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El precio de ser ‘yuppie’

El precio de ser ‘yuppie’

Los pantaloncillos boxer, marca Hugo Boss, que usa el vicepresidente de una empresa multinacional con sede en Bogotá, cuestan lo mismo que lo que un colombiano de clase media se gasta en 21 entradas a cine en sala general, en 200 pasajes de TransMilenio o en un tiquete ida y regreso, sin impuestos, de Bogotá a Cali o Medellín, en temporada baja.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
02 de abril 2006 , 12:00 a. m.

Por lo general, este alto directivo, de 28 años, lleva puestos unos 8 mil dólares en ropa y accesorios. El día en que EL TIEMPO habló con él, por ejemplo, vestía un traje de 2 millones de pesos y lucía mancornas Bvlgari de seis millones (regalo de un familiar en Navidad) y un reloj marca Rolex, de 10 millones.

Él hace parte de un pequeño grupo de ejecutivos con ingresos mensuales superiores a los 25 millones de pesos básicos.

En el país, un salario igual o superior lo devenga el 0,6 por ciento de los 13 millones de colombianos laboralmente activos que residen en las principales ciudades.

Los sectores de hidrocarburos, energía, gas, telecomunicaciones, alta tecnología, químico y farmacéutico congregan el mayor número de trabajadores con este nivel de sueldos.

De ellos, el 62 por ciento vive en Bogotá, el 23 por ciento en Medellín, el 11 por ciento en Cali y el restante en otras ciudades, asegura José Manuel Acosta, presidente de Human Capital Consulting, una firma especializada en análisis de salarios.

Algunos de estos profesionales, pese a sus cortas edades, tienen una especialización, generalmente en el exterior, y hablan un segundo idioma, casi siempre, inglés.

Rondan los 30 años, ocupan altos cargos en reconocidas empresas y combinan un estilo de vida refinado, con gustos exquisitos y un círculo social muy homogéneo.

“Yo soy la imagen de una prestigiosa compañía y tengo que proyectar solvencia y estabilidad. Cuando se trata de ocupar cargos en ciertas empresas, no solo miran la hoja de vida. También es importante el nivel socioeconómico en el que la persona se desenvuelve”, dice el ejecutivo.

Ana María Hernández, consultora senior de E-Hunters, una empresa de caza talentos, lo ratifica.

“La apariencia es clave. Algunos cargos estratégicos requieren un profesional con un impacto personal alto. Debe existir armonía con su estilo de vida y las funciones del cargo que va a ejercer”, dice.

Y agrega: “Nosotros analizamos el nivel socioeconómico en el que se desenvuelve, esto se mide con la imagen, capacidad de comunicación y el ámbito en el que se ha desempeñado: colegio, amigos, universidad. No es importante la marca, pero sí la imagen que proyecta. Ciertas empresas exigen ejecutivos de alto nivel que vayan acorde con su cultura organizacional”, comenta.

Por lo general, este tipo de profesionales jóvenes no dudan en gastar parte de sus ingresos en los últimos ‘juguetes’ tecnológicos, como portátiles, reproductores de mp3, X - Box, palm y otros lujos.

Están afiliados a clubes cuyas acciones pueden costar 70 millones de pesos, y usan estos espacios para reuniones y almuerzos de trabajo en sitios como el Nogal, que tiene salas de reuniones, oficinas, comedores privados y bibliotecas.

Todo esto, en el caso del profesional consultado por EL TIEMPO, lo complementa con un automóvil Audi modelo 2003, un apartamento en un barrio estrato 6 y constantes viajes de trabajo y de placer. “El último que hice fue a Hawai y un fin de semana estuve en Chicago en un concierto de U2”, cuenta.

Como casi todos ellos, paga con tarjeta de crédito –a una cuota– pues andar con mucho efectivo, además de ser peligroso puede inducir a que lo confundan con un ‘traqueto’.

Pide que no usen su nombre verdadero para esta nota, y confiesa que a pesar de tener empleada doméstica, él no tiene problema en tender su cama y ordenar ciertos espacios de su casa los fines de semana; incluso quiere aprender a cocinar.

“Con mi grupo de amigos nos reunimos los jueves en un apartamento y contratamos un chef para que nos cocine y nos enseñe sus recetas. Este tipo de planes se ha puesto de moda”, explica.

Los altos ejecutivos de las empresas llevan una vida social muy activa ya que su trabajo lo requiere; es importante estar, comprar y rumbear, donde lo hace su grupo. “No se le puede decir apariencia. Es un estilo de vida, en el cual el trabajo siempre está presente en cualquier actividad que realicen”, explica un ejecutivo de menor nivel que trata con ellos casi a diario.

Otro aspecto en el que nuestro ejecutivo no escatima gastos es en salir a divertirse. “En una noche de rumba me puedo gastar unos 350.000 pesos. Eso incluye comer en un buen restaurante y luego ir a bailar. Me gusta conocer nuevos lugares, pero cuando se trata de almuerzos y citas de trabajo, prefiero visitar mis sitios favoritos, donde siempre voy a tener un trato preferencial”.

Para un parroquiano de sueldo mínimo estos gastos podrían sonar a absurdos derroches, pero para el ejecutivo que nos ocupa no se trata de ser botaratas: “Yo ahorro el 40 por ciento de mi suelo y tengo un plan financiero que me permite afrontar cualquier eventualidad”, afirma.

0,6 por ciento de los 13 millones de colombianos laboralmente activos se gana más de 25 millones de pesos al mes. Esto equivale a unas 78.000 personas, la mayoría de las cuales vive en Bogotá

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