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Ambrosía

Ambrosía

Se aproxima el segundo cuatrienio Uribe. Eso puede ser bueno o malo. A juzgar por la virulencia de la oposición, que saca de quicio al Presidente, a Colombia la esperan las 10 plagas y más. La figura de la reelección resulta todavía una incógnita institucional. Durante el siglo pasado destiló un tósigo letal para un país disperso y despoblado. A la actual Colombia, abrumadoramente urbana, podría saberle a ambrosía. Está por verse.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
21 de abril 2006 , 12:00 a. m.

Lo que sí ya se está viendo es el impacto de la reelección sobre los partidos. Las agrupaciones cuasinarco-‘paras’ no sobrevivirán más allá de la extradición. En cuanto a los protestante-cívico-religiosos, quedó demostrado que es más fácil unificar un jardín de orates. Con que se eleve un tris más el umbral cesarán los intentos suicidas. Sobreaguan el Partido Conservador, el Liberal y el Polo Democrático. No se mencionan las agrupaciones Uribe-caudillistas que están destinados a realinderarse. Desaparecerán del firmamento como estrellas fugaces al eclipsare su razón de ser: la reelección.

Los liberales tendrán futuro una vez deslastren veleidades socialdemócratas, que carecen de credibilidad. Esa esquina está copada por el Polo, partido de centro izquierda neto, que en algún momento tendrá que poner en su sitio a embrolladores mamertos recalcitrantes, si quiere ser alternativa de poder.

Al liberalismo, por su parte, le tocará despercudirse y, al enfrentarse a las consecuencias de la catástrofe serpista, hacerse la reflexión de que ya no hay cabida para un partido empeñado en ser todo para todo el mundo. No puede seguir viviendo de pretendidas fortalezas clientelo-regionales, cuyas debilidades quedaron desnudas en marzo. Si le dice adiós a la demagogia y recupera la vocación de centro logrará quizá recoger la astillas dispersas por el huracán reeleccionista.

Lo que se dice del liberalismo es también verdad para el conservatismo, pero mirando hacia la derecha. Su fidelidad al orden, al que sirve desde su fundación, es un paral sólido para reconstruir un partido moderno. Por eso es creíble su uribismo. Lo podría complementar una franca postura en pro de las virtudes del mercado como creador de riqueza, sin intentar al mismo tiempo la flauta a la defensa de derechos adquiridos, a veces odiosos. Esa dicotomía conduce a la soledad de Chirac. Y sobre todo, los ‘goditos’ deberán atreverse a proclamar conservatismo sin remilgos vergonzantes.

No hay cupo para más. La ley de los partidos tiene su gracia. Y a nadie le cae mejor que al propio Presidente. Su conocida alergia por las tradicionales dirigencias políticas de sopita y seco (de las que él, a regañadientes, es connotado exponente) ha salido vindicada. Más aún, ahora podrá reducir la dosis del clientelismo para cristalizar mayorías en un congreso que de por sí le es afecto. Con la ley de bancadas será suficiente repartir la mitad de los caramelos para que las agrupaciones queden amelcochadas. Con delegarle la distribución a la jefes y dejar que ellos carguen con las revueltas, será suficiente para poner las melcochas a punto.

Melcochas delicadas porque se derriten al calorcillo de precandidaturas recalentadas.

Don Sancho Jimeno reflexionaba mientras recorría las garitas del San Luis de Bocachica, para asegurarse que a sus centinelas no los cogía el sueño. Es temprano en abril de 1697 y todavía soplan los alisios. El frescor de la noche juega malas pasadas. Tendrán que estar bien alertas para cuando se aproximen los bucaneros de Petit Guave, que son unos despiadados malandrines. Cartagena va a sufrir sus insultos y vejámenes.

Las disquisiciones de Don Sancho versaban acerca del partido francés y el partido austriaco, que se disputaban la sucesión del la Monarquía española, Monarquía inmensa a la que nunca abandonaba el sol. Intuía que la ya próxima muerte sin descendencia de su rey, Carlos II el Hechizado, iba a desatar una conflagración mundial que desmembraría las Españas. Habrá por estas tierras de Dios madurez suficiente como para que el ocaso del gobernante se desenvuelva dentro de sanas emulaciones. ¿Depara el futuro ambrosías o acerbas pociones? Por los indicios, hay mucho sobre qué meditar

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