EL QUIOSCO DE LA LUZ

EL QUIOSCO DE LA LUZ

El fallecido músico Simón Mendoza, director de la Sonora Cordobesa de Montería e intérprete de legendarias composiciones de Eliseo Herrera como El pájaro picón picón y La mafafa, nunca se enteró de que era homónimo del constructor Simón Mendoza, menos conocido pero no menos famoso. Fue quien hizo El quiosco de la luz, la primera edificación con cemento nacional que se convirtió en símbolo de la llegada de la luz eléctrica a Bogotá, del desarrollo de la ciudad y en la única réplica criolla del belvedere o pabellón de la música que construyó el arquitecto francés Richard Mique, a pedido de María Antonieta, en el conjunto del Pequeño Trianón en el Parque de Versalles, en París en el siglo XVIII.

16 de julio 2005 , 12:00 a.m.

El fallecido músico Simón Mendoza, director de la Sonora Cordobesa de Montería e intérprete de legendarias composiciones de Eliseo Herrera como El pájaro picón picón y La mafafa, nunca se enteró de que era homónimo del constructor Simón Mendoza, menos conocido pero no menos famoso. Fue quien hizo El quiosco de la luz, la primera edificación con cemento nacional que se convirtió en símbolo de la llegada de la luz eléctrica a Bogotá, del desarrollo de la ciudad y en la única réplica criolla del belvedere o pabellón de la música que construyó el arquitecto francés Richard Mique, a pedido de María Antonieta, en el conjunto del Pequeño Trianón en el Parque de Versalles, en París en el siglo XVIII.

Localizado en el céntrico Parque de la Independencia, en la séptima con calle 26 de Bogotá, El quiosco de la luz, pequeña construcción octogonal de estilo neoclásico, mandado a levantar en 1909, para conmemorar el primer centenario de nuestra independencia, por los hermanos Samper Brush, antepasados del ex presidente Ernesto Samper y fundadores de la casi centenaria fábrica de Cementos Samper, empezará a ser restaurado este mes, tras casi un siglo de vida, años de abandono y fracasados intentos anteriores. Se planea convertirlo en un punto clave de información histórica y urbana del centro de la ciudad, donde se venderían libros, mapas, planos, etc. El quiosco de la luz se complementaría, además, con un segundo quiosco donde funcionaría un café en pleno corazón del parque.

La restauración pretende no solo despertar el interés por el lugar sino alcanzar la recuperación física del famoso quiosco y de la historia que lo rodea. Como fue hecho originalmente solo para contener una planta eléctrica y mostrar el uso del cemento armado, su espacio físico es muy pequeño. Por eso, la empresa privada va a participar en este proyecto, y Cemex, la misma fábrica de Cementos Samper, está dispuesta a patrocinar la construcción de un segundo quiosco, que complementaría las actividades de El quiosco de la luz y en el que funcionarían, además de la cafetería, los baños que tanta falta le están haciendo al parque , dice Alberto Escovar, subgerente técnico de la Corporación La Candelaria, encargada del proyecto, estimado en unos $230 millones.

En la conmemoración del primer siglo de nuestra independencia se realizó la histórica Exposición del Centenario en el Parque de la Independencia en donde, además de El quiosco de la luz, se levantaron también los pabellones de la industria, de bellas artes, el egipcio, el japonés, y otros. Desde el quiosco los hermanos Samper mostraron a los 100 mil habitantes de la Bogotá de entonces, cómo operaría el servicio de iluminación eléctrica que pondrían a la venta, tras haber adquirido los derechos quince años atrás.

Ese 20 de julio de hace casi un siglo, según relatos de la época, la compañía de los Samper Brush iluminó por su cuenta la Plaza de Bolívar, el Parque Santander, el de San Diego, el recién inaugurado Parque de la Independencia, y la Avenida Colón, lo que convirtió automáticamente a El quiosco de la luz en una especie de sombrero de mago del que salió después el cable infinito que luego diseñaría la compleja red eléctrica de Bogotá.

Hasta entonces, desde la fundación de la ciudad y según la historia oficial de la empresa de energía local, los capitalinos habían contado primero con la luz del Sol y de la Luna, luego con la producida por las malolientes velas de sebo animal, y a finales de 1700 con un rústico servicio de alumbrado callejero a cargo de serenos que recorrían la calle del comercio, alumbrándola con lámparas de sebo portátiles. Después se utilizaron mecheros de gordana y, a finales de 1800, los serenos fueron remplazados por faroles que, más tarde, fueron sustituidos por lámparas de aceite, de gas y de petróleo.

El quiosco de la luz se convirtió, no solo en el símbolo de la llegada de la luz eléctrica a Bogotá, sino en uno de cambio: marcó un antes y un después en la vida social y económica de la capital, pues la modificó de forma radical y fue el pilar de la industria y el desarrollo en el siglo XX. Además,de alguna manera, todo lo que iba a ser la construcción en ese siglo: concreto, acero y luz eléctrica, que fueron los elementos que se utilizaron desde entonces en las construcciones de Bogotádestaca el historiador Escovar.

Por lo anterior y porque es emblemático para la historia de Colombia, todos nos merecemos la recuperación de El quiosco de la luz. En 1910, en la conmemoración del centenario de la independencia, se cerró y abrió un periodo importante: fue la primera vez que los ciudadanos de este país, entonces unos 5 mil, se sentaron a pensar qué iban a mostrar de su sociedad y qué era lo que ellos creían que era una nación. En la histórica Exposición del centenario, se mezclaron muchas cosas: por ejemplo, un pabellón de bellas artes y uno de la industria, como dando a entender que, en ese entonces, cultura e industria iban de la mano .

El quiosco de la luz, no obstante, es el único sobreviviente de las edificaciones que se construyeron en cinco meses en el Parque de la Independencia para la famosa Exposición del Centenario. El resto de las construcciones fueron demolidas en seis años, después de ser utilizadas para diferentes fines, porque rápidamente los gustos estéticos cambiaron y se volvieron obsoletas , explica Escovar. Aunque El quiosco de la luz no fue demolido porque fue una donación de Cementos Samper a la ciudad, tuvo, al igual que las otras edificaciones, varios usos: en 1914, por ejemplo, fue expendio de flores, plantas, ramos y lo relacionado con la floricultura; después, fue adaptado como biblioteca para niños en la celebración del cuarto centenario de la fundación de Bogotá; luego sirvió como salón de dibujo y como sede de administración del parque, de acuerdo con el Atlas histórico de Bogotá, 1538-1910 , escrito por Alberto Escovar, Margarita Mariño y César Peña, y editado por la Corporación La Candelaria y Planeta el año pasado.

De momento y hasta que se inicie la restauración, los capitalinos seguirán utilizando las paredes externas del famoso quiosco como receptáculo de juramentos, escritos, no obstante, casi siempre con errores en español e inglés: aunque peleemos, riamos, fracasemos nunca nos olvidaremos , prometieron Tania Paola y Frank, mientras que un anónimo J-K le propuso a Kathymarried me for life .

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