Último adiós a Milosevic en Pozarevac, su pueblo natal

Último adiós a Milosevic en Pozarevac, su pueblo natal

(EDICIÓN NACIONAL) El cadáver de Slobodan Milosevic llegó ayer a su pueblo natal para ser enterrado, después de una ceremonia de despedida en Belgrado a la que asistieron más de 50.000 admiradores en una fuerte demostración de nacionalismo en la república balcánica.

19 de marzo 2006 , 12:00 a.m.

El ataúd del ex líder serbio, que falleció hace una semana mientras era enjuiciado por un tribunal de la ONU por algunas de las peores atrocidades cometidas en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, era exhibido frente a la municipalidad de esta ciudad industrial, antes de ser enterrado en el jardín de una finca de su familia.

Los admiradores se reunieron frente a la municipalidad y en las puertas de la hacienda familiar. Milosevic será enterrado debajo de un árbol donde besó por primera vez a su esposa, Mirjana Markovic, en una fosa doble que tiene espacio para su viuda. Al parecer, Markovic ha manifestado que quiere que la entierren con él cuando muera.

Las medidas de seguridad eran abundantes en Pozarevac, a unos 50 kilómetros al sur de Belgrado: la policía se encontraba en estado de alerta elevada y había numerosas ambulancias estacionadas en la población. En la entrada de la finca había una cortina de rosas rojas, el símbolo del Partido Socialista de Milosevic.

Los socialistas, que organizaron el funeral, dijeron que no habrá miembros de la familia en el entierro.

Sin la esposa Markovic, que se encuentra exiliada en Rusia, enfrenta en Serbia acusaciones de abuso del poder durante el gobierno de 13 años de Milosevic.

Su hija, Marija, que permanece enemistada con Markovic, declaró al diario montenegrino Dan que demandará la exhumación del cadáver de su padre para un “entierro apropiado” en Montenegro, donde vive.

Más temprano, más de 50.000 admiradores de Milosevic –muchos de ellos traídos por los socialistas desde Bosnia, Croacia y Kosovo, donde el ex mandatario comenzó las guerras que provocaron la sangrienta división de Yugoslavia en los años 90– colmaron una plaza frente al parlamento en Belgrado.

“Slobo es un héroe y los héroes nunca mueren”, decía un cartel.

Los organizadores dijeron que unas 70.000 personas habían visto el ataúd de Milosevic en dos días de exhibición pública en el Museo de la Revolución de Belgrado.

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