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Desde Teherán con amor

Desde Teherán con amor

Las imágenes de un puñado de jóvenes en Irán llenando formularios fueron las elegidas para contarle al mundo que los precios del petróleo han batido récords históricos. Lo que ellos llenaban no eran formas de empleo, sino solicitudes para alistarse como bombarderos suicidas en caso de un ataque preventivo contra Irán. Y lo que los movilizó para ofrecer su vida fue el discurso que pronunció su Presidente, Mahmud Ahmadinejad, anunciando que ha enriquecido uranio para fines ‘civiles’, que sigue firme en la idea de borrar a Israel del mapa y que recuperará el territorio para los palestinos.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
21 de abril 2006 , 12:00 a. m.

Y para celebrar, ordenó que repartieran torta de color amarillo nuclear por las calles de Irán y se comprometió a financiar al gobierno de Hamas en Palestina (boicoteado por no reconocer el derecho de Israel a existir). Por supuesto, la Secretaria de Estado, Condolezza Rice, no tardó en pedirle al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que considere medidas de fuerza para frenar la amenaza a la paz que representa el programa nuclear iraní.

Aunque parece que todos se han vuelto locos, lo cierto es que estos pronunciamientos son calculados y sus rendimientos son abundantes. Gana el régimen de Teherán, que además de reponerse de la crisis económica ha encontrado en las banderas de la fe y el nacionalismo la mejor forma de superar el descontento y la tensión interna crecientes. Gana Estados Unidos, que sabiendo que a Irán le tomará un tiempo conseguir la bomba, tiene una forma inmediata de presionarlo y menguar así su influencia en el empantanado escenario de Irak, cada día más parecido a una guerra civil. Gana Rusia, que ha conseguido mover sus fichas para refundarse como potencia regional en el Oriente Medio. Ganan los movimientos de ultraderecha europeos, que con el escándalo de las viñetas de Mahoma el año pasado paralizaron las negociaciones para el acceso de Turquía a la Unión Europea. Gana Musharraf, en Pakistán, que en lugar de irse, como se sospechaba, es ahora la pieza clave en el control de las posiciones de Al Qaeda en el borde noroccidental con Afganistán. Y, por supuesto, ganan los productores de petróleo, cuyos regímenes despóticos, especialmente en África, hacen lo que les parece, creando crisis humanitarias como la del Sudán y su influencia en el Chad y la volátil situación de Nigeria,que podría generar un incendio de las proporciones del Congo en los 90. Todos los demás perdemos.

Tal vez lo peor de esta situación es descubrir que las estructuras institucionales creadas desde la posguerra mundial para evitar escenarios de este tipo, como la ONU, están deterioradas y no dan abasto para contener la velocidad endiablada de esta crisis. Tampoco bloques regionales como la OEA o la Unión Africana, incapaces de ponerse de acuerdo y embebidas en pequeñas rencillas, han sido capaces de sentar una posición significativa.

La respuesta tímida de la Unión Europea en este caso es un directo reflejo de sus problemas coyunturales: la Unión fue fundada sobre cimientos económicos y sus pilares éticos comunes han sido históricamente muy frágiles. Esta era la función que habría de cumplir la Constitución Europea.

Ojalá se entienda que hay que resucitar el proyecto con urgencia para resolver asuntos tan cruciales como si Europa es o no un continente confesional, y para el refinamiento de los mecanismos de respuesta a las crisis incluida la pregunta, hasta ahora especulativa, de si habrá o no una fuerza de defensa europea que le ponga dientes y uñas a la diplomacia.

Estamos en manos de los extremistas. Pero si usted se está preguntando: “Y ahora, ¿quién podrá defendernos?”, hágase de una vez a la idea: nadie. La solución tendrá tanto de global como de local. Use bien su voto y ejerza su derecho a preguntarles a los candidatos presidenciales cuál es su postura frente a estos temas, más cercanos de lo que parece, especialmente si tenemos en cuenta que Venezuela juega y jugará un rol estratégico en toda esta trama.

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