PAVIMENTAR LA SABANA

PAVIMENTAR LA SABANA

A la actual administración de Bogotá le giraron un cheque en blanco, de cuyo uso depende en gran medida el desarrollo de la ciudad en la próxima década. El alcalde Juan Martín Caicedo Ferrer debe reglamentar en el curso de los próximos meses el Acuerdo 6 de 1990, o Estatuto para el Ordenamiento Físico de Bogotá, presentado por el anterior Gobierno Distrital.

28 de octubre 1990 , 12:00 a. m.

Es que hasta ahora, la capital colombiana ha carecido de mecanismos organizados y sistemáticos para planear su desarrollo a mediano y largo plazo.

Desde el Plan Regulador para Bogotá, elaborado por Le Corbusier a finales de la década del 40, se ha intentado dotar a la ciudad de instrumentos de planeación, pero ninguno ha sido integral ni se ha cumplido a cabalidad.

Se destacan el Estudio de Desarrollo Fase II, preparado por la firma Lewllyn Davis y asociados en 1979, y los trabajos auspiciados por el Banco Mundial, recogidos en el volumen La Ciudad, así como el primer Plan de Desarrollo para Bogotá, contemplado en el Acuerdo 7 de 1979, y que reformó el 6 de la administración Pastrana Arango.

El Acuerdo 7 buscaba consolidar la ciudad ya construida y delimitar su perímetro con unas zonas llamadas agrológicas 1, 2 y 3, establecidas de acuerdo con el grado de su vocación para las actividades pecuarias y agrícolas.

Sinembargo, según Luis Kopec, presidente de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, seccional Bogotá, Cundinamarca, el Acuerdo 6 cambió las tierras agrológicas y las volvió terrenos suburbanos, con la premisa de que es mejor legalizar lo que ya existe a voltearle la espalda.

Lo que se hizo --dice Kopec-- fue habilitar todas las zonas aptas para la agricultura en terrenos urbanizables . Expansión innecesaria Un enconado crítico del Acuerdo 6 es Rubén Darío Utria, experto en planificación regional y urbana y consultor de la Organización de las Naciones Unidas y de otras entidades internacionales.

A Utria le parece muy delicado que esa norma propicie la expansión horizontal de la ciudad.

En eso es enfático: Bogotá no puede seguirse extendiendo horizontalmente. Está asentada sobre una zona de alto riesgo y sobre un ecosistema supremamente frágil. Además, toda aproximación al río es un atentado a la naturaleza .

Y explica: El ecosistema está contaminado, se arruinó el agua, las cuencas se pavimentaron, los bosques fueron arrasados, los cerros se erosionaron y, además, la ciudad se ha extendido horizontalmente en forma ineficiente e innecesaria .

La ineficiencia surge de que cada metro que se extienda la ciudad representa más tiempo de transporte, mayores costos de servicios, pérdida de energía, etcétera.

La expansión horizontal ha sido innecesaria, según el experto planificador, porque hay muchos espacios vacíos que alcanzarían para alojar a otra gran ciudad y porque el predominio de la construcción baja (de un piso) en una gran urbe no es práctico ni económico. Un caso sui generis El crecimiento de Bogotá ha sido muy particular.

Durante los años 50 y hasta mediados de los 60, la ciudad experimentó un ritmo acelerado de crecimiento poblacional provocado por las migraciones: el volumen medio anual de nuevos habitantes entre 1951 y 1964 fue de 79.000, alcanzando una tasa de crecimiento del 7.26 por ciento. Ello significa que doblaba su población cada 11 o 12 años.

Así, durante la década del 60 y los primeros años del 70, la mayoría de los estudios sobre crecimiento demográfico de Bogotá supusieron que las elevadas tasas se mantendrían hasta el final de la década.

Esto condujo a estimar poblaciones del orden de los 5.1 millones en 1980 y diez millones en el 2000.

Sinembargo, el censo de 1973 determinó que el ritmo de aumento poblacional se había reducido en cerca del 15 por ciento, debido al descenso de la tasa de fecundidad y de los flujos migratorios hacia la capital.

Y la tendencia es a que siga decreciendo el nivel de incremento demográfico. Los datos más actualizados del Departamento Administrativo de Planeación Distrital (DAPD) indican que la población total de Bogotá es hoy de 4 852.256 habitantes, con una tasa de crecimiento del 2.6 por ciento y que se proyecta para 1995 de 2.54 por ciento.

Los estimativos dan cuenta que, de seguir esa tendencia, la capital colombiana tendrá 5 509.576 habitantes en 1995 y 6 173.091 en el 2000.

El área urbana de Bogotá es de 30.300 hectáreas, de las cuales se encuentran sin edificar 2.500, aproximadamente. De estas no tienen tramitación 1.500 hectáreas, las cuales deberán suplir a corto plazo las demandas de tierra para las diferentes actividades.

Sinembargo, la ciudad, por tener un crecimiemto básicamente expansivo, puede considerarse de baja densidad: 167 habitantes por hectárea.

Y aunque la metrópoli ha concentrado grandes esfuerzos para satisfacer la demanda de servicios públicos, no ha enfrentado paralelamente soluciones determinantes en el manejo de aspectos como el ambiente, la construcción de vías y un sistema racionalizado de transporte. Nuevo Plan de Desarrollo El atraso en los factores determinantes para el control de la expansión de la ciudad debe equilibrarse de manera que permita una adecuada política de ordenamiento urbano.

Así lo reflejará el Plan General de Desarrollo que en breve presentará el director del DAPD, Jorge Bustamente, al Concejo de Bogotá.

El Plan, conocido anticipadamente por EL TIEMPO, parte de la base de que fracasó la propuesta que planteaba que la ciudad moderna no era compatible con la antigua y también la que sostenía que la ciudad moderna podía ser pensada como un hecho unitario, susceptible, por tanto, de una intervención globalizante, única y generalizable.

La realidad demostró --dice Bustamente-- que la ciudad antigua subsistió y no pudo ser asimilada ni reordenada según los nuevos principios. Por el contrario, hoy se reivindica como uno de los propósitos básicos en política urbana la conservación y restauración de los centros históricos de las ciudades .

El Director de Planeación Distrital asegura que además entró en crisis la política de expansión de las fronteras de la ciudad y la ocupación de nuevos territorios con zonas de vivienda, a costa de los recursos naturales, de los valores ecológicos, ambientales y urbanos.

Hoy --dice-- ha cobrado fuerza la tesis de que la ciudad debe seguir reconstruyéndose sobre sí misma, reutilizando el territorio, renovando sus áreas deterioradas, densificándose de manera integral y racional .

En síntesis, la nueva administración no quiere que la ciudad crezca horizontalmente. Por el contrario, va a propiciar con incentivos tributarios, tarifarios, contractuales y fiscales la densificación en el perímetro urbano.

Bustamente cree que hay una subutilización del área urbana y por tanto hará una reglamentación bien sensata del Acuerdo 6 de 1990 que, considera, sí abrió las puertas para la expansión horizontal de Bogotá.

Estamos dispuestos -- concluye Bustamente-- a impulsar el desarrollo de una ciudad amable y a densificarla integralmente, esto es, mejorando su infraestructura de servicios, vías, parques y espacios públicos .

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