Tragedia de una familia

Tragedia de una familia

(EDICION BOGOTA) El periodista colombiano Luis Cañón es de esos que les gusta ver el país de frente. Sin esguinces. Por eso su carrera de reportero se desarrolló en territorios candentes, como el Medellín de Pablo Escobar. Material que luego le sirvió para escribir El patrón, una de las biografías más completas del ex jefe del cartel de Medellín.

18 de marzo 2006 , 12:00 a.m.

Fue jefe de redacción de El Espectador y obtuvo el premio CPB por su columna ‘Exorcismo’, que mantuvo durante casi una década. En los últimos años su vocación de narrador se ha decantado mucho más hacia la literatura, aunque siempre ligada a la realidad colombiana.

Ahora acaba de publicar su segunda novela, Nos llamábamos como Dios, en la que describe el triunfo y la decadencia de una familia de industriales colombianos.

“La novela trata de reflejar las distintas Colombias”, dice Cañón. Y tiene razón, pues alrededor de los poderosos Urueña, dueños de una fábrica de galletas, se mueven familias humildes, como la de su chofer, o la muchacha del servicio, o toda la clase media que representan los funcionarios de nivel medio. “En el libro está el país de los años cincuenta, el del ahorro y la primera violencia. Está la pros-peridad de finales de los sesenta y el desarrollo sin identidad que siguió. La crisis de la clase media y el sistema de ahorros que los devoró”, continúa el autor de Nos llamábamos como Dios.

Es inevitable reconocer, aunque con nombres distintos e inclusive intereses empresariales diferentes, momentos claves de la historia colombiana, como la incursión de la economía del narcotráfico, la crisis bancaria y la migración hacia Venezuela. Es evidente que Cañón quiere dar cuenta de la transformación del país y de la responsabilidad de la clase dirigente en este asunto. “El periodismo acerca mucho al poder. Permite conocerlo en su interior, sin que por eso te dé poder”.

Cañón se siente seguro con este segundo trabajo de ficción y por eso se toma muchas libertades en el campo narrativo. En primer lugar recurre a las cartas como elemento central de su texto y en segundo plano, utiliza dos o tres personajes que cuentan historias paralelas pero diferentes.

“Se han hecho muchas novelas del género epistolar y ese es un recurso narrativo muy bueno. En la novela detrás de cada carta hay una historia”, afirma Cañón, quien siente que con este relato consiguió exactamente lo que se proponía. “Está más lograda que la anterior. Estoy muy contento con ella”, dice para reafirmarse.

Sobre los diferentes planos narrativos señala que el reto era mantener la unidad, no perder de vista la historia y que para el lector esos saltos no fueran desagradables o incomprensibles.

También se toma sus licencias sobre el tiempo. Uno puede pensar que es el resumen de cinco décadas, pero el tiempo real es solo un instante: el último heredero de los Urueña, en su oficina, solo con una pistola y enfrentado al desastre.

Con esta novela, Cañón, que actualmente labora en el diario Panorama, de Venezuela, confirma que su vocación es la literatura. “Siempre ha sido mi opción, desde que entré a trabajar al periodismo. En mis columnas lo intenté con más claridad y ahora quiero hacerlo todo el tiempo”.

Luis Cañón Moreno ‘Nos llamamos como Dios’ tiene cosas que he vivido y otras que he visto a lo largo de mi carrera como periodista”

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