Reinas de la copla y el bolero

Reinas de la copla y el bolero

Martirio y Omara Portuondo. Poco más habría que decir. Martirio es el personaje artístico creado por la española Maribel Quiñones. Aquella que siempre va vestida de andaluza, con sus ojos tras gafas oscuras y su firme decisión de hacer que la copla conviva con el bolero, el tango, el son y, sobre todo, con el jazz.

28 de marzo 2006 , 12:00 a.m.

Omara, cubana de corazón y convicción, ha cantado toda su vida; aunque su nombre es hoy más conocido por su participación en Buena Vista Social Club.

Con un repertorio ideal para todos los estados de ánimo (va mejor con la nostalgia, es cierto) estarán el sábado 8 de abril en Ciudad Teatro, Corferias.

Volverán y comprobarán que tienen por aquí un público que les es fiel.

‘Una andaluza vestida de magia’ ¿En las entrevistas quién habla, Maribel o Martirio? Mira, qué curioso. A ver... Creo que habla Maribel, de la experiencia de Martirio.

¿Cómo define a Martirio? Es una mujer andaluza que canta las entretelas del amor, vestida de magia y desnuda de alma. Una artista que trabaja varios formatos. La última vez que estuve en Colombia fui con flamenco. Ahora será con copla, sumada al jazz de Chano Domínguez.

Aquí sus conciertos han sido muy emotivos. Yo recuerdo una complicidad inaudita. ¡En el quinto pino! Estoy loca por llegar. Allí se me renueva la savia. Me queda la pena de no ir a Cartagena de Indias. ¡Tengo un sueño por ir a esa ciudad! Martirio ya cumple 20 años. ¿Cómo nació el personaje? Empecé con música popular. Luego conocí a Kiko Veneno y, en su grupo de rock, comencé a hacer la copla en estilos que antes no se había hecho. La primera vez que me subí al escenario, como parte de Veneno, nació Martirio.

En esos tiempos de rock, ¿por qué le interesó la copla? Era lo que me salía. Por un lado tenía esa tradición, pero también tenía un espíritu rockero, acorde con la edad. Fue algo natural, nada pensado.

Igual que la ropa que empezó a usar. Las gafas, la peineta.

También fue natural. Con mi modo de vestir estaba contando muchas cosas: una inquietud por el diseño, el urderground, el cómic, el rock; también lo que tenía que ver con el traje tradicional español.

¿Martirio sirve de alter ego? Creo que ella es la obra que he podido hacer para expresarme. Un camino que la vida y el arte me ha ofrecido para poder sacar lo mejor de mí y conectarme con la gente, que es lo que más me hace feliz.

¿Ha cambiado en estos años? Sí, mucho. Yo siempre intentaré dar magia, pero ahora voy... más delicada.

Más esencial .

Eso, las gafas y la peineta se mantienen, por supuesto. Pero antes era capa sobre capa. Más barroca. Hoy me interesa conectar muy fuerte, que oigan lo que comunico. Aunque sigo encantada por los trajes. Tengo un peinetero que te mueres. La peineta, además de ser parte de la cultura andaluza, me sirve de antena.

¿Con qué la conecta? Con lo superior y con las personas.

Es decir que cree en Dios.

Tengo muchísima fe. Creo en Dios en general, y en todos los dioses que llevan las personas dentro. En lo que hay de Dios en el mundo. En las energías. En ser buena persona. Si algo me gustaría que me dieran alguna vez sería ese premio: el de buen ser humano.

Su canción emblemática es ‘Ojos verdes’. ¿Las gafas esconden ojos verdes? Son verdes, sí, pero las gafas no esconden: velan. En los conciertos siempre me las quito en un momento. Y Ojos verdes es mi emblema, claro. Es la canción mas hermosa que hay en las coplas. Esa y La bien pagá son mis preferidas.

Su hijo Raúl la acompaña en la guitarra. ¿Viene a Bogotá? No podrá porque está tocando con su grupo. Pero él es con la persona que mejor trabajo. Me entiende como nadie. Nos llevamos apenas 20 años. Nací pa’ ser su madre.

¿Vamos a oírla de nuevo con repertorio latinoamericano, como en ‘Mucho corazón’? En mayo termino un disco con repertorio latino, basado en bolero filin, es decir cuando empieza su relación con el jazz. No van a ser temas estándar, sino una colección muy mimosa sobre los estados del amor. Va hilado un tema con otro. Desarrolla una historia de amor, hasta la separación y la vuelta arriba otra vez.

¿Qué hace perdurar el tipo de música que usted hace? Pues es la música que tiene sentimiento; tiene calidad melódica y lírica.

Música que permite nuevas versiones porque es clásica. Hoy, que el panorama musical es tan comercial, da gusto investigar en cosas diferentes, que te dan posibilidad pa’ sacarle pellizcos. Claro, esta lucha es de vocación. Si quieres dinero, hay que tirar por otro camino.

Pero da satisfacción.

Mucha. La música en este nivel es maravillosa. Acompaña, ayuda, transforma, abre fronteras más que la política.

Escribía canciones, ¿ya no? Ahora mismo no. Estoy buscando en repertorio hecho, que para mí es una labor de creación también hermosa: saber que entre 400 boleros hay dos que me van. Y como para mí escribir significa desconectar de dar la cara, meterte pa’ dentro, pues no puedo porque estoy en muchos directos.

Está viajando mucho. Sí. Y ahora lo que quiero es estar pronto en Colombia. Me dicen que voy a ir y se me pone la carne de gallina.

"Si algo me gustaría que me dieran sería el premio al buen ser humano. Es el que más me da ilusión”.

Martirio, cantante española.

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‘ESPERO QUE TODAVÍA SE ACUERDEN DE M͒ Pasa al teléfono desde un hotel de Ciudad de México y de una vez la cubana Omara Portundo empieza a cantar.

“Me estás haciendo falta, mucha falta, de verdad... ¿Te la sabes? Quiero incluirla de nuevo en mi repertorio. La canté hace mucho, cuando estuve allí como jurado en un festival de Barranquilla.” Hace un buen tiempo que no viene.

Muchísimo. Espero que todavía se acuerden de mí.

Claro. Su música se recuerda, se canta, se baila... A ustedes, a Latinoamérica, se debe que nuestra música cubana se siga tocando en todas partes. Sabemos de la cantidad de fanáticos que tiene. Eso me satisface mucho.

Una característica suya es la afinación, en todos los tonos. ¿Cómo la ha trabajado? Eso viene implícito. Ha estado conmigo desde niña. El primero que se dio cuenta de mis condiciones naturales fue mi padre. Después fui seleccionada para un coro vocal y luego estuve en el cuarteto Las D’Aida, que marcó la música cubana y en el que aprendí mucho. La vida ha sido benévola al darme esa voz.

El ambiente familiar influyó en su elección por la música.

Sí, pero no es algo especial. En Latinoamérica a todos les pasa lo mismo: de niños cantan en casa. La música es fundamental en nuestras vidas.

En su caso fue especial: creció en Cayo Hueso, barrio musical por excelencia.

Un barrio con mucha música, sí. Pero quién no toca o goza el acordeón en las costas colombianas. Eso va con uno.

Ojalá en Bogotá, junto al tema de Echavarría, también cante ‘Veinte años’.

Esa fue la primera canción que me aprendí. Mis padres me la enseñaron a los 6 años. La tenía grabada antes de Buena Vista Social Club. Su autora, María Teresa Vera, fue mi ídolo. Claro. La tengo como un número especial.

" Nací en un hogar musical, como casi todos los latinoamericanos. Crecemos con la música en el alma”.

Omara Portuondo

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