Dolor por la tragedia de dos héroes anónimos

Dolor por la tragedia de dos héroes anónimos

En los pueblos del litoral Pacífico aún recuerdan la avioneta del capitán Rafael Arenas y del médico Andrés Gómez García. El domingo los dos llegaron a salvar a un niño, pero la nave se estrelló al salir del modesto aeropuerto de Mosquera (Nariño).

21 de marzo 2006 , 12:00 a.m.

Por eso, la muerte del doctor y el pronóstico reservado que rodea la vida del piloto –ambos vinculados a la Patrulla Aérea Civil de Bogotá–, provocaban lágrimas entre los familiares de niños y algunos funcionarios de centros de salud, quienes a diario sufren porque no tienen teléfono ni medios para atender enfermos o heridos.

La avioneta Cessna era sinónimo de alivio. Julieth Salas, la madre del pequeño, la vio como una esperanza porque su hijo se agravó tras una operación. Pero ambos también murieron en el accidente.

El subdirector del Hospital Universitario del Valle (HUV), Laureano Quintero, quien calificó lo ocurrido como muy doloroso porque era una gestión humanitaria en una zona olvidada, dijo que “el capitán Arenas sufrió las quemaduras más graves que puede soportar un ser humano, pues están en el 95 por ciento de su cuerpo. Las posibilidades de sobrevivencia son limitadas, pero estamos haciendo todo lo necesario y posible”.

A las 9:00 de la mañana del domingo, desde Mosquera, se alertó al hospital en Cali sobre el niño enfermo. El doctor Quintero dijo que se acordó el traslado aéreo porque ante las complicaciones respiratorias, el niño no resistiría un viaje de varias horas en lancha a Tumaco y luego por carretera.

El pediatra Gómez, de 41 años, atendió al niño en Mosquera y dijo que era necesaria una pipa de oxígeno porque su vida corría peligro. Solo que en Mosquera escasamente se consiguen calmantes. Por eso, la avioneta iría a Guapi por ese elemento y seguiría al HUV en Cali, que se alistaba para recibir al niño.

A las 2:30 de la tarde la avioneta empezó su despegue con el piloto, el médico, el niño y su mamá Julieth Salas. La nave avanzó por los 800 metros de una pista sin asfalto, pero no alcanzó a tomar suficiente vuelo: se estrelló contra una casa deshabitada y quedó envuelta en llamas.

El comandante de la Fuerza Naval del Pacífico, almirante Jorge Peña, dijo que al rescate llegó personal del Batallón de Infantería de Marina Número 70, localizado en inmediaciones del terminal aéreo.

El médico Gómez murió calcinado mientras que el piloto Arenas fue rescatado vivo, pero con quemaduras en la mayor parte del cuerpo.

Funcionarios del Gobierno, que estaban en la zona, intervinieron y desde Tumaco llegó un helicóptero militar.

El cadáver del médico fue llevado al hospital San Francisco de Asís de Guapi. Y el vuelo siguió hasta la Base Aérea Marco Fidel Suárez en Cali, desde donde el capitán Arenas fue remitido a las 9:00 de la noche del domingo al Hospital Universitario.

La esposa del piloto, Pilar Bermúdez, y sus tres hijos llegaron desde Bogotá. El piloto fue sometido a una cirugía inmediata para limpiar y curar sus lesiones. Su cuadro es complicado por quemaduras en vías respiratorias.

Ayer permanecía con sedantes.

Arenas es un abogado que saca de su tiempo en tierra, para la solidaridad en el aire. El capitán Camilo Arjona compartió con los dos miembros de la Patrulla Aérea brigadas en La Guajira, Llanos Orientales, Nariño, Cauca y Chocó.

Anoche, en el Pacífico y otros rincones colombianos, anunciaban oraciones por el doctor Gómez y el piloto Arenas, porque no podrán olvidar que en una avioneta les traían la lejana salud.

EL MÉDICO QUE VENÍA DE LOS CIELOS Cuando comenzaba el pasado puente festivo, Andrés Gómez García salió de viaje a una misión médica en el Pacífico. Así lo hacía también rumbo a sitios apartados del Atlántico y el centro de Colombia.

Tras vivir 18 años fuera del país, el pediatra Gómez vino de visita en abril del 2002, y se enamoró de la tarea de la Patrulla Aérea Civil de Bogotá.

Su primo Juan Pablo Gaviria lo invitó a viajar y él lo asumió a pecho.

Lideró alianzas con el Minuto de Dios, la Organización Panamericana de la Salud y la ONU. También convenios con las clínicas Barraquer, Palermo y San Rafael para dar atención especializada a pacientes seleccionados en las brigadas.

“Los que somos de una minoría privilegiada debemos ayudar a que la mayoría no pierda la esperanza de vivir mejor. Lo que se necesita es actitud”, decía.

Gómez contaba que un pescador veterano, al ver por primera vez a su esposa de 45 años, operada de labio leporino, le dijo: “Esto es lo mejor que le ha pasado a Aracataca en sus 100 años de soledad”

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