La brecha crece

La brecha crece

Dos noticias recientes deberían dar pie a una profunda reflexión de todos los colombianos y, en particular, de sus clases más pudientes. Mientras un informe sobre la calidad de vida de los municipios colombianos pintaba un dramático cuadro sobre el campo y regiones como el Pacífico, se anunciaba que las dos más grandes fortunas del país se triplicaron en los últimos dos años.

26 de marzo 2006 , 12:00 a.m.

Si por separado ambas informaciones dan para pensar, su yuxtaposición en un mismo país debería ser un llamado de alarma para que nuestra sociedad empiece, por fin, a tomarse en serio lo que constituye, al lado del conflicto armado interno, su más terrible drama: la inequidad con la que convivimos hace años.

El informe ‘Los municipios colombianos hacia los objetivos de desarrollo del milenio: salud, educación y reducción de la pobreza’, del PNUD, Planeación, el Programa Nacional de Desarrollo Humano, GTZ y la Cooperación Colombo-Alemana, pasa revista a los municipios colombianos frente a las llamadas ‘Metas del Milenio’ trazadas desde la ONU para reducir la pobreza, el analfabetismo, la mortalidad materna e infantil hacia el año 2015. Pese a que Colombia ha avanzado desde la crisis de 1998-2000, el cuadro a nivel local es muy preocupante.

El informe considera el índice de calidad de vida de los municipios colombianos con variables como el tamaño del hogar, el nivel educativo y el acceso a servicios públicos. Colombia, en promedio, avanzó casi tres puntos, entre 1997 y el 2003, cuando alcanzó un promedio de 77,4 puntos en su índice de calidad de vida. Si se cumple con la provisión de los bienes y servicios básicos que la Constitución garantiza, ese índice debería ser de 67. Hubo un retroceso entre el 97 y el 2000, pero a partir de ahí hay una recuperación.

Así que, a primera vista, las cosas estarían más o menos bien. Pero no bien se acerca la lupa, el cuadro cambia.

* * * * Una región, la Pacífica, no solo está por debajo de ese mínimo (tiene 62,6 puntos) sino que retrocedió dramáticamente desde 1997, cuando tenía 74,3. Y, según afirma el informe, si bien las demás regiones superan el nivel básico constitucional, al desagregar se encuentra que todas las zonas rurales están por debajo. Departamentos enteros como Cauca, Nariño y Chocó, y el campo, siguen a la zaga. Y se trata de cómo comen, viven, estudian y enferman millones.

Se puede abundar. El informe tiene 400 páginas y muchos detalles. Muestra las terribles carencias en variantes como el acceso a la salud, el alfabetismo, la vacunación, servicios de acueducto, energía y alcantarillado. Y afirma que “la tarea de cumplir las Metas del Milenio es inmensa, cuando se tienen en cuenta las grandes desigualdades a nivel de los municipios”.

Junto a este panorama, no deja de ser perturbadora la información profusamente divulgada de que las fortunas de los dos únicos billonarios colombianos en la lista de los 500 de la revista Forbes se triplicaron en los pasados dos años y hoy pasan de los 4.000 millones de dólares. Hace un año, uno de ellos, el banquero Luis Carlos Sarmiento, propuso un acuerdo nacional para derrotar la pobreza pero nada se concretó.

* * * * Poner al Chocó, con su miseria y su corrupción inmemoriales, junto a este enriquecimiento acelerado en miles de millones de dólares o al lado de los 5,5 billones de pesos en utilidades que declaró el sistema financiero el año pasado (casi 50 por ciento más que en el 2004) es como juntar dos países distintos.

No se trata de criticar la riqueza per se. Bancos y grandes empresarios están en todo su derecho de mostrar balances envidiables. La cuestión es cuál es su aporte y cómo contribuyen a reducir la inmensa brecha de inequidad que con cada año que pasa parece ampliarse y tiene a Colombia en el podio de los países más inequitativos del mundo.

La verdad es que billonarios y pobres del Pacífico son parte de una sola nación. En la que conviven separados por un abismo. Y en la cual son una rareza iniciativas como la del empresario y caficultor paisa Ernesto Garcés, que ofreció donar 20 por ciento de su fortuna para cerrar la brecha y propuso que quienes tengan fortunas por encima de los mil millones de pesos hagan lo mismo.

* * * * Hace falta más filantropía, sin duda, pero el problema en el fondo es de redistribución y de una real solidaridad. Para no ir muy lejos, está sobre el tapete el futuro de los miles de combatientes desmovilizados colectiva e individualmente en estos cuatro años. Sin empleo, sin una sociedad y un sector productivo que los acoja y les brinde oportunidades, será muy difícil que resistan la tentación de volver a las andadas, en bandas criminales, de narcotráfico o de nuevos ‘paras’. Si bien el Gobierno debería cuidarse de ‘ordenar’ a los empresarios que los empleen, sí es un hecho que los más pudientes tienen un papel clave que jugar en la reinserción. Papel al que hasta ahora solo algunos pocos se le han medido.

Con la economía y las ganancias del sector privado creciendo, y las condiciones de seguridad mejorando, no hay contribución más decisiva para tener un mejor país que el aporte que resuelvan hacer los que más tienen para poner parte de su riqueza en la mesa de los que no tienen nada. No podemos dejar que la brecha de la inequidad se siga ampliando.

editorial@eltiempo.com.co

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