LA DERROTA DEL PENSAMIENTO RACIONAL

LA DERROTA DEL PENSAMIENTO RACIONAL

Varias veces he hablado del interesante ejercicio que consiste en detenerse en libros acerca de temas concretos, para tener puntos de referencia menos parroquiales sobre los problemas del mundo y sobre los nuestros. (Un catarro sirve de pretexto para hacerlo en el silencio curativo de la biblioteca). Pero a fin de apreciar algo más dinámico, también leer las antologías que se publican con grandes reportajes, profundos aunque solo de momento, a las figuras rectoras del mundo en distintos órdenes de la actividad humana. Esta buena idea económica de casas editoriales, de periodistas y de los propios entrevistados, permite (en el caso de los personajes intelectuales y de los propios entrevistados), seguir la pista a ideas que aparecen y desaparecen, a posiciones consistentes o no, al idealismo o al realismo, a quienes pasan de moda o siguen influyendo; en fin, a todas las encarnaciones y matices del pensamiento contemporáneo. Y se descubren verdaderas joyas. Una de las principales: la a

25 de noviembre 1991 , 12:00 a. m.

Hay otro gran libro (1978) del periodista de la B.B.C. de Londres, Brian Magee, con interrogatorios brillantes a Sir Isaiah Berlin, Herbert Marcuse, N. W. Ayer, Chomsky y Ernest Gellner. Y no hablemos del que tienen ahora de moda los superconservadores: Los verdaderos pensadores de nuestro tiempo del francés Guy Sorman.

Confieso haber caído en uno de la serie que lanzó la revista L Express en 1973, traducido al español. Entre nombres como los de Roland Barthes, Bertrand de Jouvenel, Arthur Koestler, Claude Lévi Strauss, McLuhan, Marcuse (otra vez), reencontré a un sociólogo muy querido y respetado en los años 50 y los 60, por sus atisbos sagaces sobre el ser humano, el trabajo y los nuevos escenarios sociales que se estaban dando: Georges Friedmann. Poco se volvió a saber de él, al menos por estas tierras. El reportaje es bellísimo desde las primeras líneas: cuando el periodista le pregunta por qué ha dicho que la actual es la civilización del chofer , responde algo injusto globalmente contra los choferes: es la palabra con la que designo no solo al hombre que está al frente del volante de un automóvil, sino a todo hombre que maneja una máquina de la que sólo conoce su funcionamiento... Hace profundas variaciones sobre el tema, señalando que el chofer puede ser también un ingeniero, un piloto de avión, un cosmonauta; somos choferes cuando nos dejamos embrutecer por nuestro televisor o nuestro radio . Y refiriéndose a la peligrosa transformación que sufrimos cuando tomamos un timón de automóvil, señala: ... el chofer es un agente del subdesarrollo intelectual del sentimiento afectivo de la humanidad. En la civilización técnica el hombre es inferior a sus obras, y este tipo de hombres inferior a sus obras, extendido hoy en centenas de millones de ejemplares, es el tipo chofer... .

Más de 30 años antes, otro pensador del que tampoco se habla mucho hoy, el alemán Ernst Cassirer, dijo más dramáticamente: El conocimiento científico y el dominio técnico de la naturaleza obtienen cada día nuevas e inauditas victorias. Pero en la vida práctica y social del hombre, la derrota del pensamiento racional parece ser completa e irrevocable. En este dominio, el hombre moderno parece que tuviera que olvidar todo lo que ha aprendido en el desarrollo de su vida intelectual .

Volviendo a Friedmann y a la teoría del chofer, cuando avanzaba en sus explicaciones tuvo el cuidado de aclararle, al periodista, que estudió y practicó la mecánica, para poder hablar con autoridad. Esto me hace acordar de andanzas juveniles, cuando el amigo y profesor Darío Mesa, intelectual marxista, debía enfrentar a los representantes de la clase obrera en el partido comunista, hace 40 años. Uno de ellos, el famoso Efrén Díaz, lo paró frente a una vitrina en la carrera séptima de Bogotá y lo desafió: Usted, que sabe tanto de Marx, de Hegel, de Goethe de Thomas Mann, dígame: Cómo funciona ese teléfono que está ahí? No hubo respuesta, según el mismo Darío.

He contado lo anterior, para que nos demos cuenta de que no podemos seguir actuando con el porvenir de Colombia, como los choferes de Friedmann, definiendo según nuestra propia conveniencia, hundidos en lo inmediato y descalificando a quienes no aceptan nuestro dogmatismo. Ganemos con la responsabilidad social en vez de perder apostando contra ella.

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