DESPEGÓ TRAVESIA CIENTIFICA EN LA III EXPEDICIÓN A GORGONA BALLENAS CARDÍACAS

DESPEGÓ TRAVESIA CIENTIFICA EN LA III EXPEDICIÓN A GORGONA BALLENAS CARDÍACAS

Las proezas cardiovasculares de las ballenas van lejos: son capaces de sumergirse bajo 400 metros de profundidad, a una presión de 25 atmósferas, y subir rápidamente a respirar en la superficie sin ningún sistema especial de descompresión. También espectacular es el imperturbable palpitar del corazón más grande del mundo. Bombea mil litros de sangre en cada contracción durante su eterno viaje por las oscilantes temperaturas y presiones oceánicas. Su ventrículo es capaz de alojar a un hombre de pie y por sus arterias podría gatear un bebé.

01 de octubre 1990 , 12:00 a. m.

El poderoso músculo se adapta sin esfuerzo tanto a las gélidas aguas polares como a los tibios mares tropicales, con una frecuencia cardíaca de siete pulsaciones por minuto en la superficie y cuatro bajo los cien metros de profundidad.

Gracias a su capacidad cardiovascular, permanece bajo el agua hasta veinte minutos. No sufre arritmias, calambres, ni la narcósis que afecta a los buzos por acción del nitrógeno en la sangre.

Comparado con el corazón humano -- 4.500 veces más pequeño, con apenas 120 centímetros cúbicos de sangre bombeados en cada contracción, y vulnerable a los cambios bruscos de presión y temperatura-- el de la ballena representa un diseño a escala, cuyo secreto funcionamiento podría dar luces a la ciencia médica.

Justamente con esa intención, partió ayer al Parque Nacional Natural de la Isla Gorgona, la III Expedición en Investigaciones Electrocardiográficas en corazones de ballenas. Fruto del trabajo de 25 científicos, entre ellos el experto mundial Roger Payne, la travesía será también un llamado para proteger esta especie en peligro de extinción.

Armados de radares, cámaras de video, globos aerostáticos y equipos especialmente diseñados en Bogotá, los científicos dirigidos por el ingeniero Jorge Reynolds, pondrán a prueba la viabilidad de un proyecto en el que se han sumergido desde hace más de dos años: practicar registros electrocardiográficos por vía satélite de cinco ballenas libres durante un año entero.

El proyecto, en el que participarán expertos mundiales, fue protocolizado en diciembre de 1987 durante la VII Conferencia Bienal de Biología en Mamíferos Marinos realizada en Miami, Florida.

Desde ese momento --dice Reynolds-- se empezó a trabajar en un proyecto de tres o cuatro años, cuya etapa intermedia se cumplirá esta semana para probar los equipos fabricados por colombianos .

Entre los aparatos se destaca el módulo o sistema de acoplamiento a la ballena que se le implantará con ganchos especiales justo detrás del espiráculo, orificio de respiración ubicado en la nuca.

El módulo contiene los equipos electrónicos que transmitirán la señal al satélite el año entrante. De paso, darán luces sobre las rutas migratorias de las eternas viajeras.

El minisubmarino Spy II, dotado con cámaras de video y fotografía, y accionado a control remoto, también pasará su prueba de fuego cuando se sumerga para filmar el comportamiento de los colosales mamíferos. Ojalá --dicen los biólogos-- que pueda captar el parto de un ballenato, o el momento de apareamiento de las jorobadas que, como todos los años por ésta época, están en Gorgona celebrando sus rituales de seducción y copulación .

El Spy II estará conectado por radio control de cable con una de las lanchas de los científicos. En un monitor de televisión se observarán los avatares del minisubmarino. Electrodos en el lomo El corazón humano parece ser un órgano autónomo, no dependiente del cerebro. Aún no se sabe si ocurre igual con la ballena, duda que entre otras, aspira a dilucidar la investigación.

L3] De cualquier modo, los dos órganos funcionan básicamente mediante un sistema químico que genera voltaje o corriente eléctrica. Para latir normalmente, el corazón de un hombre genera en cada contracción un milivoltio en una décima de segundo, aproximadamente.

En un minuto ha realizado este ciclo 70 veces, en forma de pulsaciones. El cetáceo requiere dos o tres milivoltios y cerca de cuatro segundos para cada ciclo cardíaco.

Tal actividad eléctrica es medida por aparatos sensibles que conectan electrodos a la piel del mamífero humano o marino, mediante la técnica del electrocardiograma.

Para lograr varios y prolongados registros, los científicos emplearán en Gorgona el mismo método de las expediciones de 1984 y 1985: Desde la lancha en movimiento, se dispararán dardos metálicos de radio frecuencia, de unos 25 cmts de largo, con una ballesta o especie de arco.

Incrustados en la gruesa capa de grasa que cubre al animal para protegerlo de las temperaturas polares, los dardos conectados a electrodos traducirán la frecuencia cardíaca de un corazón capaz de alojar a un hombre de pie en su ventrículo. exhala, respira... identificación es la denominación científica de lo que se vislumbra como una de los más novedosos experimentos de esta expedición: Grabar en cinta magnética de alta fidelidad los sonidos producidos durante varias respiraciones de las ballenas, cuya frecuencia de onda, al parecer, es única e individual, como la voz humana.

De ser así, el experimento sería un aporte clave para establecer los patrones de identificación de los cetáceos. Difícil labor ya que sus desplazamientos interoceánicos, generalmente bajo la superficie, impiden un seguimiento exacto.

La biológa marina Lilián Flóres, quien participará en la expedición, visita la Isla Ciencia desde hace cinco años para establecer quién es quién en el código de los cetáceos: cuáles regresan, cuáles cantan, quiénes son los padres de un ballenato, cuánto dura una pareja estable, a dónde viajan, cuál es su promedio de vida, y un sin fin de misterios más...

Hasta el momento, la forma de identificarlas ha sido a a través de las manchas blancas de su cola, equivalentes a las huellas digitales de los humanos.

Esta información, al igual que los resultados de la expedición, se intercambiarán con científicos de otras latitudes, ya que las cantantes del mar no tienen fronteras.

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