como al destino de los recursos que apruebe la conferencia, causó incluso uno de los incidentes más sonados. El representante del Vaticano fue abucheado por lo que muchos delegados calificaron de actitud obstruccionista, y desde ese momento comenzó una ardua negociación sobre los términos.

Según delegados occidentales, a base de hacer concesiones, uno de los principios básicos que debe reflejar el documento final, la necesidad de hacer frente al rápido crecimiento demográfico, apenas aparece en el texto.

La complicación para conseguir un texto consensuado aumenta si se tienen en cuenta las diferencias que existen incluso dentro de los bloques de países. Todo ello sin olvidar el factor islámico, que también ha tenido un gran peso en las negociaciones, especialmente ante la exigencia de estos países de que sus creencias religiosas, tradiciones y culturas se antepongan a cualquier programa de Población.

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