La gran ‘muralla’ china

La gran ‘muralla’ china

En el fascinante mundo de Internet existen ‘murallas’ o firewalls, sistemas que protegen a las redes del contagio de virus y del acceso de invasores a información valiosa. Lo paradójico es que también sirven para impedir que usuarios que están dentro de la muralla se comuniquen con otros de afuera. El gobierno de China está construyendo una ‘gran muralla’ informática para impedir el acceso de 110 millones de internautas a páginas web con contenidos contrarios a las políticas comunistas chinas, como la independencia del Tíbet o el recuerdo de la masacre de la plaza Tiananmen.

15 de marzo 2006 , 12:00 a.m.

Hasta ahí sería la actitud esperada de un gobierno autoritario contra el flujo libre de la información. Lo que ha hecho estallar una fuerte polémica mundial es que cuatro de las empresas estadounidenses más emblemáticas de la tecnología y la red –Microsoft, Cisco, Yahoo y Google– están colaborando con las autoridades chinas para mejorar la tecnología de censura, cerrar sitios web, impedir la consulta de páginas con palabras como ‘libertad’ y ‘derechos humanos’ y hasta entregar información privada de los usuarios.

Los resultados de semejante colaboración ya saltan a la vista: Yahoo ayudó a enviar a prisión por 10 años a Shi Tao y otros dos disidentes informáticos.

Microsoft también colaboró en la clausura de un blog político y en la censura de contenidos sobre la libertad de expresión. Cisco vende tecnología para endurecer los mecanismos de censura de la red, y Google abrió una versión censurada de su motor de búsqueda para los usuarios chinos. Por tales motivos, las cuatro compañías han sido atacadas por organizaciones de defensa de la libertad de expresión como Reporteros sin Fronteras y por millones de sitios web de todo el mundo. Esta colaboración ha sido comparada con la venta de equipos de procesamiento de datos que hizo la IBM al régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

Nada fácil es el dilema para estas empresas: o respetan el ideal de Internet como una herramienta de libertad bajo los códigos occidentales, o ganan millones en el inmenso y virgen mercado chino, a costa de darle una mano al régimen para acallar, perseguir y controlar la disidencia. Las compañías optaron por la entrada a los millones de usuarios chinos, en una decisión trascendental para el futuro de las relaciones entre Internet y la censura.

Los ejecutivos de las cuatro compañías se defienden diciendo que los usuarios chinos estarán mejor con ellos que sin ellos, y sus opositores destacan la transacción del principio de libertad de expresión a cambio de acceso al mercado. En apoyo del primer argumento podría decirse que, a pesar del bien aceitado sistema de censura informática del régimen, un estudio de la Universidad de Harvard muestra que los 30 mil censores del gobierno chino no alcanzan a bloquear todos los sitios web ni la información que envían al mundo más de 30 millones de bloggers. Además, los usuarios chinos de Internet son lo más cercano a un movimiento social independiente dentro del régimen de ese país. Aunque no todos contengan posiciones políticas, blogs sobre farándula y cultura se han convertido en una fuente alternativa de información y en el inicio de una incipiente ‘opinión pública’.

Pero el que un gobierno como el de Beijing empiece a usar a las empresas de Internet y alta tecnología para hacer su trabajo sucio de reprimir la disidencia política sienta un pésimo precedente para otros países con ganas de limitar el acceso a la red, como Irán, Arabia Saudita y Uzbekistán. Y, al mismo tiempo, no habla muy bien de aquellas empresas que se prestan a hacer ese trabajo mientras mantienen dentro de Estados Unidos una posición totalmente opuesta, al resistirse a las presiones del Departamento de Justicia para que le entreguen información de sus usuarios. Esta última es una postura correcta, ya que, tras el pretexto que esgrime aquel Departamento (la necesidad de controlar la amenaza para los niños que significa la pornografía en la red), puede estar el propósito de espiar los hábitos cibernéticos de millones de usuarios.

Es fácil ver que los intentos de controlar Internet no provienen única y exclusivamente de gobiernos como el de China. Por ello, la fortaleza de la red como instrumento de transformación social y espacio de libre expresión tiene que ser preservada y protegida no solo de la censura de los regímenes autoritarios, sino también de las legislaciones restrictivas de las democracias y de la avidez de ganancias de las empresas privadas

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