ROBO IMPUNE DE CIÉNAGA DE LA VIRGEN

ROBO IMPUNE DE CIÉNAGA DE LA VIRGEN

A la ciénaga de La Virgen, el cuerpo de agua más grande de Cartagena y considerada patrimonio natural del país, se la están robando a plena luz del día y no pasa nada. A pesar del evidente desastre en las áreas costeras, de manglares y de bajamar, los invasores siguen campantes. (VER INFOGRAFIA: LA CIENAGA EN DETALLE)

10 de julio 2005 , 12:00 a.m.

A la ciénaga de La Virgen, el cuerpo de agua más grande de Cartagena y considerada patrimonio natural del país, se la están robando a plena luz del día y no pasa nada. A pesar del evidente desastre en las áreas costeras, de manglares y de bajamar, los invasores siguen campantes.

(VER INFOGRAFIA: LA CIENAGA EN DETALLE).

Hasta ahora no han servido 100 denuncias penales an-te la Fiscalía Seccional y tampoco ha surtido efecto la judicialización, desde 1998, de 500 infractores. Además, siguen sin ejecutarse 500 órdenes de restitución de áreas invadidas que reposan en los escritorios de la Alcaldía.

"Los autores intelectuales del ecocidio están liderados por abogados que manejan complicidades y no les temen ni a los tribunales ni a la Fiscalía. Frente a ellos y sus conexiones judiciales, como si se tratara de procesos de tierras adquiribles por prescripción, hay que probar que el agua es agua y que las ciénagas, playas y arrecifes coralinos son de la Nación", denuncia Rafael Vergara, dos veces jefe de Asuntos Ambientales de Cartagena.

Sobre las acciones penales, la fiscal quinta de la Unidad de Administración Pública y encargada de los delitos ambientales, Nury Márquez, afirma que ni todas prospe-ran, ni todas dan para detenciones. "La legislación ambiental tiene vacíos y sólo castiga con cárcel a los promotores de las invasiones", explica.

Según dice, de las 100 denuncias penales iniciadas por el caso se han evacuado hacia los juzgados unas 30.

Desde 1998, agrega Olga Cabrales, de la Unidad del Me-dio Ambiente del Cuerpo Técnico de Investigaciones (CTI) de la Fiscalía, se han producido 30 capturas de depredadores e invasores de la ciénaga en el sector de La Boquilla. Pero, cuando mucho, a los detenidos se les priva de la libertad por unas 36 horas.

Invasores de cuello blanco.

El invierno de noviembre pasado hizo que el país pusiera los ojos en la miseria de los invasores de la ciénaga por los lados del suroriente de la ciudad, que desde hace 20 años construyeron sus ranchos de madera y plástico en las zonas anegadizas. Son, según el ex ministro José Enrique Rizo Pombo, unas 160 mil personas en cerca de 15 barrios de invasión, que sobreviven bajo las más precarias condiciones de salubridad.

Pero no todos los que invaden la ciénaga son necesita-dos. Una zona de manglar, en inmediaciones de La Boqui-lla, fue rellenada y convertida en caballerizas y piscinas para la cría de sábalos. Cuando se iniciaron los procesos del caso, sus ocupantes presentaron documentos judiciales que les reconocían propiedad sobre los terrenos.

"Este es un caso típico de cómo las instancias legales le otorgaron derechos inexistentes al usurpador, porque se prescribió lo imprescriptible", dice Vergara.

En otros casos, las sentencias simplemente no se han cumplido. A través de una acción popular se logró que el Tribunal de Bolívar ordenara la demolición de uno de los complejos construidos en la ciénaga, pero un año después no se ha ejecutado este fallo.

Al respecto, la procuradora agraria, Cecilia Bermúdez, afirmó que el 11 de mayo pasado presentó un incidente de desacato ante un juez para que se cumpla el mandato de segunda instancia del Tribunal.

Y mientras la justicia va lenta, la depredación no se detiene. Según el CTI, cada mes se registran cinco nuevas invasiones en el sector de La Boquilla.

Los rellenos ilegales casi se dan a la vista de las autoridades. Todos los días, según Cabrales, pasan por la avenida Santander y llegan a La Boquilla decenas de volquetas.

Llevan toneladas de recebo para rellenar manglares y playones. "Es la feria de los escombros", dice.

Nadie se explica cómo sucede esto si los camiones pasan frente a un CAI de la Policía ubicado a la entrada de Crespo, por las oficinas del Tránsito Distrital, y por inmediaciones del vigilado aeropuerto Rafael Núñez.

Lo peor es que ni siquiera para cerrarles el paso a esas volquetas el Estado se pone de acuerdo.

Agustín Chávez, director de Cardique, dice sólo se re-quiere un decreto distrital que prohíba el transporte de escombros hacia La Boquilla.

