EL BOOM DE LAS FIBRAS

EL BOOM DE LAS FIBRAS

Lo mejor sería agarrar la naranja y comérsela así como lo hacen los niños: untándose por todas partes. Porque tomarse el jugo de la fruta no es igual. Es como si se dejara en la caneca una parte esencial: el bagazo, que no es nada menos que la fibra de la naranja. Una fibra llamada pectina.

21 de octubre 1990 , 12:00 a. m.

Y resulta que esa pectina es la que actúa en distintos campos. Para bajar los niveles de colesterol, por ejemplo, como un auxiliar más de la dieta y del tratamiento médico. Para mejorar el estado y el funcionamiento del colon.

Pero esto de las fibras, no todos lo entienden. Mejor sería decir que pocos lo hacen. Es un tema que se seguirá debatiendo por varias décadas más. Y que, ante su poca definición, se convierte a menudo en trampas para ilusos consumidores.

Pero que de todos modos, acapara cada vez más la atención de los investigadores: muchas fibras faltan aún por descubrir y mucho camino se debe recorrer hasta llegar a determinar sus características, su influencia en el organismo y el alcance de sus beneficios.

Las fibras pisan el terreno de bioquímicos, biofísicos, botánicos, médicos de distintas especialidades y dietistas. En octubre próximo, durante el Congreso Mundial del Colegio Americano de Cirugía, serán también tema de deliberaciones.

Entre las últimas investigaciones se encuentran las realizadas por el grupo de la Universidad de Pensilvania, del cual hace parte Camilo Palacio, médico internista colombiano. Palacio es coautor de varias obras científicas sobre fibras.

La fibra está en boom. Se le atribuyen infinitas bondades y mucho se ha especulado en torno a su influencia para combatir enfermedades coronarias, obesidad, diabetes, cáncer de colon y cáncer de seno . Pero hasta el momento, no hay elementos de juicio suficientes para probar sus beneficios de manera irrefutable. Sí hay indicios que justifican acercarse e investigar. Pero no se deben alimentar falsos optimismos .

Todo comenzó a principios de siglo cuando el médico inglés Burkkit observó que ciertos pueblos africanos no padecían de algunas enfermedades gastrointestinales. No conocían la diverticulitis, no había poco estreñimiento y pocos casos de cáncer de colon. Comparó dietas y concluyó que esos pueblos primitivos consumían alimentos con alto porcentaje de fibras y residuos. No sucedía igual en las sociedades occidentales, acostumbradas a alimentos muy procesados y con pocos vegetales.

Las primeras conclusiones de Burkkit han sido corroboradas sin llegar, sinembargo, a su plena comprobación científica.

Hasta hace poco tiempo, fibra era todo. No existía tampoco distinción: eran iguales la fibra proveniente de cereales que la de la lechuga. Hoy, el consenso abarca varios aspectos. Primero, la definición: fibra es la porción de carbohidratos que no puede ser digerida por las enzimas humanas. Palacio lo explica: es como si los alimentos formaran una pared, y que las enzimas desintegraran esa pared en pequeños ladrillos para que el intestino las pudiera absorber. Sinembargo, la estructura química de ciertas fibras es tan compleja que desmenuzarla resulta imposible.

De allí surgen otras anotaciones: las fibras solo provienen del reino vegetal; en un mismo producto pueden encontrarse múltiples elementos (proteínas, por ejemplo) y varias fibras; hay infinidad de fibras, dependiendo de la fuente; cada una de estas tiene propiedades que le son exclusivas; no debe confundirse fibra con residuo. La única misión de este último es engrosar el contenido intestinal para facilitar la evacuación.

Y si bien no se ha logrado una completa clasificación de las fibras, mucho menos se sabe de sus subproductos. Y muchísimo menos de los mecanismos a través de los cuales actúan.

Pero se descubren detalles importantes, gracias a las investigaciones hechas a nivel experimental, en su mayoría con animales de laboratorio. Por ejemplo, a nivel de riñones se realiza un estudio cuyos resultados preliminares muestran una notable mejoría en pacientes con enfermedades renales crónicas, a quienes se les suministró una determinada fibra. Las diálisis que se les practicaban dos veces a la semana fueron reducidas, en algunos casos, a dos veces mensuales. El estudio sigue su curso.

Pero quizás los descubrimientos más espectaculares se están dando a nivel del colon, de la interacción de las bacterias y las fibras, de la alimentación de pacientes graves con una dosis adicional de fibras.

Palacio explica: hay bacterias propias, normales, del colon. Hay también en el cuerpo bacterias potencialmente perjudiciales que pasan por el colon y son neutralizadas por él.

