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PERSONAJES, CUSTODIOS DE ESPADA DE BOLÍVAR

PERSONAJES, CUSTODIOS DE ESPADA DE BOLÍVAR

La historia completa de la espada de El Libertador, Simón Bolívar, que el jueves pasado fue devuelta al pueblo colombiano, tal vez no se sabrá jamás. Sinembargo, EL TIEMPO conoció el secreto mejor guardado por el Movimiento 19 de Abril (M-19) en toda su existencia: 12 personalidades, de diveros países de América Latina, entre ellos algunos ex jefes de Estado, dirigentes políticos, jerarcas de la Iglesia, intelectuales y hombres de arte, integraban un grupo especial para custodiarla: La Orden de los Guardianes de la Espada de Bolívar.

Era algo así como una cofradía. Una especie de logia, rodeada del máximo sigilo, a tal punto que ninguno sabía quiénes eran los otros miembros.

La Orden de Guardianes de la Espada se creó entre 1986 y 1987.

Por esos días, el M-19 estaba muy preocupado por la seguridad de la histórica reliquia, que al anochecer del 17 de enero de 1974 se había llevado de su urna dorada en la Quinta de Bolívar un comando encabezado por Alvaro Fayad Delgado.

Entonces, se les ocurrió crear, por fuera del país, una comisión de eventuales custodios de la espada de Bolívar, el máximo símbolo de libertad de los colombianos.

La propuesta fue debatida largamente. Después, cuando decidieron ponerla en marcha, hicieron una lista de sesenta personalidades e instituciones de América Latina.

Todos ellos debían identificarse con los sueños de Bolívar: la unidad de América Latina y la construcción de la enorme patria americana , según dijeron a este diario las múltiples fuentes consultadas, tanto en el país como en el exterior.

De aquellos sesenta preseleccionados, escogieron luego a 12 y los visitaron personalmente. Todos aceptaron. Sin embargo, ocho de ellos hicieron una exigencia expresa: mantener en reserva su identidad, a menos que autoricen divulgarla.

Los otros cuatro son: José Figueres Ferrer, tres veces presidente de Costa Rica, quien murió el 7 de junio del año pasado; los herederos del general Omar Torrijos Herrera, el hombre fuerte de Panamá, muerto en un accidente aéreo el 31 de julio de 1981, a quien se incluyó en acto póstumo; monseñor Sergio Méndez Arceo, ex obispo de Cuernavaca (México) y las Madres de la Plaza de Mayo, de Argentina. El ritual Se les invistió de guardián por separado, en su respectivo país y en ceremonia especial. Fue todo un ritual.

A cada uno le se entregó personalmente una carta, un pergamino y una pequeña réplica de la espada en oro puro, a excepción de Torrijos, que hacía cinco años había muerto. El M-19 decidió entonces que los recibieran sus herederos. Los trámites se hicieron a través del hombre de más confianza del general, el teniente y poeta José de Jesús Chuchu Martínez, quien murió hace poco.

En el caso de Figueres, hubo un testigo de excepción: Enrique Carrera, su confidente durante 25 años y ahora su heredero político y académico.

Carrera, que fue embajador ante la Organización de Naciones Unidas (ONU) y representó al gobierno de Figueres en muchos otros actos oficiales, confirmó plenamente la versión a EL TIEMPO: Sí. Yo soy ahora el depositario de la carta, el certificado y la réplica de la espada que el M-19 le entregó al ex presidente. Los conservo en un sitio seguro, fuera de San José, junto con otros documentos que hacen parte de la historia de Costa Rica y de América. Celebro que el M-19 no solo sea ahora una fuerza política legal, sino que la espada de Bolívar haya regresado a su lugar. Los costarricenses siempre hemos deseado la paz para el hermano pueblo de Colombia .

De aquellos actos quedan algunas anécdotas. Figueres, por ejemplo, estaba convencido de que ese día le iban a entregar la espada auténtica y tenía lista una caja fuerte para guardarla. Cuando recibió la pequeña réplica, se desconcertó por un instante. Luego, rió de buena gana.

En el caso de las Madres de la Plaza de Mayo, en Buenos Aires, fue distinto. Una de ellas, que quería conservar un recuerdo de ese día, filmó la ceremonia.

Algunas fuentes afirman que La Orden de Los Guardianes fue puramente simbólica y que en realidad ninguno de sus miembros recibió la espada. De todas formas, les explicaron que alguna vez podrían confiársela y les pidieron mantener la reserva.

Como si todo eso fuera poco, el M-19 estableció un mecanismo especial para elegir al eventual depositario. Era un sorteo secreto. Algo así como una polla.

Por eso, tal vez nunca se sabrá si alguno de ellos la tuvo, dónde, qué tiempo, ni bajo cuántas llaves.

Y aunque la espada traspasó varias fronteras, para el M-19 nunca salió de la patria, porque la patria que soñó Bolívar era toda América Latina . Casi se pierde La espada siempre ha estado rodeada de un halo de misterio: ni en la Academia Colombiana de Historia ni en la Quinta de Bolívar, por ejemplo, saben exactamente su origen ni cómo llegó a manos de El Libertador.

Y aunque fue devuelta el jueves pasado, la historia total de los 17 años y 14 días que estuvo lejos de su sitial de honor no se sabrá jamás. La razón es sencilla: nadie la sabe completa.

Ni siquiera el M-19 la podrá reconstruir, paso a paso, porque casi todos sus comandantes murieron llevándose algún secreto a la tumba y sus dirigentes actuales apenas conocen los capítulos más sobresalientes.

Hace casi un año, por ejemplo, estuvieron a punto de perder para siempre la pista de la espada. Fue durante los días de convulsión en Panamá luego de la llegada de las tropas de Estados Unidos que depusieron al general Manuel Antonio Noriega, quien, luego de permanecer unos días en la Nunciatura, terminó por entregarse.

Desde que el M-19 firmó el acuerdo de paz decidió devolver la espada, pero, aunque parezca extraño, era cierta la paradójica respuesta que siempre daba Antonio Navarro Wolf: Sabemos cómo llegar a ella... pero no dónde está .

A finales del año pasado, recuperaron la pista a través de algunos varios viajes y de avisos de prensa. Mejor dicho, la historia casi termina como comenzó: con avisos en los periódicos. Las FARC Todo el país recuerda que días antes de llevársela, el M-19 puso unos avisos extraños: Parásitos? Ya llega M-19 . Todo mundo creyó que era un purgante. Nadie sospechó que era un grupo guerrillero, que irrumpió llevándose la espada, la que durante algún tiempo guardó en Bogotá en casa de un poeta.

Esa historia es conocida. Lo que pocos saben es que la espada estuvo a punto de caer en manos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), cuando el M-19 ni siquiera existía.

Sucedió en 1970. La idea fue de Luis Otero Cifuentes. Se le ocurrió cuando leyó un libro sobre Los Tupamaros, grupo guerrillero del Uruguay, en el que se narraba cómo este se había llevado la bandera de Artigas.

Otero le propuso a Jaime Bateman hacer lo mismo con la espada. Los dos pertenecían en esa época a las FARC. De inmediato, consultaron a Manuel Marulanda Vélez, Tirofijo , y a Jacobo Arenas. La respuesta fue tajante: No. Ese es un trasto de museo .

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