CRISIS DE LA DEUDA: SE ACERCA EL FIN

CRISIS DE LA DEUDA: SE ACERCA EL FIN

Argentina se unirá en enero próximo a los grandes deudores de Latinoamérica que han negociado ya, o han empezado a negociar, la reducción de su deuda exterior con la banca privada. El pronóstico del ministro argentino de Economía, Domingo Cavallo, de que puede lograrse un acuerdo mucho antes de que finalice 1992, y las negociaciones en curso entre Brasil y sus acreedores, permiten albergar la esperanza de que esta etapa clave de la crisis de la deuda latinoamericana finalice el año próximo, cuando se cumple el décimo aniversario de su estallido.

24 de noviembre 1991 , 12:00 a. m.

El presidente argentino, Carlos Menem, anunció esta semana en Nueva York que como su país recibirá un crédito de facilidad ampliada del Fondo Monetario Internacional (FMI) antes de finales de marzo próximo, empezará a negociar con la banca acreedora un plan Brady para la reducción de su débito exterior la última semana de enero de 1992.

En contra de lo que pedían inicialmente los bancos, se negociarán al mismo tiempo los atrasos argentinos entre siete mil y ocho mil millones de dólares, buena parte de los cuales se acumularon durante la moratoria de abril de 1988 a julio de 1989, y la reducción de los más de treinta mil millones de dólares en préstamos a largo y medio plazo adeudados a la banca. Optimismo argentino Pero Argentina, con un débito global de unos sesenta mil millones, también cedió, ya que hasta el lunes había insistido en que no se sentaría con la banca sin tener el crédito ampliado del FMI que, según diversas fuentes, rondará los tres mil millones.

Tanto Cavallo como William Rhodes, vicepresidente de Citibank, entidad que preside el comité de bancos con el que negociará Buenos Aires, se mostraron confiados en que las negociaciones serán rápidas.

No solo por la intención argentina de presentar una propuesta muy seria, sino también por los principios ya establecidos en los acuerdos negociados por México y Venezuela.

En verano de 1982, cuando estaba recién estrenada lo que se convertiría en la llamada década perdida de Latinoamérica , se disparó la crisis de la deuda cuando México hizo saber a Estados Unidos que no tenía dinero para continuar sus pagos.

México fue también el primero que llegó a un acuerdo con la banca para reducir su deuda comercial con base en el plan anunciado en marzo de 1989 por el secretario estadounidense del Tesoro, Nicholas Brady.

El llamado plan Brady, que sustituyó al infructífero de su predecesor James Baker, alienta a los bancos a reducir la deuda de los deudores que hayan adoptado amplias reformas económicas, a cambio de garantías oficiales parciales sobre el resto del débito. México y Brasil En febrero de 1990, México, cuya deuda exterior total era la segunda más grande del mundo en desarrollo al sobrepasar los 97.000 millones de dólares, firmó el histórico acuerdo para reducir sustancialmente los 48.500 millones adeudados a la banca.

El acuerdo ofrecía a los acreedores un menú de opciones que se repitió con variantes en otros casos latinoamericanos como Venezuela, Costa Rica y Uruguay: reducción del capital de la deuda, recorte de los tipos de interés y concesión de dinero fresco.

El segundo importante deudor latinoamericano en pactar con la banca, tras largas y difíciles negociaciones, fue Venezuela.

Con una deuda total de más de 27.000 millones, el pasado 5 de diciembre logró un pacto que cubría casi 20.000 millones en préstamos a medio o largo plazo, adeudados a la banca comercial. Se redujo casi a la mitad el servicio anual del débito, según el gobierno de Caracas.

Tras largas y reñidas negociaciones, Brasil, el mayor deudor del mundo en desarrollo, con una deuda superior a 120.000 millones de dólares, llegó en abril pasado a un acuerdo para el pago de sus atrasos de más de 8.000 millones, acumulados durante su moratoria de casi año y medio.

En agosto pasado empezaron las conversaciones para la reducción de los 52.000 millones que adeuda a la banca privada, pero no ha habido muchos progresos. Además, el programa económico de Brasil no ha dado los frutos esperados.

Se espera, sin embargo, que esta semana Brasil presente una carta de intenciones al FMI sobre su programa de ajuste para la concesión de un crédito stand by puente de 2.000 millones, que sería el paso previo a un crédito de facilidad ampliada. Brasil promete otro ajuste Brasil hará ambiciosas promesas al FMI, tales como una baja tasa de inflación y un presupuesto equilibrado, en una carta de intención tendiente a lograr un nuevo préstamo de ese organismo.

Sin embargo, funcionarios gubernamentales admiten que los fracasos del país para cumplir con similares objetivos en el pasado han creado un problema de credibilidad para el presidente Fernando Collor de Mello.

Estamos tratando de convencer a todos de que esta vez realmente vamos a reformar la economía y que no vamos a tomar medidas a mitad de camino como las últimas 10 veces , dijo una fuente de la secretaría de Planificación.

La sombra de la primera ministra de Economía de Collor, Zelia Cardoso de Mello, se proyecta sobre las negociaciones con el FMI por un crédito contingente (stand-by) de 2.000 millones de dólares.

La ex ministra, quien renunció en mayo, fue la responsable del programa presentado por el gobierno de Collor en la primera carta de intención al FMI, en septiembre de 1990.

La carta, que prometía una inflación anual del 25 por ciento y un crecimiento del tres por ciento para 1991, nunca fue seriamente considerada.

Actualmente, la inflación supera el 25 por ciento mensual, la enferma economía se encuentra todavía en su peor recesión en décadas, y el 0.5 por ciento de superávit fiscal logrado por Cardoso en 1990 se ha desvanecido hasta transformarse en un importante déficit.

El actual ministro de Economía, Marcilio Marques Moreira, quien no prometió soluciones mágicas o planes sorpresivos, espera tener éxito en Washington con promesas más modestas, apoyado por una gran reforma impositiva y cambios constitucionales favorables a las inversiones que están siendo considerados por el Congreso.

La carta de intención sometida ahora a Collor para su aprobación final y que probablemente será puesta a estudio del FMI la semana próxima, promete: Un crecimiento cero o insignificante del Producto Interno Bruto (PIB) del año próximo, seguido de un crecimiento del tres por ciento en 1993 y del cinco por ciento unos años después.

Una inflación en descenso respecto de sus niveles presentes de cerca de un treinta por ciento mensual, a un seis u ocho por ciento mensual para fines del año próximo y a un veinte por ciento anual en 1993.

Un déficit fiscal operativo del 2.7 por ciento del PIB del año próximo, seguido de un superávit menor al uno por ciento en 1993.

Funcionarios del gobierno admiten que el éxito de la carta depende de que el Congreso apruebe el proyecto de ley de reforma impositiva, el cual busca ingresos extras de 12.000 millones de dólares en 1992.

El Congreso entra en su receso de Navidad el 15 de diciembre y debe aprobar el proyecto de ley antes de esa fecha si la carta de Collor al FMI es seriamente considerada en enero, como está previsto que ocurra.

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