Para el primer grupo, los estudios revelan una extraña simbiosis entre bacterias y fibras. Ambas conviven y se benefician una de otra. La fibra no digerida que llega al colon nutre las bacterias normales, gracias a lo cual estas a su vez producen los ácidos grasos de cadena corta. Son fundamentales! Entre otras cosas, para el mismo funcionamiento del colon, para la función de impermeabilización que cumplen a través de las varias capas que lo integran, para impedir precisamente el paso libre de las bacterias potencialmente perjudiciales.

Y si no llega fibra al colon, sucede como si se incumpliera un contrato. Las bacterias normales, lejos de morir, buscan nuevo alimento. Y qué mejor que comerse el moco del colon, aquella sustancia también normal, principal elemento de la barerra natural para impedir la invasión del organismo por las bacterias. Las infecciones y las enfermedades intestinales se hacen mucho más fáciles y frecuentes.

Son investigaciones a mitad de camino pero que, desde ya, obligan al hombre a firmar un pacto consigo mismo: consumir fibra.

Y es bien fácil, dice Palacio. El secreto está en tener una dieta bien equilibrada. No bastan los cereales solos, ni las frutas solas, ni tampoco los vegetales. Sobre la mesa, la convivencia de todos es lo ideal. Se levanta el telón FIBRA Y CANCER DE COLON: Observaciones hechas por varios científicos parecen reiterar el hecho de que la incidencia del cáncer de colon es muy baja en las poblaciones que incluyen en sus dietas grandes cantidades de fibras. Igualmente se ha visto que, a medida que se ha generalizado en América Latina la industrialización de los alimentos (comidas pre-preparadas, enlatados y otros), la enfermedad se ha hecho más frecuente.

Sinembargo, hasta el momento, las investigaciones no han logrado tener una prueba científica irrefutable para atribuirle a la fibra poderes preventivos contra el cáncer de colon. Las puertas siguen abiertas. FIBRAS Y CANCER DE SENO: Existiría una serie de sustancias en el colon que, por falta de fibras, se transformarían en productos potencialmente cancerígenos para el seno y que serían absorbidos por el torrente sanguíneo.

Los resultados de las investigaciones no son definitivos aún, pero todo parece confirmar la asociación entre un tipo de cáncer de seno y la ausencia de alimentación con fibras. Las fibras que parecen desempeñar un papel protector son aquellas solubles en el agua, entre ellas la pectina y la goma (cítricos y garbanzos). FIBRAS Y COLESTEROL: Se ha observado que la fibra reduce los niveles de colesterol y de triglicéridos en la sangre. Se desconocen los mecanismos mediante los cuales actúa y existen varias teorías al respecto. Una de ellas se refiere al hecho de que ciertas fibras funcionan como un pegante al que se adhiere la placa de colesterol que flota en la luz del intestino, lo que impide que el cuerpo la absorba.

De ser cierto, se requeriría que la fibra tuviera una alta capacidad de atrapar agua, como si fuera una esponja. La mayoría de las celulosas son de ese tipo y tienen la ventaja de pasar a través del cuerpo sin desintegrarse, lo que haría posible que arrastraran con ellas el colesterol hasta desecharlo.

Pero este mecanismo no es el único en actuar: otras fibras, como la pectina, que son digeridas por las bacterias normales del colon, también tienen la capacidad de reducir los niveles de colesterol. FIBRAS Y DIVERTICULITIS: Es una de las enfermedades gastrointestinales más frecuentes de los países desarrollados. Se podría decir que casi todo habitante del mundo occidental, mayor de 55 años, la sufre. El divertículo es semejante a una hernia en la mucosa del colon que atraviesa las capas exteriores que se han debilitado.

Aquí también las investigaciones comprueban la influencia de la fibra y, fundamentalmente, del residuo capaz de producir efectos mecánicos, sin que medien reacciones químicas. Son importantes la lignina, las celulosas y las hemicelulosas o fibras más duras de roer. Se encuentran en las verduras, entre las cuales lechugas, apio, cebolla, habichuelas, y en los cereales y sus cáscaras, entre ellos el salvado. El maíz contiene mucílago. La cáscara de la papa contiene lignina. FIBRAS Y OBESIDAD: Parece ser semejante el efecto en la diabetes II (conocida como de adultos). La fibra reduciría la necesidad de glucosa, normalizaría los niveles de glicemia y, por mecanismos aún desconocidos, llevaría a una reducción de peso.

Se ha comprobado que la fibra es fundamental en las dietas de adelgazamiento. La más apropiada --pero la más difícil de conseguir en Colombia-- es la goma que se encuentra en las cerezas y las algas. También existe en algunas leguminosas entre las cuales, muy especialmente, los garbanzos. Esto no significa empero que el garbanzo, por sí solo, lleve a la reducción. Al igual que en el caso de las naranjas, actúa como un instrumento más en el tratamiento médico.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.