Sugerencia inmoral

Sugerencia inmoral

Difícil escoger que fue peor, si la insinuación o los aplausos con los que el público la recibió. La sugerencia que el candidato presidente Uribe hizo en Santa Marta, de comenzar a analizar los informes sobre robos al erario público, con la idea de “que linchen a los funcionarios públicos porque todos los atrasos de la ciudad se deben a problemas de corrupción”, es desde todo punto de vista inmoral, entre otras razones porque va contra la buena costumbre de no matar. Como al presidente todo se le celebra en este ambiente de unanimismo, esa perversa idea de ejecutar personas sin proceso y tumultuariamente, se recibió como si nada, como si fuera apenas una propuesta ingenua.

23 de marzo 2006 , 12:00 a.m.

Y no lo es. En un país donde el derecho a la vida es uno de los que más se desconocen, proponer la justicia por mano propia, ejecutando a quien ha señalado una montonera de exaltados, es un enorme despropósito y un atrevido desconocimiento del artículo 11 de la Constitución: “El derecho a la vida es inviolable. No habrá pena de muerte”. Pensar en linchamientos es pensar que esa acción ejecutada por la turbamulta, es permisible como solución de justicia y que la pena de muerte es aceptable y no lo es. Linchar es un acto brutal, cobarde, inhumano e ilegal y por eso ni siquiera por chiste, o por hacer un apunte, puede sugerirse. Y menos por un presidente.

Se nota que el Jefe del Estado desconfía de la rama judicial. Es cierto que aquí la justicia es lenta y que es alta la dosis de impunidad que tenemos que tragarnos en la sociedad. Pero sugerir la justicia por mano propia para sustituir a los jueces, que no otra cosa es el linchamiento, es una terrible equivocación. Acudir a las vías de hecho, a la violencia, a la amenaza, al linchamiento, porque no se cree en las vías de derecho, es regresar a una sociedad primitiva en la que la fuerza es la que determina el comportamiento de la sociedad. Si cada quien en una comunidad se arroga el derecho de hacer justicia por su propia mano será la consagración de la anarquía, de el desorden y de la ley del más fuerte. Contra eso, a pesar de nuestros problemas, tenemos que seguir luchando. Ni la guerrilla, ni los paramilitares, ni los delincuentes, ni la tropelía, pueden imponer su ley.

Con el linchamiento se desconocen otros derechos como el de un debido proceso ante un juez o tribunal competente. La multitud que lincha hace de investigador, juez, jurado y ejecutor de la sentencia en un movimiento colectivo que es la apoteosis de lo ilegal y lo inmoral. Cuando esa palabra se menciona vienen a la mente las imágenes de los encapuchados del Ku Kux Klan (época negra en la historia de Estados Unidos), persiguiendo, golpeando y colgando seres humanos, que por el solo hecho de ser negros estaban sentenciados a morir porque así lo decidían unos pocos blancos. Quienes aplauden la sugerencia de linchar deberían mirar unas cuantas fotos de linchados.

La lucha contra la corrupción no se gana con la ilegalidad, ni con la violencia. Se gana con la ley y jueces honestos, eficaces e independientes que la apliquen y defiendan y una sociedad dispuesta a erradicarla

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.