Ganancias y matanzas

Ganancias y matanzas

No puede ser más visible el contraste. De un lado el país financiero saca pecho por sus billonarias ganancias. Más de cinco billones. De otro, y casi simultáneamente, nueve concejales son asesinados a sangre fría por las Farc en Rivera, Huila, motivo suficiente para parar a una nación entera. Pero miramos para otro lado. Habrá que repetirlo: los señores de las Farc son unos asesinos. Habrá que recordarlo: los señores de las autodefensas también. No creo que en sentido estricto, se pueda llamar con una palabra distinta a asesinato, los muertos de esta guerra irregular miserable y sucia. ¿Habrá alguna que no lo sea? No creo, además, que las clases acomodadas de las grandes ciudades o incluso las menos acomodadas, tengan derecho a alegrarse cuando el ejército da de baja a un solo guerrillero o a varios, y en cambio se desalienten o algo parecido si son paramilitares.

16 de marzo 2006 , 12:00 a.m.

Son todos lo mismo. Colombianos y colombianas metidos a la fuerza en esta guerra, a culatazos. ¿O es que alguien cree todavía que los combatientes de cualquiera de los lados escogieron voluntariamente irse al monte como proyecto de vida? ¿Como fruto de su libertad plenaria? Tal vez hace cuarenta años. Tal vez cuando se creía honradamente, que había algunas ideas que era necesario defender para luchar por una sociedad mejor.

Tal vez entonces muchos optaron por esas ideas, y porque en ellas, al mismo tiempo, existía una buena razón para vivir. Y para morir. Y muchos también, siguieron defendiendo esas ideas sin la necesidad de las armas. Como debe ser. Pero no ahora. Ahora esas ideas las desplazó el odio o la venganza, la cocaína o la ambición de unos cuantos. Esas ideas, en esencia válida y vigente, se han convertido en abyección y oprobio.

A pesar de todo, desde esta columna, he apoyado el proceso de desmovilización de los paramilitares que lidera el actual Gobierno. Con sus imperfecciones. Con sus incertidumbres. Con sus colados. Y apoyaría uno con la guerrilla. No creo que haya otro camino. Ese, es otro sapo que no queda más remedio que tragarse. Aunque no de cualquier manera, por supuesto. De lo contrario el círculo perverso de la guerra es menos que indestructible. La solución política al conflicto siempre debe estar en el horizonte de cualquier confrontación armada. E incluso antes de ella y en medio de ella.

Lápices por tiros. Palabras por morteros. Acciones por minas. Empresas y micro empresas por material bélico. Y en ese empeño, cómo ayudaría que las exorbitantes ganancias del sistema financiero, no fueran fundamentalmente fruto de la especulación con el dinero, sino que hubiera más apuestas deliberadas hacia una banca más social, que a lo mejor gane menos dinero pero cree más riqueza.

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