Poder hispano mide su fuerza

Poder hispano mide su fuerza

“La defensa del inmigrante se ha convertido en todo un movimiento civil del tamaño del que desató Martin Luther King en los años 60”, dice Angélica Salas, directora de la Coalición por los Derechos Humanos de los Inmigrantes.

29 de marzo 2006 , 12:00 a.m.

Aunque su frase parece un poco apresurada, los últimos días dejaron claro el enorme peso y la magnitud de un grupo humano que hasta al momento había permanecido silencioso pero que ha comenzado a reclamar su espacio en la sociedad estadounidense.

A lo largo de la última semana más de un millón de personas han marchado en diversas ciudades del país en oposición a provisiones de una reforma migratoria que pretendía “criminalizar al ilegal y a quien le ofreciera ayuda”.

Tal fue la presión, dice la mayoría, que eso fue lo que terminó por modificar el criterio de los miembros del Comité de Justicia del Senado que, el lunes en la noche, no solo rechazaron estas provisiones sino que incluyeron otras que abrirían las puertas a la legalización de casi 12 millones que hay en el país.

¿Gran depresión? Estudiantes, clérigos, personalidades en radio y televisión, demócratas, republicanos y hasta ilegales que se arriesgaban a ser capturados, se tomaron las calles de Los Ángeles, Washington, Denver, Phoenix, Filadelfia y muchos otros centros urbanos para dejar sentir su voz.

“Veamos que le pasa a este país si los hispanos dejan de trabajar un día”, gritaba Anthony Lemus, un joven de 16 años. A lo que otro compañero complementó: “una Gran Depresión como la del 29”.

Carlos Medina, ilegal colombiano, fue uno más entre un millar de manifestantes que llegaron a las puertas del Capitolio para protestar. Ayer, conocida ya la decisión del Senado, le dijo a EL TIEMPO. “Uno no sabe en qué pare esto. Puede que hasta en nada. Pero para mí fue como una emancipación.

Llevo cinco años viviendo en este país. Siempre agachado, con miedo, mirando con complejo a los demás. Ayer, finalmente, pude poner la frente en alto”.

Para Samuel Rodríguez, presidente de la Asociación Nacional Hispánica de Evangélicos, los latinos han comenzado a cobrar el hecho de ser la minoría más grande del país y lo que eso implica en términos electorales.

“Si el Congreso no reconoce esta fuerza, comenzarán a perder votos”, dice Rodríguez que participó en una de las marchas en los Los Ángeles.

Pero esta es solo la mitad de la historia. De hecho, el componente policial que también acompaña la reforma y que busca fortalecer el control fronterizo y estrechar el cerco a la ilegalidad, tiene su raíz en las protestas de estos grupos que son muy fuertes en estados como Arizona, Nuevo México, Texas y Colorado, todos muy importantes de cara a las legislativas de noviembre y las presidenciales del 2008. Y es allí donde la reforma se vuelve polémica y hasta un lastre tanto para demócratas como republicanos.

División “El país –dice el republicano Jim Kolbe– está partido en dos por cuenta del tema migratorio. Pero no se trata de una división clara entre demócratas y republicanos, como frente a otros temas, sino una que agrupa regiones y grupos humanos”.

Si los republicanos insisten en una reforma que haga énfasis en los controles, ahuyentarían el voto latino que tanto trabajo les ha costado y que les dio la presidencia con estados clave como Florida. Si aparecen blandos con los inmigrantes, enfurecerían a las bases del partido.

Si los demócratas se oponen a las cláusulas represivas y se inclinan por los programas de trabajo temporal, ofenderían a cientos de miles de sus partidarios en estados fronterizos que necesitan para recupera el control del Congreso y la Casa Blanca.

