‘Convenio antitabaco no propone una ley seca’

‘Convenio antitabaco no propone una ley seca’

Si hay un motivo que explique porqué Colombia es uno de los pocos países que no ha firmado ni ratificado el Convenio Marco para el Control del Tabaco, la Fundación Interamericana del Corazón (FIC) quiere conocerlo.

23 de marzo 2006 , 12:00 a.m.

Esa es la razón por la que Eduardo Bianco, director del Programa de Control del Tabaco de la FIC, está de visita en el país. “Queremos hacer un diagnóstico de lo que pasa y contactar a las autoridades públicas para compartir experiencias exitosas en este tema y ofrecerles apoyo”, asegura.

El país, autoexcluido “Si hay alrededor de 30.000 muertes anuales en Colombia por causas asociadas al consumo de cigarrillo y si la economía de esta nación no depende del cultivo de tabaco, ¿por qué se ha autoexcluido del tratado de salud pública más importante de la historia?”, pregunta Bianco.

El Convenio, que entró en vigor en febrero del 2004, surgió como una iniciativa de la Organización Mundial de la Salud con el propósito de regular el consumo de cigarrillo. A la fecha, 172 estados lo han firmado, 124 lo han ratificado y un número cada vez mayor está aplicando medidas efectivas para disminuir el número de adictos crónicos (que se estima en 1.100 millones) y proteger a los fumadores pasivos.

Según expertos, el cigarrillo es la única sustancia adictiva que para el 90 por ciento de las personas que lo consumen, representa una intoxicación crónica que termina con la vida de la mitad de ellas.

En otras palabras, lo más seguro es que antes de 20 años cerca de 500 millones de personas mueran por esta causa.

A pesar de la contundencia de estas cifras, el propio Convenio ha tenido que afrontar obstáculos, que no han permitido que su aplicación efectiva sea más rápida, “y entre ellos se cuentan las presiones políticas y económicas, tras las cuales están las multinacionales tabacaleras”, sostiene Bianco.

El representante de la FIC no descarta que la negativa de Colombia se deba a influencias económicas de sectores que se benefician con la comercialización del tabaco. “También puede ocurrir –asegura Bianco– que las autoridades colombianas no hayan comprendido el tema en toda su dimensión”.

En distintas oportunidades, autoridades colombianas explicaron que una de las razones que motivó la no firma del Convenio, fue el temor a afectar a por lo menos 100.000 familias que viven del cultivo del tabaco.

Para la FIC, sin embargo, el argumento es débil. Según Bianco, en esencia el Convenio no pretende convertirse en una especie de ley seca, que prohíba de tajo el consumo de cigarrillo y de paso estigmatice a los fumadores.

Sostiene que se trata de una estrategia progresiva que a mediano y largo plazo disminuya las alarmantes cifras de enfermedad y muerte que causa el consumo.

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