MINA El ‘Pinchao’ ha vuelto

MINA El ‘Pinchao’ ha vuelto

(EDICION BOGOTA) A José James Mina Camacho se le notan más los 16 años de fútbolista profesional que los 16 últimos de su vida en los que, lejos del balón, la fortuna le tiró la puerta por la cara. Debajo del ojo derecho tiene una cicatriz que le provocó un choque con el fallecido Jaime Morón, delantero de Millonarios, en un clásico de los años 70, cuando ya era figura de Santa Fe.

19 de marzo 2006 , 12:00 a.m.

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“Fue un mano a mano. Salí del arco por la pelota y chocamos. Me pisó en la cara y...”, recuerda el ex arquero nacido en Padilla (Cauca) hace 51 años, mientras muestra la secuencia de la jugada en un recorte amarillento de la revista Cronómetro que guarda en un viejo álbum.

No es su única herida de guerra. Estira los dedos de su mano izquierda y dobla el meñique para acá y para allá. Parece de caucho: tiene la falange destruida. “Salté a atrapar la pelota. Tapaba sin guantes y no sé quién me cabeceó el dedo. Por las ganas de jugar nunca dije nada. Esta lesión fue con Santa Fe, como todas las que tuve, porque a los otros equipos ya fui reventado”.

James –nunca ‘yeims’– está en la sala de la pequeña casa donde vive, en el barrio Isla del Sol, al sur de Bogotá. Tiene zapatos color marrón, pantalón blanco bien planchado y una camisa con arabescos verdes, dorados, rojos...

Es la pinta de un cantante de salsa de los 70. Sigue siendo ‘Pinchao’, como lo bautizó el narrador Pastor Londoño.

Está delgado, tal vez con los mismos kilos que tuvo cuando se paraba en el arco. En su bien motilada cabellera crespa se ven algunas canas. Tiene un bigote pulido y su piel negra se ve firme. Hasta se podría decir que parece de 35...

‘Muerte’ y ‘resurrección’ Habla fuerte. Se ve alegre. Cuenta que el 2006 empezó muy bien porque volvió a su Santa Fe, después de 16 años (de 1989 al 2005) en los que ha sido tramitador de tránsito, vendedor de camisetas, propietario de una discoteca e, incluso, pescador, en Padilla. Un largo tiempo en el que ha visto crecer a su familia (seis hijos y cuatro nietos) y perder dinero, una casa y un carro.

“Una vez oí por radio que estaba muerto. Dijeron que me habían matado en Venezuela. Me acuerdo que iba para la casa, en Padilla. Me subí al bus y todo el mundo me miraba como si fuera un espanto. En el bus estaban unas maestras que me miraron de arriba a abajo y dijeron: ‘¡Este resucitó!’ ”, cuenta.

Lo cierto es que hoy ‘resucitó’ para el fútbol gracias a la búsqueda que hizo el periodista Daniel Samper Ospina, a quien de niño Mina Camacho sacaba a la cancha antes de los partidos en El Campín. Samper quiso traerlo de vuelta al equipo y logró convencer al presidente del club, Eduardo Méndez.

“Empecé este año como entrenador de arqueros de las inferiores. Cuando Ricardo Gareca llegó, hace dos semanas, me dijo que entrenara a los del equipo profesional”, dice, y de inmediato agrega que no esperaba nada del técnico argentino, pero sí de su antecesor, Germán ‘Basílico’ González.

“Fuimos compañeros muchos años, campeones en el 75 y subcampeones en el 79.

Pensé que me iba a llamar”.

Penurias de un ídolo Entre 1973 y 1989, Mina Camacho jugó en Santa Fe, Caldas, Quindío, Cúcuta y la Selección Colombia. A punto de cumplir 37 años, estaba sin equipo y su mamá se enfermó. Se retiró. Ahí empezaron sus desventuras.

“Ella era diabética, tuvieron que amputarle una pierna... Sin embargo, no mejoró, la llenaron de sondas y murió. En esa época yo había montado una discoteca en Padilla. Se llamaba ‘Grill Discoteca Mina Camacho’. El negocio se movía, pero la plata no se veía, porque me tocaba estar mande que mande para el hospital, para una y otra cosa, trasnoche que trasnoche… Me tocó venderla”, recuerda.

Regresó a Bogotá y trabajó en un almacén de camisetas, en el centro. “Me pagaban poquito y la gente me daba propinas”, relata. En ese momento –finales de los años 80– Mina ya había perdido la casa que le dio Santa Fe.

