De ‘tour’ por el Peloponeso

De ‘tour’ por el Peloponeso

Una amiga me decía, cuando le conté que había viajado por el Peloponeso, que ella ese nombre solo lo oyó en las clases de geografía del colegio, y luego nunca más. Tal vez eso me sucedía a mí antes de realizar este viaje. Peloponeso es una península de Grecia sobre el Mediterráneo y es un fantástico lugar para perderse entre montañas, olivos, rebaños de ovejas e historia.

23 de marzo 2006 , 12:00 a.m.

El circuito comienza en el canal de Corinto, imponente obra de ingeniería que separa al Peloponeso del resto del país. Desde siempre se quiso construir un canal que les evitara a los barcos rodear la península, pero la tecnología para lograrlo solo apareció en el siglo XIX. El canal, de 6 kilómetros de largo y 23 de ancho, fue excavado en roca y los barcos pasan entre dos abruptas paredes, que en su parte más alta alcanzan 90 metros.

La moderna Corinto queda cerca de las ruinas de la ciudad antigua, a cuyos habitantes San Pablo envió varias epístolas que aparecen en la Biblia. Los griegos tenían en la ciudad un templo dedicado a Afrodita, la diosa del amor, y sus ruinas constan de dos partes: la ciudad baja, con restos de templos y otras edificaciones, y la ciudad de arriba o Acrocorinto, a más de 500 metros sobre una montaña. Allí se conservan la muralla, restos de casas y calles, y algunas ruinas del templo de Afrodita.

Un poco más al sur se encuentra Micenas, la ciudad de Agamenón, que es nombrada en La Iliada y en La Odisea. Las ruinas, a las que se accede a través de la Puerta de los Leones, se alzan sobre una pequeña elevación rodeada de plantaciones de olivo.

Las historias de Homero se creyeron como leyenda y fantasía, hasta que en el siglo XIX el aficionado arqueólogo alemán Heinrich Schliemann dio con los restos de Troya (en Anatolia) y poco después con las de Micenas.

Cerca de la famosa Esparta se encuentra Mystra, una antigua ciudad bizantina enclavada en una colina. Junto a las ruinas de las edificaciones permanecen las calles y escalinatas empedradas por las que se recorre la ciudad. Llegar desde la parte baja hasta el castillo en la cima puede tomar un par de horas, pero la arquitectura, las iglesias bizantinas y el paisaje que se ve desde el castillo con el valle de olivos y las montañas nevadas compensan el esfuerzo.

También hay que visitar las ruinas de Olimpia. Originalmente era un sitio dedicado a Zeus, con un gran templo en su honor. Se dice que ya en tiempos antiguos se celebraban festivales que incluían eventos atléticos en los que participaban solamente hombres griegos.

Durante el recorrido no pueden faltar la ensalada griega, los calamares, las aceitunas y el mousaka (especie de lasagna rellena de berenjenas y carne molida).

Además, la vista no se cansa del verde plateado de los olivos, en contraste con el azul del mar.

Si desea participar en Viajeros envíenos su crónica, de unos 3.000 caracteres, a la Avenida Eldorado No 59-70 (Bogotá) o a la dirección electrónica viajar@eltiempo.com.co. Adjunte una foto suya en alguno de los lugares visitados.

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