Carlos Gaviria y su ‘cambio radical’

Carlos Gaviria y su ‘cambio radical’

El triunfo de Carlos Gaviria Díaz en la consulta del Polo Democrático es lo mejor que le ha pasado a la izquierda en muchos años, porque ninguno como él reúne las condiciones para convertirse en el ‘gallo tapao’ de la próxima contienda electoral. Este Gaviria es, a diferencia del César del liberalismo, el verdadero ‘polo opuesto’ que le hacía falta al Presidente en ejercicio.

22 de marzo 2006 , 12:00 a.m.

Sin temor a equivocaciones, nada sería más provechoso para la democracia que el debate –o la confrontación, en últimas– se diera entre dos reales contendores, militantes en muy distinta orilla política y, en bienhechora coincidencia, provenientes de la misma tierra antioqueña, con ganancia de inventario para el de Sopetrán, por la novedad que encarna. De modo que invocamos al Altísimo para que nos conceda el milagrito de una segunda vuelta en la que terminen frente a frente, cara a cara, tête-a-tête un humanista con aureola de sabio como Carlos Gaviria, contra un presidente autoritario y con alma de mandamás –aunque eficiente, dicen– como Álvaro Uribe. Paisa versus paisa, máscara contra máscara, pelo contra pelo y vale todo, como en la lucha libre.

Habiendo ya mordido la lona Antanas Mockus y Enrique Peñalosa, porque no aplicaron ninguna llave contundente, la verdadera sorpresa que pudiera dar Carlos Gaviria sería la de dejar tendido en la arena a Horacio Serpa en la primera vuelta, algo no tan quimérico como que haya una segunda, suponiendo que por cosa de imprevistos –que suelen darse– no completara Uribe la mitad más uno en el lance de apertura. ¿Quién, si no Gaviria (Carlos), puede recoger los votos de opinión que en la consulta liberal dejaron regados Rafael Pardo y Rodrigo Rivera, sumados a los incontables de la oposición silenciosa encarnada en una inmensa mayoría abstencionista? A Carlos Gaviria no se le conoce faena en redondo, como sí se vio hasta el cansancio en figuras antaño renovadoras como Antanas Mockus, que languideció en abstrusas pirámides; o Enrique Peñalosa, a quien no le perdonaron tanto bandazo de billarista amateur; u Horacio Serpa, de quien siempre será difícil borrar que le recibió puesto a Uribe Vélez. En el nuevo escenario, el ala más radical del PDA comienza a desplazar de los reflectores al Partido Liberal, el cual parece navegar con piloto automático, entre súpito y atónito, luego de obtener tan menguada representación en el Congreso.

Ha llegado la hora en la que Carlos Gaviria comience a épater la bourgeoisie, para decirlo en el francés radical de sus copiosas lecturas.

Estamos ante alguien a quien muchos ya identifican, pero pocos aún conocen.

Y no es que hasta ahora empiece a hablar, sino que ahora sí van a escucharlo. Gaviria ha conformado tácita llave política con Gustavo Petro, quien le ganó en franca lid a María Emma Mejía el primer puesto en la lista de su partido al Senado. Es una realidad comprobable que tal postulación –por parte de Lucho y Navarro– generó malestar en las bases del recién fundido PDA, de modo que la derrota de la ex canciller de Samper (y ex candidata a la Alcaldía contra el propio Lucho) fue el primer triunfo resonante de esa ala radical compuesta, además de Gaviria, por Petro, Wilson Borja, Jorge Enrique Robledo, Venus Albeiro Silva y Germán Navas Talero, quienes de paso obtuvieron las más nutridas votaciones.

El mandato que en las urnas recibe la izquierda democrática es pues el de jugársela desde el polo opuesto, porque un Polo de centro comenzaba a sonar a grosera incongruencia. Carlos Gaviria se ha puesto a la cabeza de un partido que camina sus primeros añitos, y en el que hasta hoy abundaban sindicalistas, maestros, líderes comunitarios, feministas, artistas y ex guerrilleros, pero ni por las curvas un eminente ex magistrado, ex presidente de la Corte Constitucional y con los más honrosos títulos en jurisprudencia de Harvard Law School. Y paisa, además.

actoymedio@hotmail.com

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