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El Estado ladrón

El Estado ladrón

Los corruptos son los que roban al mismo Estado. Lo que lastimosamente también se da, con mayor frecuencia de la que uno quisiera, es que sea el mismo Estado el que roba a los ciudadanos. Es decir, el Estado ladrón.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
19 de abril 2006 , 12:00 a. m.

El Estado roba de mil maneras. Es más, hace varios años Carlos Lemos Simmonds escribió un excelente libro con el mismo título de este artículo.

Dentro de las formas más insidiosas y comunes que utiliza el Estado para robar están las ex propiaciones arbitrarias y sin su debida compensación, los impuestos y aranceles confiscatorios, los avalúos inflados, y los tributos y cargas para obras que finalmente nunca se llevan a cabo.

En Colombia tenemos actualmente dos ejemplos del Estado ladrón que es conducente resaltar: El primero, que afortunadamente parece estar en vías de solución, son los ajustes por inflación que generan inmensos desequilibrios al gravar injustamente al sector real y beneficiar a sectores auxiliares como el financiero.

El patrimonio de las entidades financieras, por decisión de las mismas autoridades, es sustancialmente superior que el valor de sus activos fijos.

Al aplicarse los ajustes por inflación sobre estos dos componentes de los estados financieros, se genera un gasto fiscal que disminuye a su vez la base gravable de impuestos y, por ende, el impuesto a pagar. En el caso de las empresas del sector real, se genera el efecto contrario, porque sus activos fijos son generalmente superiores a su patrimonio. Esta situación conlleva al registro de un mayor ingreso fiscal y consecuentemente un mayor impuesto a pagar.

Teniendo en cuenta que el sector real es más grande que el sector financiero, el Estado, por medio de la Dian, ha sido reacio en extremo a desmontar los ajustes por inflación, porque sus ingresos fiscales se van a reducir considerablemente. La injusta carga fiscal del sector real poco le interesa. Es el Estado ladrón en todo su esplendor.

El segundo ejemplo del Estado ladrón fue claramente advertido por José Clopatofsky en el último editorial de la revista Motor (Abril 12/06). En dicho escrito, Clopatofsky señala: “…hay un desfase entre los precios que publica el Ministerio de Transporte como base para la liquidación (del impuesto a los vehículos) y el valor de los carros en el mercado del usado, que ha tenido una caída por todos palpable y más que real en la plaza de los negocios”.

Al Estado, como bien lo reseña Clopatofsky a continuación, no le interesa que bajen los precios porque se le cae el recaudo. Pero si el Estado insiste en utilizar una tabla que puede estar por encima hasta en un 30 por ciento del valor real, sencillamente lo que está haciendo es robar al contribuyente. Es nuevamente el Estado ladrón en todo su esplendor.

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