Lo artesanal se vuelve sofisticado

Lo artesanal se vuelve sofisticado

Así quisiera, Usiacurí no podría negar que es una población de artesanos. Si se asoma por alguna de sus casas, con seguridad aparecerá un hombre, una mujer o un niño con hilos de palma de iraca en las manos tejiendo un cesto, un portavasos o un bolso. En este pueblo del Atlántico, de 9.200 habitantes, la mitad vive de su trabajo artesanal.

25 de marzo 2006 , 12:00 a.m.

En esta tierra que vio nacer al poeta Julio Flórez, diseñadores de moda como Judy Hazbún y Agnette Sung encontraron el complemento perfecto para su trabajo creativo, porque les pusieron diseño moderno a oficios ancestrales.

Nelys Bonifacio es una de estas artesanas que, además de continuar con sus objetos tradicionales, trabaja con Agnette elaborando toda clase de apliques que luego la diseñadora de vestidos de baño lleva a sus propuestas.

El patio trasero de la casa de Nelys es un espacio donde se sientan, formando un círculo con las sillas, su suegra, sus concuñadas, su cuñado y hasta el gato ‘Curulo’. Desde allí se ve el pueblo hacia abajo, pues es una población de pequeñas calles empinadas, por lo que se le conoce como ‘El Pesebre del Atlántico’. La labor de tejer comienza después de hacer los oficios de la casa y de mandar a los hijos a estudiar. Hacia las 8 a.m. se sientan a trabajar y a conversar. “Hablamos de todo. Si se descuidan hasta terminamos tejiendo la lengua”, dice entre risas Aníbal García, cuñado de Nelys. Cuando tiene mucho pedido, Aníbal se sienta a las 4 a.m. y hacia el mediodía ya tiene hecho un jarrón. Claro que esto lo logra por la ayuda de su esposa, América, que hace las bases.

El calor de la hora del almuerzo, unos 40 grados centígrados, y la postura de las ollas en el fogón dispersa a los artesanos, que se vuelven a reunir después de almorzar hasta que la luz del día se acaba y los vuelve a despedir. La rutina cambia cuando hay que teñir los hilos de la palma de iraca, una vez a la semana. Esto se hace en un gran recipiente que se calienta con leña. La introducción del color fue una innovación de Artesanías de Colombia, que hace nueve años los asesoró para que se diversificaran.

Estrella Angulo, de 49 años, que labora con las manos desde los 8 y presidenta de la Cooperativa de Tejedores de Usiacurí, reconoce que la llegada del color les abrió más espacio a los productos y atrajo a los diseñadores de moda.

Ancestral y moderno El colorido que llegó a los hilos de palma de iraca y a otros trabajos artesanales como las máscaras del Carnaval de Barranquilla, que se hacen en Galapa, llamó la atención de diseñadores que quisieron llevar estas técnicas a sus creaciones. El empujón inicial lo dio Artesanías de Colombia con la pasarela Identidad Colombia, en el 2003, que viajó a Milán (Italia). Judy Hazbún participó en el 2004.

Otros diseñadores como Agnette, también encontraron inspiración en estas técnicas y complementos de sus creaciones. “Es una mezcla maravillosa de lo artesanal con lo sofisticado”, resume Judy.

Ambas diseñadoras han adaptado espacios en sus talleres para los artesanos venidos de las poblaciones de Atlántico. Nelys, por ejemplo, se sienta bajo un árbol en el patio del taller de Agnette. José Guerrero, de Galapa, lo hace en el de Judy, un gran patio de una casa estilo español de 1956, ocupado, además, por un viejo árbol de mango.

En esos espacios tranquilos en los que solo se oye el choque de las ramas de los árboles por los fuertes vientos, reposan todo tipo de piedras y materiales que se convertirán en collares, bolsos y apliques.

“Hago vestidos de baño y no era fácil encontrar una fibra resistente al agua. La palma de iraca ha sido la única que se ha podido adaptar”, cuenta Agnette.

Judy sí puede mezclar lo que quiera. En su propuesta de accesorios artesanales usa desde una semilla llamada ojo de buey, que se pinta con la misma técnica que se usa en la elaboración de las máscaras del Carnaval, hasta piedras tayronas y maderas.

El resultado, prendas con toques únicos, porque los apliques son elaborados a mano. Así, las diseñadoras les enseñan a diversificar sus productos a los artesanos y estos dan a conocer su trabajo en las pasarelas de la moda, que ya han traspasado las fronteras colombianas.

*** DE LA PALMA DE IRACA La palma de iraca es la planta que les da la materia prima de sus productos a los artesanos de Usiacurí, (Atlántico), Nariño y Putumayo. Los hilos se extraen de los cogollos, abriéndolos y sacándolos prácticamente uno por uno.

Después se secan al sol y así quedan con su color crudo, que durante años fue el único que usaron para hacer las tradicionales canastas, individuales, portavasos y jarrones, entre otros. El trabajo artesanal con los hilos de esta palma se conoció internacionalmente gracias a la diseñadora María Luisa Ortiz que llevó a la primera pasarela de Identidad Colombia, en el 2003, sombreros elaborados en Sandoná (Nariño).

Judy Hazbún, diseñadora de modas. *** El trabajo artesanal es muy dispendioso, porque uno puede empezar diseñando unos aretes y terminar haciendo unos collares”

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