De allí que no sean pocos los que piensan que la reforma migratoria no será aprobada este año. “No hay un punto medio, que le sirva a todos. Y el tema es demasiado polémico como para que cualquiera de los bandos salga perdedor . Así que les conviene mantener el status quo hasta después de las elecciones de noviembre. Constituido el nuevo Congreso, quizá sí aprueben una reforma sustancial”, dice un diplomático colombiano que lleva años monitoreando el debate migratorio en Estados Unidos .

LO QUE HA APROBADO LA CÁMARA Hay una enorme distancia entre lo que dice el Senado y lo que aprobó la Cámara en diciembre pasado.

La Cámara no otorga permiso temporal de trabajo alguno.

De un delito menor, cuya pena es la deportación, convierte al ilegal en un criminal que puede pagar hasta cinco años de cárcel.

Vuelve un “crimen federal” apoyar de alguna manera a un ilegal. Desde ofrecerle un techo hasta quien le dé un plato de comida o le ofrezca trabajo. Las penas serían de uno a 45 años.

Aprueba fondos para comenzar a construir un muro –este sí en piedra– que se erguiría a lo largo de 1.120 kilómetros de la frontera entre Estados Unidos y México.

Hizo firmar a George W. Bush un documento en el que el Presidente se compromete a no autorizar un proyecto que conduzca a la ciudadanía del ilegal, como lo pretende el Senado.

LOS EFECTOS DE LA REFORMA 1. Trabajo temporal Los ilegales que se encuentren en el país podrán aplicar a visas temporales de trabajo siempre y cuando se presenten a las autoridades –que constatarán si tienen deudas pendientes con la justicia–, paguen impuestos atrasados, cancelen una multa de 1.000 dólares y demuestren que tienen un trabajo. La visa se otorgaría por tres años y se podría renovar una vez por tres años más. Al cabo de cuatro años, podrían solicitar la ciudadanía.

La letra menuda La ley solo cobijaría a quienes hayan ingresado al país hasta el 2004. El ilegal tendría que presentar documentos, como contratos de arrendamiento, o el pago de servicios públicos, para demostrar el tiempo de su residencia en E.U. Además, debe retener el trabajo. Si se queda sin empleo en más de tres ocasiones por un periodo superior a los 45 días, pierde el permiso temporal.

El costo que tendrían que asumir para regularizar su situación son altos: pagar una multa de 1.000 dólares. Ponerse al día con los impuestos de los últimos dos o tres años. Por ejemplo: Un ilegal que lleva 3 años viviendo en E.U. y que gana unos 2.000 dólares mensuales, le debería al Tío Sam (en promedio) unos 20.000 dólares. También debe asumir el costo de los abogados encargados de la diligencia.

La ciudadanía también cuesta: entre abogados y formularios, el ilegal tendría que desembolsar unos 7.500 dólares en promedio, más una nueva multa de otros 1.000 dólares.

Si un ‘sin papeles ’ no logra la legalidad, tendrá que abandonar el país.

Si se queda será perseguido y deportado de manera expedita.

2. Visas especiales Se otorga un cupo de 400.000 visas anuales para futuros trabajadores que deseen ingresar a E.U. Deben demostrar que tienen una oferta de trabajo en el país.

La letra menuda En realidad, son 110 mil visas que se suman a las 290 mil que ya se ofrecen a trabajadores calificados (como ingenieros etc.). Solo estos 110 mil empleos estarán disponibles para trabajadores no calificados como obreros, jardineros, etc. Si pierden el trabajo tienen 30 días para obtener uno nuevo o tendrían que regresar.

''Uno no sabe en qué pare esto. Pero para mí fue como una emancipación. Llevo 5 años viviendo en este país. Siempre agachado, viviendo con miedo, con complejo de los demás. Ayer, finalmente, pude poner la frente en alto”.

Carlos Medina, colombiano ilegal.

1’000.000 El número de hispanos que, desde el pasado fin de semana, han marchado por las calles de varias ciudades en Estados Unidos, para exigir al Congreso una ley migratoria justa que no penalice ni a los ilegales ni a quienes les ofrecen ayuda

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.