La directora del ente Ente Público Ambiental de Cartagena, Irina Abadía, asegura que hace un mes el Alcalde firmó este decreto y que está en vigencia. Y la fiscal Martínez dice que, si existe, no ha sido puesto en conocimiento de las autoridades.

Mientras tanto, la ciénaga se sigue encogiendo y, con ella, el derecho de los colombianos a un bien natural que, se supone, es de todos.

LA POLEMICA.

ALBERTO BARBOZA Alcalde de Cartagena.

"Admitimos la gravedad de la situación de deterioro de la ciénaga de La Virgen.

Sin embargo, el problema es tan complejo que se requiere de una especie de cuerpo élite de vigilancia para detener el daño, para detectar las nuevas invasiones y para llevar a cabo las órdenes de desalojo ya decididas por las autoridades judiciales".

Rafael Vergara.

Ex jefe Ambiental de Cartagena.

"La Alcaldía abandonó a su suerte más de 15 acciones populares y las restituciones previstas, con el argumento de que su jurisdicción llegaba hasta la Bocana Estabilizadora de Mareas (entrada de La Boquilla), que es donde comienzan los problemas más graves. En año y medio, los invasores de la margen derecha de la ciénaga pasaron de 23 a 63".

DETERIORO SOSTENIDO.

La Ciénaga de la Virgen es una laguna costera ubicada sobre el sector norte de Cartagena y separada del mar por el cordón de arenas del corregimiento de La Boquilla. Tiene forma triangular, estrecha en el norte y amplia en el sur, con una anchura máxima de 4,5 kilómetros y una longitud de 7 kilómetros.

La construcción del anillo vial sobre el costado occidental, en los 80, marcó el inicio del deterioro de la ciénaga.

Sobre el costado oriental de la ciénaga, existe una zona de manglares y zonas pantanosas que cubren un área de 7,5 kilómetros cuadrados.

El desague de la ciénaga al mar se producía a través de una boca natural del corregimiento de La Boquilla, pero se cerró. Se hizo necesaria la construcción de la Bocana Estabilizadora de Mareas, que se puso en funcionamiento el 25 de noviembre del 2000.

Se trata de un sistema de conexión permanente entre el mar y la ciénaga que, a través de compuertas que se abren y cierran con las mareas, facilita la oxigenación de aguas.

El proyecto se financió con aportes de la Nación y de los Países Bajos y debe ser complementado por varias obras que, se supone, contarán con el apoyo del Banco Mundial.

El 60 por ciento de las aguas residuales domésticas de Cartagena, el sedimento producido por la erosión del cerro de La Popa y las basuras sólidas van a dar a la ciénaga.

La zona suroccidental de la ciudad, a orillas de la ciénaga, alberga al 30 por ciento de la población total de la ciudad. en su mayoría desplazada, y constituye el área de mayor impacto en las épocas invernales.

Un estudio realizado por el antropólogo Carlos Castaño Uribe, contratado por Cardique, determinó que en los últimos 20 años han sido rellenadas un poco más de 300 hectáreas de este cuerpo de agua.

El personero de Cartagena, Fabio Castellano, dice que es tan grave el asunto que se requieren dos alcaldes en la ciudad: "Uno para encarar los problemas de la ciénaga y otro que se ocupe de los demás asuntos de gobierno".

En varias oportunidades, operaciones de restitución de terrenos invadidos en la ciénaga han desembocado en desórdenes, protagonizados por los invasores.

UN PROBLEMA SOCIAL DE POR MEDIO.

Las inundaciones que todos los años se presentan en los barrios de la zona suroriental de Cartagena son producto de la invasión indiscriminada de la ciénaga de la Virgen.

Por lo menos así lo plantea el doctor en ciencias del mar y miembro de la Facultad de Ciencias e Ingeniería de la Universidad de Cartagena Alfonso Arrieta, que esta semana, en un evento académico, se refirió a la situación de los barrios que rodean la ciénaga y al deterioro al que este cuerpo de agua está siendo sometido.

Lo duro, dice, es que están destruyendo los manglares sin entender que son ellos los que evitan que se produzcan inundaciones.

Cuestiona que los que siempre resultan damnificados por el invierno no se ponen a pensar que el problema no es que el agua se mete en sus casas, sino que ellos se metieron al agua.

Tan grave como eso es que no es fácil frenar las inundaciones porque está de por medio la suerte de miles de familias que se asentaron allí y no tienen a donde ir.

También Jesús Olivero Verbel, premio de la Academia de Ciencias del Tercer Mundo, dice que los manglares se están convirtiendo en basureros y que barrios como San Francisco, Olaya Herrera y El Pozón son el foco de la crisis ambiental que se vive alrededor y dentro de la ciénaga.

Fotos:.

Manuel Pedraza/ELTIEMPO

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