CLAVE 1927 LINDBERGH CRUZA EL ATLANTICO

CLAVE 1927 LINDBERGH CRUZA EL ATLANTICO

Así, de feria en feria, canjeaba sus riesgosos servicios por la oportunidad de pilotear durante algunas horas los aviones de estos Circos Aéreos . Ahora en 1927, con 26 años de edad y 5 como piloto, exhibe 2.000 horas de vuelo y una gran responsabilidad.

26 de noviembre 1991 , 12:00 a. m.

En su caso, como en el de otros pilotos, ambiciona enfrentar un gran reto: El Premio Orteig , que recompensará con 25 mil dólares y el salto a la fama a quien cruce de primero el Atlántico, sin escalas, uniendo a Nueva York con París.

Sin embargo, un Don Nadie como él tenía escasas posibilidades de obtener el apoyo financiero necesario para comprar un avión, equiparlo, dotarlo y lanzarlo a la aventura.

Además la competencia era dura: En este lado del Atlántico el famoso comandante Byrd ya había anunciado su intención de acometer el viaje; y al otro lado, en Francia, se preparaba la popular pareja de pilotos, Nungesser y Coli, para intentarlo.

La prensa excitaba la ambición de otros pilotos que anunciaban estar dispuestos a dar también el gran salto .

Por entonces, el primer intento había terminado en tragedia. El capitán Fonk, en un biplano Sikorsky, no pudo despegar por exceso de peso. El avión estalló en llamas y murieron dos de los cuatro tripulantes.

La tozudez y el entusiasmo de Lindbergh lo llevaron a encontrar apoyo financiero. Earl Thompson director de una compañía de seguros de su natal San Luis, comprometió el respaldo del local Banco Nacional del Estado.

Respaldado por sus patrocinadores encargó un avión pequeño, pero recio, construido por una discreta compañia de San Diego (California, Estados Unidos), la Ryan Airlines .

Ordenó quitar la cabina del copiloto. Estaba decidido a viajar solo para reemplazar el peso del acompañante por su equivalente en gasolina. Eliminó el tapizado y las luces de navegación nocturna. Tampoco llevó paracaídas para ahorrarse nueve kilos de peso y solo aceptó una pequeña balsa salvavidas, algunos sandwiches y un botellón de agua.

La construcción duró 60 días exactos.

El martes 10 de mayo de 1927 el avión salió del hangar listo para su primer vuelo de prueba. Allí estaban representadas todas sus esperanzas y una deuda de diez mil dólares. El flamante monomotor Ryan, con motor Whidwind J-5 de 233 caballos, lucía en su cabina el nombre de Espíritu de San Luis.

Mientras tanto, el domingo anterior los franceses Nugessen y Coli despegaron de París con rumbo a Nueva York, pero desaparecieron en el Atlántico.

En esta orilla del Atlántico, los pilotos Davis y Woaster se mataron durante el ensayo de su avión y el Focker de Byrd entró a reparaciones por el accidente sufrido en su intento de decolaje.

Solo quedaban en competencia Charles Levine, en un avión Wright- Bellanca y Charles Lindbergh en su Ryan. Los dos, expectantes del estado del tiempo que en los días previos imposibilitó la travesía.

En la noche del jueves 19 de mayo, Lindbergh fue informado por la oficina de meteorología de Nueva York que el clima iba a mejorar. Sin perder tiempo, hizo trasladar su avión al aeropuerto Roosevelt y a las 7:50, del viernes, con solo una hora de sueño, realizó el difícil decolaje con 2.500 kilos de peso.

Once horas más tarde volaba sobre la Bahía Concepción. Había recorrido 1.760 kilómetros. Atrás quedaban América y la luz del día.

Adelante estaban la noche y el Océano Atlántico. Y a 3.200 kilómetros al este, Irlanda.

A las 16 horas de vuelo, con tres amaneceres sin dormir, luchó durante horas contra el sueño que lo dominaba.

Al cumplir 22 horas de travesía, el peligro de tormentas, hielo y ventiscas quedó superado. El sol alumbró cerca de la costa de Irlanda.

Ya era el primer hombre en atravesar volando, sin escalas, el Atlántico. El promedio de velocidad en el viaje era de 160 km/hora y se había desviado sólo 5 kilómetros de la ruta planeada. Por otra parte llevaba 3 horas menos de las calculadas.

Cuando atravesó el Canal de La Mancha y voló sobre Francia le asaltaron las más curiosas preocupaciones, a tiempo que comía su primer sandwich.

No llevo pasaporte, ni permiso o visa de autoridades francesas ; No sé hablar francés ... Dónde me alojaré en París? ... No traje cepillo de dientes, ni otra camisa ... Llegaré tres horas antes y a lo mejor nadie me espera ... Espero que algún piloto o mecánico hable inglés .

Ya sobre París continuaron las ingenuas preocupaciones. Es de noche y en el mapa no figura el aeropuerto de Le Bourget, me tocará buscarlo .

Por fin aterrizó.

Fue cuando sintió miedo por primera vez. Decenas de miles de franceses que lo esperaban rompieron el cordón policial y se abalanzaron jubilosos.

A las 4:15 de la madrugada hora de París, este héroe de 26 años se pudo acostar con la gloria. Ajustaba 63 horas sin dormir, de las cuales, 33 volando hacia la fama.

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