Luego de elecciones...

Luego de elecciones...

Ya se han hecho los suficientes análisis políticos sobre lo ocurrido en las elecciones del pasado 12 de marzo con la costumbre nacional de parcialidad en función de los intereses de cada quien, pero no es el objetivo seguir en esa tónica en buena parte porque corresponde hacerlo a los entendidos en esos temas.

24 de marzo 2006 , 12:00 a.m.

Pero desafortunadamente los resultados en favor de los grupos y partidos que apoyan al gobierno del presidente Uribe y su eventual reelección, parecen hacer pensar a algunos que las mayorías obtenidas son simplemente eso y que les servirán para mostrar que dominarán la política e incluso para posicionarse para el futuro.

En verdad están equivocados. Por el contrario, tener las mayoría en el Congreso implica un compromiso muy grande que va mucho más allá que quedarse con las mesas directivas del parlamento o ‘borrar’ a quienes no comparten sus ideas, por el simple hecho de ser minorías.

Siempre se ha dicho en el país que el Gobierno necesita tener una mayoría clara en el Congreso para sacar adelante una verdadera agenda de reformas que el país necesita, cosa que no se ha podido hacer por la debilidad del ejecutivo, que termina negociando y haciendo reformas a medias.

En el próximo Congreso que arranca el 20 de julio vamos probar qué tan cierto es esa teoría y Dios no lo quiera terminen las mayorías haciendo lo que les venga en gana, que en la generalidad de los casos no concuerda con el interés nacional y más bien termina haciendo daño.

La frustración nacional sería muy grande si en lugar de probar la independencia y sentido de patria, el Parlamento se convirtiera en un anexo del Ejecutivo en muchos temas o siendo complaciente en asuntos que superan la mera órbita del ejecutivo.

La democracia y el Gobierno mismo, incluyendo a Uribe en caso de ser reelegido, necesita un parlamento ejemplar, que debata, cuestione y apruebe las leyes no necesariamente como las quiera un ministro en particular, sino el país.

Y esa agenda es amplia, comenzando con el recurrente tema tributario, la aprobación del TLC y las modificaciones al régimen de transferencias de recursos de la Nación a las regiones.

En el tema tributario -por ejemplo- el facilismo se ha convertido en una herramienta de política creyendo que sólo con las reformas se aumentan los recuados, cuando la evidencia del año anterior da una lección contudente: en un año en el que no hubo reforma tributaria, el aumento de los recuados superó todas las expectativas y estuvo muy por encima de períodos en los que se aprobaron cambios en los impuestos.

Bajo la óptica que se impone en el mundo de que son las regiones las que compiten y no los países, es claro que el estímulo a la inversión y localización de empresas tiene que ver más con un tema de impuestos y trarifas locales que con la tributación nacional. Nadie está pensando en eso

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