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A la Nena Jiménez no se le acaba la energía y el humor picante que la han caracterizado durante su

A la Nena Jiménez no se le acaba la energía y el humor picante que la han caracterizado durante su

(EDICION BOGOTA) El garaje, las alacenas, los marcos y las columnas de la casa de la Nena Jiménez son verdes. Uno de los cinco anillos que lleva en sus manos es verde. Lo que no le gusta verde es la papaya, “porque hay mujeres, como a las papayas verdes, que todos tocan pero nadie se queda con ellas”.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
17 de abril 2006 , 12:00 a. m.

Y lo que más le gusta verde son los chistes, aunque lo niegue: “¿Verdes mis chistes? Un cura me dijo que el humor y un madrazo no tienen pornografía”.

Desde hace 35 años dice chistes de alto calibre en distintos escenarios. “Me importó el mínimo elevado al cubo que las viejas se echaran la bendición, porque esas son las de doble moral: por la mañana dicen ‘pésame, Señor’; y por la noche: ‘Cómo pesa este señor’”, cuenta.

Ahora reunió sus mejores 100 chistes picantes en un DVD y en un libro, divididos en categorías: los de mujeres (la diferencia entre viaje y paseo es que el viaje es el que se hace con la esposa, y el paseo, con la moza); de viejitos (un viejito le dice al doctor: “tengo 91 años, persigo a las quinceañeras pero no me acuerdo para qué”) y de borrachos, infieles, locas, negros y suegras.

Una vida verde La Nena fue criada por su madre. Una mujer conservadora que la internó en un colegio de monjas porque era una niña coqueta y enamoradiza. El efecto fue inesperado: de allí salieron sus mejores chistes de monjas (Había una tan flaca que tenía más carne un mico en la cadena). “Estudiar no me gustaba. Prefería desobedecer, inventarme apodos y leer obras clásicas”.

Los libros le dieron cultura general y dice que es graduada de la universidad de la vida y con máster. “No es más inteligente el graduado, sino el que aprendió, y yo soy de las segundas”.

Dice que hizo todo al revés. Primero aprendió a escribir, sin saber lo que escribía. Y a los 12 años aprendió a leer. “El doctor me dice que soy una especie en vía de extinción”. Duerme de día y descansa de noche, “porque la noche es virgen y nadie la ha violado”. Y primero grabó y después actuó. “No me creo inteligente, lo soy. El humor es un escalón encima de la .

inteligencia. Para Charles Chaplin, y para mí, es la forma más sutil de la inteligencia”.

Desde pequeña dejó ver sus dotes. Su mamá, perdón, su madre (“porque mamá es una orden”), estaba acostumbrada a que ella la hiciera quedar mal. “Cada vez que veía a una mujer fea le decía: ‘¿Cierto que esa fulana es muy fea? La belleza no dura, pero la feúra es eterna”.

La anécdota que más recuerda fue cuando le dijo a su primo que su esposa era muy fea. “Pero muy virtuosa”, respondió él. “¡Ah no!, eso sirve para el día, pero pa’ la noche qué”, le dijo la Nena.

Su picardía, su sinceridad y su valentía la hicieron así. Nació con los chistes. “Me tocaba ser la Nena Jiménez”. Así como le tocó ser antioqueña, hija única, esposa, separada, abuela y madre de dos hijos. “Gracias a Dios estuve hombres, porque las niñas son nueve meses de enfermedad y una vida de convalecencia”, concluye esta mujer que reconoce que los años pasan, pero la alegría, no.

La Nena Jiménez, humorista.

No me creo inteligente, lo soy. El humor está varios escalones por encima de la inteligencia”

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