Israel y Palestina: de mal en peor

Israel y Palestina: de mal en peor

Con el asalto protagonizado el martes por un centenar de soldados israelíes, apoyados por tanques y helicópteros, contra la cárcel de Jericó, en pleno territorio palestino, las relaciones entre Israel y la Autoridad Palestina han llegado a un punto crítico. El incidente es típico de las conductas que mantienen a Oriente Medio a punto de estallar. En el 2001, Ahmed Saadat, líder del Frente Popular para la Liberación de Palestina, un pequeño grupo militante antiisraelí, y otros cinco palestinos fueron acusados de asesinar al ministro de Turismo, de la derecha israelí, Rehavan Zeevi.

16 de marzo 2006 , 12:00 a.m.

Como parte de una negociación entre el entonces líder Yasser Arafat y los israelíes, los implicados fueron encarcelados, en el 2002, en la prisión de Jericó, en territorio palestino, bajo vigilancia de Estados Unidos y el Reino Unido. Allí permanecieron hasta el martes pasado, cuando los observadores de esos dos países, luego de múltiples quejas por la falta de seguridad en la cárcel, decidieron abandonarla. Poco después, las tropas israelíes la asaltaron y se llevaron a Saadat y los otros cinco para juzgarlos en Israel. Tres palestinos murieron y dos docenas fueron heridos.

La reacción fue virulenta. Grupos de militantes palestinos armados ocuparon instalaciones como el Consejo Británico. Once extranjeros fueron secuestrados, aunque todos fueron luego dejados en libertad. Manifestaciones y protestas callejeras están a la orden del día. Muchos extranjeros están abandonando la zona. La prensa árabe acusa, indignada, a los estadounidenses y británicos de “colusión” con la operación israelí. Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina, después de pedir calma, ha condenado lo sucedido como “un crimen imperdonable” y “un insulto al pueblo palestino”.

Este es el marco en el que el grupo radical Hammas, que ganó la mayoría parlamentaria en las recientes elecciones palestinas, está al borde de conformar nuevo gobierno. Israel va también a elecciones generales el próximo día 28 (se ha dicho que, en parte, semejante operación se explicaría por el deseo del actual primer ministro encargado, Ehud Olmert, de conquistar votantes indecisos). Si en ambos lados los que terminan fortaleciéndose son los partidarios de recurrir a acciones de violencia y actos unilaterales para hacer valer sus respectivos derechos, el futuro inmediato luce preocupante.

Ante la perspectiva de que Hamas sea el nuevo gobierno, Israel ha congelado los 55 millones de dólares mensuales que entrega a la Autoridad Palestina por concepto de derechos de aduana que recauda para ella. Estados Unidos y la Unión Europea, que consideran al grupo una organización terrorista, estudian cómo continuar con sus contribuciones, esenciales para el pago de 145 mil empleados públicos (la mitad son miembros de las fuerzas de seguridad palestinas). El gobierno palestino depende de esos aportes para funcionar. Aunque los gobiernos occidentales consideran la posibilidad de entregar el dinero directamente a Abbas y no a Hamas, este último no se muestra preocupado y ha acudido al resto del mundo árabe por ayuda. Irán y Siria dicen estar listos a poner lo que haga falta.

Si se consolidara un escenario en que los radicales del mundo islámico financiaran a un gobierno palestino radical y al frente de Israel se consolidara una administración simétricamente radical, las perspectivas para la paz en esta atribulada zona del mundo no serían nada alentadoras. Lo sucedido en la cárcel de Jericó es echar leña a un fuego ya encendido.

editorial@eltiempo.com.co

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