“Guillermo Cortés (la ‘Chiva’), que era el presidente, me dio 520.000 pesos para la cuota inicial. Quedaba en el barrio Madelena y costó un millón doscientos mil pesos”, afirma.

Pero su primera esposa se fue para Armenia –por celos– y arrendó la casa.

Los inqulinos no pagaron durante nueve meses y desaparecieron: Mina tuvo que venderla en un millón ochocientos mil pesos.

Se refugió en el licor. No lo niega: “Tomaba mucho y estaba mal. Cuando jugaba en Santa Fe también me tomaba mis tragos, pero era el más cumplido.

Recuerdo que a veces me iba a una taberna de la carrera Séptima. Subía a la tarima a cantar ‘Llorarás’ (de Oscar De León) y ‘Sal y Agua’ (de Aníbal Velásquez)”.

Mina fue tramitador de tránsito en Paloquemao. “Fuedurante cinco o seis meses. Los hinchas me conocían y me daban 20 ó 30 mil pesos por trámite, pero como tenía que pagar adelantado para hacer rápido la vuelta, otros tramitadores me robaban”, dice. Lo que sí niega es que haya vendido pescado en la Plaza de Paloquemao. “¡No..! Iba era a comprarlo”, advierte.

El regreso al fútbol Con una mano atrás y otra adelante decidió volver al fútbol en el 2000. En Tunja montó una escuela de formación. “Los primeros días aparecieron unos 200 niños, pero cuando vieron que era pagando, quedaron unos 40”, cuenta.

A finales de ese año un amigo le dijo que había una posibilidad de trabajo en Tuluá, a donde se marchó sin dudarlo. “El Cortuluá no tenía entrenador de arqueros y me dijeron que me iban a probar: ¡Imagínese, yo con 16 años en el fútbol y haciendo pruebas…! Pero me quedé hasta el 2004”, dice.

Allí conoció al empresario Yordanelli Arbeláez, quien le consiguió trabajo como preparador de arqueros en el Deportivo Quevedo, de la segunda división de Ecuador, hasta que le llegó la oferta de Santa Fe. “Creo que este es el año del equipo y el mío”, asegura antes de confesar que un compositor colombiano, Oswaldo Franco, le hizo un tango titulado ‘Homenaje a Mina Camacho’. Nunca se grabó. Pero él canta el coro emocionado: “Mina, todos te recuerdan por tu porte alegre y espectacular. Mina Camacho, arquero de arqueros y todo un señor. ¡Tan-tan!”.

Recuerdos en primera persona “En los Juegos Nacionales de 1972 jugué con la selección del Cauca y recibí las primeras ofertas del fútbol profesional. Se me acercó un señor costeño y me dijo que me fuera a probar al Junior: ¡era Fuad Char! También me ofreció probarme en Millonarios un señor alto y gordo: era Jaime Arroyave”.

“En 1973 llegué a Bogotá y empecé a jugar en Santa Fe. En Padilla (Cauca, su pueblo), un día me llegaron tres telegramas, con pasaje aéreo incluido. Eran del Cúcuta, de Millonarios y de Santa Fe. Decidí venir a probarme con los ‘rojos’”.

“Debuté en un clásico contra Millonarios y perdimos 2-0. Me hicieron los goles Willington Ortiz y Alejandro Brand, pero entré por la puerta grande porque tapé bien. ¡Incluso saqué un balón con la cabeza! Ese día los periodistas me preguntaron que si esa jugada la había preparado, porque al único que se la habían visto era a Amadeo Carrizo. Yo les dije que sí, pero mentira: rechacé con la cabeza por puros nervios”.

“Yo impuse en Colombia la moda de los uniformes de colores para los arqueros. En esa época se vestían de negro. Imagínese: yo negro y de uniforme negro... ¡Solo me faltaba el tenedor (el diablo)! Tuve como 180 buzos de arquero, pero todos los regalé y hoy no me queda ninguno”.

“Muchas veces me premiaron con relojes y alcancé a ganarme unos 70 por salir figura de los partidos. Unos los regalé y otros se me perdieron en los trasteos”.

“En 1987, con Janio Cabezas (ex futbolista), dirigimos por ocho partidos al Caldas, pero fue muy difícil. Un periodista que era muy influyente en esa ciudad, Javier Giraldo Neira, nos quería hacer las alineaciones”.

“En un clásico, Millonarios me hizo cuatro goles: esa fue la mayor cantidad que recibí en un partido con Santa Fe. Y la vez que más me hicieron fue con Caldas: ¡6-2 contra Junior, en Barranquilla! Pero la prensa dijo que si no era por mí, el Junior mete 12 goles”.

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