CORREDOR ARTESANAL: MANOS CREADORAS DEL COLOR

CORREDOR ARTESANAL: MANOS CREADORAS DEL COLOR

La polvareda se levanta sin compasión. Una inmensa nube amarilla se esparce desde San Andrés de Sotavento hasta Tuchín. La vía es un arenal que en complicidad con el sol azota a quien va en busca del auténtico vueltiao . Son menos de cinco kilómetros desde la carretera pavimentada que llevan a este confín de Córdoba en donde las laboriosas manos tejen el famoso sombrero vueltiao con maestría y destreza.

28 de noviembre 1991 , 12:00 a. m.

Una vuelta, otra y quince más. Entre más vueltas tenga el sombrero será de mejor calidad. El diseño? Al gusto del comprador, pero eso sí con los números, letras y elementos que impriman la huella de su cultura ancestral: la Zenú.

Y es que hoy, Tuchín es el centro artesanal por excelencia, en donde se urde la caña flecha --planta autóctona de la región-- que convierte al sombrero vueltiao en la artesanía tradicional de Córdoba y Sucre, en donde también se conoce como el sombrero sampuesano. Uno de los símbolos populares más conocidos de Colombia.

En él se aprecian claramente los orígenes precolombinos, y por ello no resulta extraño que su principal zona de producción sea el resguardo indígena Zenú de San Andrés de Sotavento y los corregimientos de Tuchín, Los Vidales, Bellavista y El Contento.

Sin embargo, el sombrero es tan solo una muestra del colorido y la creatividad que se extienden a lo largo de los 122 kilómetros que conforman el Corredor Artesanal del norte del país.

Una vitrina de arte y expresión que se extiende a lo largo de Córdoba, Sucre y Bolívar, con productos abundantes, variados y de una gran calidad artística y materiales naturales.

El Departamento de Córdoba en general, pero, particularmente el área del Medio y Bajo Sinú, poseen una riqueza impresionante en el campo de la artesanía. Sahagún y Chinú se distinguen por la confección de cestería, mecedoras, petates, esteras y esterillas, muy apreciadas por su diseño y resistencia.

Después del sombrero vueltiao , la cestería es el renglón que mayor número de personas ocupa. Una multitud de objetos de diversa índole son manufacturados en fibra de iraca, enea, cepa de plátano, caña flecha, juncos y bejucos. Son famosos los artículos tejidos en iraca, como canastos, canastillos, petacas y floreros.

Como dignos herederos de las extraordinarias destrezas de los Zenúes en el campo de la orfebrería, en la actualidad muchos artesanos cordobeses realizan valiosísimos trabajos en en oro, plata y pedrería, más que todo en Ciénaga de Oro, Cereté y Montería.

La talabartería está muy difundida en el departamento y emplea fundamentalmente pieles de res que son procesadas como cueros crudos y curtidos, que han dado lugar a una industria de reconocida fama. Sillas de montar, zamarros, abarcas, cinturones, bolsos, carteras y muebles.

El principal núcleo artesanal del Departamento de Sucre es Sampués, donde también se elabora el sombrero vueltiao o sampuesano. El sombrero se rige por fórmulas matemáticas, y entre más hebras posea la trenza, mayor será la calidad del trabajo que se realiza.

El sombrero sampuesano se ha convertido en el símbolo de un núcleo que, al no permitir influencias diferentes, ha conservado su autenticidad. La producción se ha diversificado y la comunidad fabrica también esteras, bolsos, carteras, individuales y otros artículos, en los que se aprovechan siempre la técnica y los temas simbólicos precolombinos.

Se distinguen también en el Departamento de Sucre los trabajos realizados en Sincelejo, Morroa y Ovejas. Arrullo bolivarense Por su parte, la creatividad del Departamento de Bolívar se refleja en la profusión de colores que presenta el trabajo artesanal de San Jacinto, que de generación en generación ha tejido la hamaca.

Este objeto que surgió como solución a las necesidades del pueblo Zenú y ocupaba un lugar destacado en su vida diaria y en la celebración de sus ceremonias, hoy constituye uno de los más importantes productos de comercio para poblaciones como Morroa y algunos municipios cercanos a Sincelejo y Cartagena.

La gran mayoría de los habitantes de la región se dedica a la producción textilera, que incluye además de la hamaca pellones, divisorios, arbolitos, fajores, individuales y cojines.

Ellos mismos procesan la materia prima necesaria. Al hilo le dan el grosor y consistencia deseados, y con la anilina o tintura vegetal, le dan el característico colorido.

La labor manual con el telar rudimentario exige sólo la participación de una tejedora, que con su destreza y creatividad realiza las hamacas en diferentes tamaños y estilos: las hay rancho alegre , macorina y normal.

El oficio lo desempeñan las artesanas de pie, durante largas jornadas en las cuales pasan el peine entre la urdimbre con rapidez y agilidad. Unas con rayas de colores y otras con finos bordados, son la expresión de una cultura para quienes la hamaca era el más importante representante de su producción textil.

Pero la fama de la arrulladora está en los colores vivos que llevan la imagen de esta pequeña población por Colombia y por el mundo.

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