Secciones
Síguenos en:
¡Una muerte lenta y feliz!

¡Una muerte lenta y feliz!

En Semana Santa, la gente religiosa reza en las iglesias o hace peregrinaciones a lugares de significado espiritual. Como esto no es lo mío, mi peregrinaje fue gastronómico: me fui para Lima (Perú). Y obviamente el destino fue Astrid y Gastón.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
22 de abril 2006 , 12:00 a. m.

Lima es una ciudad que se dedica a comer bien. Además, tiene turismo gastronómico en cantidades. Hay restaurantes y reposterías en cada cuadra.

Allí, como en mi columna, la gente vive para comer. ¡Es mi gente! La ciudad es lindísima y esta junto a uno de los mares más prolíficos del mundo. Son los peruanos, junto con los españoles, los italianos y los japoneses, los que más saben de pescado en el planeta.

Astrid y Gastón es el restaurante ‘catedral’ más imponente del continente y Gastón Acurio es su ‘papa’. Él es el dueño de un imperio gastronómico enorme. Tiene marcas como Astrid y Gastón, Tánta, La Mar, y está a punto de abrir una sandwichería y una anticuchería (pinchos). Astrid y Gastón ya está en Santiago (Chile), Lima (Perú), Quito (Ecuador), Bogotá y Panamá. El año entrante va a abrir restaurantes en Nueva York (E.U.) y en Londres (Reino Unido), dos de los mercados más competidos del mundo.

¡Llegué al restaurante después de un corre corre gastronómico impresionante! A las 11:30 a.m. habíamos ‘tapiado’ en Tánta un carpaccio de pato maravilloso. Almorzamos en La Mar a las 12:30 p.m. ¡Nos comimos 10 platos! A las 4 p.m., almorzamos otra vez en El Señorío del Sulco, y a las 9:30 p.m. estuvimos en Astrid y Gastón para probar su menú de degustación.

Menos mal que la calidad de la comida era tan buena que logró estimular mi apetito. ¡Una muestra de los milagros de Semana Santa! La casa es linda, pero no tanto como la de Bogotá. Lo mejor de la decoración es el arte colgado en las paredes. El servicio, bajo el mando de Alfonso Candotti, alcanza niveles que solo podemos soñar en Bogotá. Se mueve como un bailarín de ballet en su espacio, y las descripciones de sus platos son como poesías del más alto nivel, declamadas por un actor de teatro genial.

Arrancamos la velada con un tiradito (no, señores, no se trata de lo prohibido en Semana Santa; ¡se trata de un pes-cado!). Es un cebiche servido no en cubitos sino en láminas casi transparentes. El lengua-do es el de verdad, el de aguas frías, y había sido pescado con arpón. Así, al desangrarse, la carne mantiene un aspecto casi transparente. El plato parecía haber sido deco-rado por Miró cuando se hallaba en el punto más alto de su pintura. Iba acompañado por un vino Apostele Chardonnay de Chile.

¡Fabuloso! El siguiente plato fue uno de los mejores que he probado. En vez de servir el foie con manzana, como en Europa, ¡buscaron volverlo latinoamericano! Venía en un pincho con mango y una torta de maíz, rodeado de una salsa de caramelo. Obviamente, lo acompañaron de Sautern, un matrimonio hecho en el cielo.

El plato que menos me gustó fue el del lenguado a la plancha con reducción de caldo de pescado. El pescado se había pasado de punto y la salsa no ayudó nada. Eso sí, el arroz chaufa es mundial, el mejor que he probado. Lo hacen igual en Bogotá.

Luego vino cabrito lechal, tal vez el mejor plato de Gastón. ¡Qué delicia! Venía con papas parecidas a las criollas, pero de diferente forma, machucadas en mortero para dejarlas con textura. Sirvieron vino Catana Alta de cinco diferentes cepas de malbec. Terminamos los platos principales con un cochinillo; la piel parecía de pato Pekín, crocante sin ser dura. La salsa no le agregó nada.

Los postres los hace Astrid, la socia-esposa, que es un genio en repostería.

Su versión de suspiro limeño es una maravilla. Rematamos con un café peruano orgánico, de excelente calidad, y un pisco Acholado Ferreiros, que abrió mi paladar a este excelente trago.

Fue una experiencia maravillosa; ¡un error de ellos es un éxito en cualquier otro restaurante! Terminé despidiéndome de mis amigos para siempre, pensando que me iba a morir por la comilona tan tenaz que nos habíamos pegado. ¡Pero por lo menos iba a morir feliz! viviparacomer@eltiempo.com.co *Este viaje fue una invitación de la cadena colombiana GHL, al Hotel Olivares, en Lima (Perú)

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.