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LA CARA OVNI DE LA NASA

LA CARA OVNI DE LA NASA

Construir un sueño necesita un equipo de calidad . Es lo que se lee en un letrero colocado en uno de los hangares de la NASA. A primera vista, parece un garaje cualquiera, con grandes grúas y herramienta regada aparentemente por todos lados.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
27 de noviembre 1991 , 12:00 a. m.

Pero esto es uno de los talleres hormiga de la ciudadela industrial más grande del mundo. Son más de mil kilómetros de extensión por 500 de ancho, situados en la punta de la Florida y que pertenecen a la Administración Nacional Aeronáutica y del Espacio (NASA). Allí se trabaja en todo: lanzamiento de transbordadores, prueba de nuevos aviones militares, computadores más pequeños, comunicaciones más rápidas, juegos que desarrollen la creatividad de los niños y la construcción de partes para carros, barcos, motores e incluso en diseño arquitectónico de edificios.

En eso trabajan más de mil personas en turnos de ocho horas. No todos pertenecen a la NASA; un alto porcentaje representa a por lo menos cincuenta compañías de todos los lugares de Estados Unidos que laboran en los diferentes campos tecnológicos. Participan desde la Douglas, que construye aviones, hasta la Nikkon, que repara cámaras y tiene un furgón con un técnico permanente, quien ayuda a los periodistas que tienen problemas con las suyas.

Llegar a ser empleado de la NASA no es fácil. La mayoría sale de esas empresas concesionarias. Allí se encuentra lo mejor de lo mejor, los cerebros , que deben sostenerse en una competencia de alta calidad. Empiezan con lo que saben, pero deben estudiar aplicar le dicen aquí para ascender a otros cargos.

Todos siguen preparándose, sin tener en cuenta la edad. Así hayan alcanzado un master o doctorado en varios campos, el aprendizaje sigue.

El número de mujeres es alto. Están en las tareas más delicadas: engranajes de precisión, pero también las hay ingenieras químicas o en vías de ser especialistas de vuelo.

Para entrar en algunas edificaciones es igual que en las películas. Hay que pasar tres o cuatro puertas blindadas que solo se abren con una clave y una tarjeta. Y como si esto fuera poco, las cámaras de televisión siguen todos los pasos.

En varios lugares, es necesario dejar los fósforos, los cigarrillos y un documento de identidad en un gran panel. Allí son posibles las explosiones o los incendios, así que en caso de accidente los grupos de seguridad y los bomberos saben en qué zona están los empleados, cuántos son y cómo ir en su rescate. Afortudamente, esto no fue necesario. Sin embargo, sí se alcanza a sentir algo de claustrofobia en esos sótanos rodeados de ascensores.

Para recorrer completamente el complejo se necesitan por lo menos dos días y un guía, ya que las carreteras se extienden como un pulpo por todos lados. Algunas son vías de velocidad en las cuales hay semáforos para hacer cuatro diferentes cruces.

Al final del día, cada ingeniero líder de equipo presenta un informe. Toda esa información se computadoriza y se da a conocer en todo el mundo. A eso se refiere el letrero de para construir un sueño se necesita un equipo de calidad .

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