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Descubriendo la Bogotá vivible

Descubriendo la Bogotá vivible

No vale Semana Santa. La política la recalentaron con acusaciones al Presidente, a Noguera y a “Raimundo y todo el mundo”. Se salvaron los hijos de Uribe, Tomás y Jerónimo. El Presidente puso el pecho. Habló larguísimo con Sánchez Cristo y Juan Gossaín. Hizo buena defensa, pero últimamente a este gobierno le han fallado varios altos funcionarios. Imperdonable que en puestos delicadísimos nombren a tipos que van tras negocios millonarios. Punto.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
12 de abril 2006 , 12:00 a. m.

Me quedé en Bogotá, porque hoy celebraré algo histórico: cumplo 42 años de vivir en esta capital que me recibió sin cobrarme peaje ni cover cuando llegué sin dinero, sin ropa, con acné, sin bachillerato y soñando vivir en Bogotá. Me sonó la flauta, me quedé “por sécula, seculorum”, aunque se tiraron mi paisaje, mi barrio, los cerros y las ambulancias me fastidian con sus ruidosas sirenas.

Hoy caminaré las calles de otros años, cuando vivía en el centro bogotano y me ganaba la vida vendiendo equipos de Carvajal & Cía., o como editor de libros socialistas, sobre fútbol, sobre García Márquez, mío y buenísimo.

Libros que vendía por las universidades y librerías en duras caminatas.

Buenos recuerdos, pero hubo muchas privaciones y gripas por no tener carro y llovía mucho.

Gocen del ocio y los bikinis. Bogotá, hoy con 600 mil carros menos y sin siete mil buses, está amable. Por el centro caminan dos mil artistas teatreros de todos los colores y razas. Visten de colorines y gritan “Bogotá exótica, loquísima” y este festival ha servido para que muchas mujeres de la cultura se levanten rubio europeo y atlético. ¡Guau! Caminé ayer desde la calle 26 por la séptima hasta el antiguo edificio de EL TIEMPO, en la Avenida Jiménez. En esa esquina, hace 30 años, lanzábamos piedras a los vidrios de este periódico porque apoyaba el antidemocrático Frente Nacional.

Ocio en Bogotá para ir al Mambo, a la cafetería Accento, calle 93, donde ponen música que deja hablar. Ocio para sacar los mil libros que ya no leí y siguen estorbando. Ocio para botar papeles, recortes, escritos, fotos y columnas que ya no bailan.

Sigan el ocio, nada de sexo estos días porque se apaga por 15 años el viento de la pasión. Las mujeres en Semana Santa deben querer al marido. Si pide hielo y jugo de toronja, ir a buscar toronjas. Aprovecho para protestar porque mi Lulita esposa dedica mucho tiempo a la medicina y no me hace ni un jugo ni el tinto matinal. Siempre me dice: estoy operada.

Algo doloroso vi en noticieros: desalojó la Policía un barrio pobrísimo en Barranquilla. Lo siento por la Policía, que le toca la amarga tarea de tumbar ranchos por defender la chocante “propiedad privada”. Esa es la Colombia absurda que muchos richachos no quieren ver.

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