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Críticas en ‘off side’

Críticas en ‘off side’

El Plan Patriota se ha convertido en blanco de ataques y críticas que lo hacen ver como un fracaso político y militar del Gobierno. Los ataques, acres por naturaleza, provienen, como era de esperarse, de aquellos a quienes no les gustaría ver triunfante al Estado en la confrontación interna, mientras que las críticas surgen de gentes de la misma orilla estatal que desconocen lo que se está haciendo y sus resultados, o que simplemente lo hacen para aprovechar el momento político que se vive. Para emitir algún juicio sobre el Plan hay que entender primero que un plan no es una operación puntual sino una campaña que tiene una duración indeterminada y varias operaciones y acciones militares, no una sola, y que en algunos casos cuenta con complementaciones de orden distinto al castrense.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
07 de abril 2006 , 12:00 a. m.

A fin de definir si con el Plan Patriota se ha perdido tiempo, esfuerzos y recursos, es indispensable conocer el ámbito en el cual se desarrolla, mirar los resultados obtenidos, hacer el balance y, entonces sí, soltar las críticas que afloren. Es bueno recordar que las Farc, en 1984, trazaron un plan estratégico y se propusieron cumplirlo. Ese plan contemplaba, entre otras ambiciones, tomarse a Bogotá, para lo cual era fundamental extender tentáculos en Cundinamarca; les tomó varios años organizar sus cuadrillas alrededor de la capital, y en la primera fase del Plan Patriota se les vino al traste todo lo que habían adelantado: las cuadrillas fueron desmanteladas y sus jefes pasaron a mejor vida unos, y a la cárcel otros.

El plan estratégico vislumbraba llegar a 32.000 guerrilleros en armas. Con el Plan Patriota, las Farc han perdido 1.400 hombres, además de los desertores que se han acogido al programa de reinserción; ahora contabilizan menos de 14.000 (desde luego que sin contar milicianos). Es otro asunto para destacar, porque en efectivos las Farc retrocedieron al punto en que se encontraban antes de 1984. De otra parte, no es fácil desarraigar una organización que lleva 40 años en las selvas del Caquetá y sus contornos.

Las operaciones hasta ahora realizadas registran la destrucción de la infraestructura que en cuatro décadas habían logrado construir las Farc para su comodidad; se quedaron sin vías, sin centros de abastecimientos, sin su industria militar, sin hospitales propios, sin 400 laboratorios de producción de cocaína, sin retaguardia estratégica y sin el crecimiento que habían logrado en lo político-social con ‘regiones autónomas’ (las gentes de la región habían sido ‘carnetizadas’).

Los jefes guerrilleros no han sido dados de baja ni capturados, pero se rescataron para el inventario nacional los cascos urbanos de Calamar, El Retorno, Miraflores y Cartagena del Chairá, cuyos pobladores no sólo pasaron del comercio ilícito al lícito sino que pasaron de la subyugación de las Farc a creer y confiar en el Estado. Los resultados que obtuvieron en el área en las pasadas elecciones el Partido Conservador y Cambio Radical lo demuestran. Rescatar la voluntad popular es una ganancia cuantiosa.

Para la tranquilidad nacional, es saludable que los planes y operaciones militares se midan con un rasero geopolítico y estratégico más que táctico, y que los resultados a estos niveles sean los que se difundan a la opinión pública. La desinformación que se está presentando infla el ego de los bárbaros para que sigan en su cuento de violencia.

* Brigadier general retirado adolfoclavijo@cable.net.co

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