L A O T R A O P I N I O N OTRA VEZ EL BOLÍGRAFO

L A O T R A O P I N I O N OTRA VEZ EL BOLÍGRAFO

El lunes entrante se conocerá la magnitud real del desastre de la Constituyente. Es lo que pasa siempre con la conformación de los cuerpos colegiados. Al cierre de listas, el pueblo se lleva la primera sorpresa: no conoce ninguno de los candidatos por los que está obligado a votar. Quizás por eso hay tanta abstención. A partir de la inscripción de listas, el sistema democrático queda cerrado, y como en la inscripción no interviene el pueblo, su soberanía queda recortada de ahí en adelante por las audacias del clientelismo.

27 de octubre 1990 , 12:00 a. m.

Entonces uno comienza a escudriñar las listas para tratar de salvar la conciencia, y en ese momento entra el sistema de cuocientes y residuos a hacer imposible la escogencia de un hombre de bien. Porque si realmente las cabezas de listas son notorias, (casi siempre), los segundos y terceros renglones resultan tan opacos que uno piensa que son infiltraciones. En el caso de la Constituyente, esto se hace más grave porque la unión de listas, bajo la égida de los barones, va a producir ocho, diez, doce elegidos en cada una de las principales listas. Si el voto de uno eligiera solo al primero, con gusto se podría votar. Pero ese voto puede elegir personas exóticas y desconocidas que luego, ya en la Asamblea, se ríen de las jefaturas políticas. Ellos van allí a representar intereses ocultos, personales, distintos del bien común. Por ello, al no haber eliminado el sistema de listas, se le ha entregado la Constituyente al clientelismo tradicional.

Por esta razón también, muchas figuras políticas de conocida impopularidad han visto en estas elecciones la posibilidad de reencaucharse. La Constituyente ha resucitado la antigua figura del bolígrafo, que estaba casi desaparecida del escenario político. Como aquí no hay voto de maquinaria --se presume-- la figura que encabeza lista arrastra los votos. Ese mecanismo le permite imponer su autoridad en la conformación de las listas, devolviéndole ese poquito de poder político, el del bolígrafo, que en un país donde los políticos no tienen ideas, es esencial para sobrevivir.

El único requisito que no se ha pedido para ser constituyente, es el de ser abogado. Pero es, sin lugar a dudas, el más esencial. Se trata de escribir una Constitución Política de la cual se deriven las leyes sociales. Y no se ve cómo el conocimiento del derecho pueda ser sustituido por cualquier capricho gremial.

Unos quieren ser candidatos de la provincia, absurda pretensión con la cual se renuncia a la Constitución Nacional. Otros, casi todos, son candidatos de la nueva Colombia , con lo que se proyecta un desprecio anti-histórico por la tradición cultural y política de un país con éxito. Muchos, desorientados por los periodistas que ha fletado el Gobierno para sus cuñas de televisión, creen de veras que la Constituyente va a resolver el problema ecológico, el de los minusválidos, el de la paz... Problemas críticos como la inflación y el desempleo recibirán un tratamiento constitucional que francamente escapa a la imaginación más aguda. Y todas las esperanzas nacionales se han colocado, falsamente, en ese cuerpo de sabios redentores, cuyos nombres conoceremos, para incrementar nuestro susto, el lunes por la mañana.

Y mientras esto sucede, el Gobierno se ha declarado en receso.

La apertura se empantanó, por la presión de unos sindicatos. Nuestro amable Minhacienda, que se atrevió a hablar del diez por ciento de inflación, reconsideró la cifra por encima del veinte por ciento. En medio de la incertidumbre, las importaciones no aparecen, la inversión extranjera es esquiva, y los secuestros se multiplican como panes.

El liderazgo presidencial, exhausto con el triunfo de la sentencia de la Corte, no parece dar más. Pero la realidad es que en medio del caos que se nos ha desatado, la esperanza que tenemos es la de que el Presidente se decida de una vez por todas a gobernar. Además de la suspensión de la Constitución por un año, o más, no podemos también suspender las acciones de gobierno. O sería más exacto decir continuar la suspensión que le decretó Barco al Gobierno...

Reunir una Constituyente populista con un 30 o 40 por ciento de inflación puede ser el ingrediente que le falta a nuestra democracia, para estallar en pedazos. Ojalá nuestros pesimismos no tengan justificación. Hay temas en los cuales es mejor estar equivocado. Este es uno de ellos.

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