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Las evaluaciones de los maestros

Las evaluaciones de los maestros

Las primeras reacciones ante los recientes exámenes para ocupar cargos docentes fueron muy pesimistas. Casi todos los observadores concluyeron que el resultado indicaba una terrible situación: solo la cuarta parte de los candidatos aprobaron los exámenes. No obstante, al mirar las cifras con cuidado, las conclusiones deben ser más matizadas.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
22 de abril 2006 , 12:00 a. m.

En efecto, hay que tener en cuenta que el punto de corte para estas pruebas se fijó teniendo en cuenta el número de nombramientos previstos. Por lo tanto, no parece posible, con los datos publicados, saber si los resultados fueron mejores o peores que en la convocatoria anterior, cuando 43 por ciento de los participantes pasaron la barrera de aprobación. Como el punto de corte varió, no se pueden hacer comparaciones entre un examen y otro.

Pero el examen sirve para hacer distinciones entre los candidatos y permite ver que a los profesores más jóvenes les fue mejor que a los mayores. La diferencia no es muy grande, pero existe y puede indicar que las facultades de educación son mejores ahora que antes. También permite comprobar que hay departamentos donde los resultados son muy pobres, y que los candidatos locales no llenaron ni una parte mínima de los cupos disponibles.

Como en otras regiones mucha más gente de la requerida pasó el examen, lo lógico sería nombrar a los que aprobaron. Sin embargo, lo más probable es que predomine el regionalismo sobre los intereses de los niños y se prefiera a un maestro mal preparado, pero local, a uno bien preparado de otra parte, aun en el caso de que los que pasaron y no fueron nombrados acepten irse a trabajar fuera de su ciudad.

Desde el punto de vista social, debe subrayarse la importancia de que se usen exámenes y no palancas ni criterios clientelistas para escoger a los maestros. Este es un avance histórico, y los padres de familia y el país deben sentirse mucho más tranquilos al saber que se va a nombrar solo a maestros que pasaron de cierto puntaje. Esto refuerza un proceso lento pero importante: la profesionalización real de los docentes. Y a la larga, puede servir para mejorar el atractivo de la carrera docente, si se acompaña, como lo prevén las normas actuales, de buenos mecanismos para que los ascensos y las mejoras en los sueldos correspondan a una calidad mejor en su trabajo y para atraer y conservar a los mejores docentes, sea que provengan de las facultades de educación o de otras disciplinas.

El peor efecto del bajo reconocimiento social de la educación es que a las facultades de educación entran, ante todo, estudiantes que no pueden pasar en las carreras más competitivas. A largo plazo, sería clave que pudieran crearse incentivos y becas atractivas para los bachilleres con puntajes altos que decidan entrar a las facultades de educación. Un sistema que cada año selecciona, por lo que parece, a los estudiantes de menor nivel para convertirlos en los educadores de las generaciones futuras, no podrá lograr una mejora sustancial de la calidad de la educación que el país requiere. editorial@eltiempo.com.co

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